ÉPALE 234 PERFIL CLARA ZETKIN

AL CONTRARIO DE LA NORMA, ESTA MUJER ALEMANA, NACIDA A MEDIADOS DEL SIGLO XIX, FUE DESDE LAS POSTURAS REFORMISTAS A LAS MÁS REVOLUCIONARIAS, Y TERMINÓ SU VIDA COMO UNA COMUNISTA CONVENCIDA. PIONERA DE LAS LUCHAS DE LAS MUJERES TRABAJADORAS, EL ESPAÑOL ANDRÉS NIN LA CALIFICÓ DE “MAGNÍFICO EJEMPLAR DE CAUDILLO REVOLUCIONARIO”. HOY, LENGUAJE NO SEXISTA MEDIANTE, PODEMOS LLAMARLA EN FEMENINO
POR CLODOVALDO HERNÁNDEZ • CLODOHER@YAHOO.COM / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Aseguran los que han estudiado la historia de las grandes luchas populares del siglo XX que Clara Zetkin debería aparecer en la lista de los líderes fundamentales. Pero, dado que el patriarcalismo es hegemónico de verdad-verdad, en muchas versiones sigue figurando como una celebridad menor.
Clara Zetkin (cuyo apellido de soltera era Eissner, un pequeño detalle patriarcal) fue socialista, feminista, sindicalista y antibelicista en una época en la que las mujeres tenían que darse por satisfechas con ser consideradas personas.
Nació el 5 de julio de 1857 en Alemania y estudió para ser educadora, pero rápidamente pasó a formar parte del movimiento obrero feminista y del Partido Socialista de los Trabajadores, que luego cambiaría su nombre al de Partido Socialdemócrata Alemán. Por su militancia en esa organización se vio obligada a exiliarse en 1878, en Zurich, Suiza, y posteriormente en París, donde entró en contacto con importantes líderes del movimiento obrero y feminista. De allí que su nombre aparezca entre los promotores de la Segunda Internacional, una alianza de partidos de diverso signo que tuvo entre sus logros la instauración del 1º de mayo como Día Internacional del Trabajador y del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Zetkin fue la principal promotora de esta última fecha, a la que ella llamó “un primero de mayo femenino” y que se planteó como homenaje a las 129 mujeres trabajadoras que fallecieron quemadas en una fábrica de Nueva York mientras estaban en huelga.
Dentro de la Segunda Internacional Zetkin asumió posiciones radicales que generaron la resistencia de dirigentes y sectores más conservadores. Por ejemplo: ella era partidaria de que los partidos socialdemócrata, socialista y laborista integraran profundamente a las obreras en sus organizaciones, mientras otras líderes femeninas se conformaban con la idea de que a las mujeres se les otorgara el derecho al voto, incluso con algunas restricciones.
Asumió plenamente las luchas feministas, por lo que al volver a Alemania se convirtió en la directora del periódico Die gleichheit (La Igualdad), dedicado íntegramente a los derechos de la mujer. Desempeñó labores editoriales durante 25 años, a partir de 1891, y logró convertir a La Igualdad en el medio feminista de mayor tiraje en cualquier tiempo, pues llegó a imprimir hasta 140.000 ejemplares.
La tribuna del periódico la proyectó como líder feminista de primer orden, razón por la cual fue designada en 1907 jefa de una organización denominada Oficina de la Mujer. Asistió como representante alemana a la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, que se celebró en Stuttgart, en la que tuvo su origen la Internacional Socialista de Mujeres. Ella fue elegida como secretaria de ese organismo.
En los años previos a la Primera Guerra Mundial Zetkin encontró otro motivo para sus luchas: oponerse al conflicto que se veía venir y que sería la expresión de las contradicciones fundamentales del capitalismo, un escenario en el que las masas serían sacrificadas en pro de los intereses imperiales. Planteó que de estallar la guerra, los trabajadores deberían responder con la huelga general o, directamente, con la revolución.
NI SIQUIERA DENTRO DEL KOMINTERN LOGRÓ TODO EL APOYO QUE SE NECESITABA PARA HACER DE LA IGUALDAD FEMENINA UNA BANDERA REVOLUCIONARIA. A PESAR DE CONTAR CON EL APOYO DE LENIN, EL YUGO PATRIARCAL NO LE PERMITIÓ MUCHAS LIBERTADES
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Llegó el momento tan avizorado, en 1914, y Zetkin fue una de las voces cantantes en contra de las medidas antipopulares que el gobierno alemán, y los otros de Europa, adoptaron con el argumento de la amenaza exterior. Organizó una conferencia internacional de mujeres socialistas contra la guerra, en 1915, en un ambiente político muy complicado, pues la conflagración había roto la unidad de todas las organizaciones donde participaban representantes de los países en conflicto. Esas contradicciones afloraron incluso dentro del Partido Socialdemócrata Alemán, que terminó apoyando al Gobierno en la guerra. Zetkin se separó. Primero formó parte del grupo disidente llamado Liga Espartaquista (junto a otra gigante, Rosa Luxemburgo) y, luego, del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania.
Políticamente hablando, con el paso de los años, Zetkin se tornó más radical —al contrario de lo que ocurre con muchos otros revolucionarios—, de manera que derivó hacia el comunismo, animada por el triunfo de la Revolución rusa. En 1919 se integró al recién fundado Partido Comunista de Alemania (KPD) y fue electa al Parlamento (Reichstag) entre los años 1920 y 1933, al tiempo que ascendió como la espuma, tanto en la estructura interna del KPD como en la Internacional Comunista (Komintern). En 1933, por ser la integrante de mayor edad, fue presidenta del Reichstag y desde ese cargo lanzó un alerta contra el ascenso del nazismo. Poco después Hitler quemaba el Parlamento e ilegalizaba al Partido Comunista. Tuvo que partir de nuevo al exilio, esta vez a la Unión Soviética, donde falleció poco después, días antes de cumplir 76 años.
El luchador social español Andrés Nin, dijo sobre Zetkin: “Era un magnífico ejemplar de caudillo revolucionario; pero de caudillo auténtico, no de esos que se fabrican en el laboratorio de la burocracia estalinista y atraviesan como una cometa el cielo del movimiento obrero (…) El caudillaje de Clara Zetkin estaba cimentado por más de medio siglo de actividad militante, por el prestigio de una vida entera de abnegación y sacrificios consagrados a la causa proletaria”.
Hoy, cuando el lenguaje también procura hacerse igualitario, Nin podría haber dicho que Clara era una magnífica caudilla revolucionaria.
Nin fue uno de los grandes admiradores de la líder alemana. Sus palabras ayudan a conocerla mejor: “Los discursos de Clara electrizan a la multitud. En su oratoria, por decirlo así, una oratoria pirotécnica, unos fuegos artificiales de imágenes brillantes y vigorosas, que deslumbran y enardecen. Los que hemos visto a Clara Zetkin en la tribuna, en el ocaso de su vida, nos imaginamos fácilmente lo que debía de ser en su juventud. ¡Qué entusiasmo, qué energía, qué pasión animaba a aquella mujer septuagenaria! ¡Cómo se transformaba, iluminada por el fuego interior que ardía en aquel cuerpo minado por los años y la enfermedad!”.
Esa capacidad oratoria compensó la escasa producción escrita de Zetkin. Los biógrafos echan de menos este aspecto, pues creen que, dada la profundidad de las ideas que planteaba en sus exposiciones orales, habría podido dejar una obra muy importante sobre el rol específico de la mujer en el contexto de las luchas contra el imperialismo. Ella hablaba con frecuencia del “doble yugo” al que estaba sometida la mitad femenina de la población: el capitalismo y el patriarcado.
Ni siquiera dentro del Komintern logró todo el apoyo que se necesitaba para hacer de la igualdad femenina una bandera revolucionaria. A pesar de contar con el apoyo de Lenin (de quien fue gran amiga), el yugo patriarcal no le permitió muchas libertades. Para convencer a los comunistas varones, y aún a muchas mujeres patriarcales, trató siempre de explicar que su idea no implicaba una separación de las luchas. “No hay más que un solo movimiento. Los fines de los hombres comunistas son nuestros fines, nuestras tareas”, expresó en uno de sus explosivos discursos. En otra ocasión dijo: “Tan pronto se alcance una sociedad socialista, con la desaparición del sistema actual dominado por la propiedad privada, desaparecerán las oposiciones sociales entre los poseedores y los que no tienen nada, entre hombres y mujeres, entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. La abolición de tales oposiciones, sean las que sean, no pueden llegar más que a partir de la lucha de clases misma. Si las mujeres proletarias quieren ser libres es preciso que unan sus fuerzas a las del movimiento obrero”.
Y, para redundar en el punto, valga esta otra cita: “La lucha de emancipación de la mujer proletaria no puede ser una lucha similar a la que desarrolla la mujer burguesa contra el hombre de su clase; por el contrario, la suya es una lucha que va unida a la del hombre de su clase contra la clase de los capitalistas (…) El objetivo final de su lucha no es la libre concurrencia con el hombre, sino la conquista del poder político por parte del proletariado. La mujer proletaria combate codo a codo con el hombre de su clase contra la sociedad capitalista”.
Todavía faltaba mucho para que se tomara conciencia de la justicia de las luchas femeninas, incluso entre los revolucionarios. Y si se hace una encuesta por ahí, se comprobará que aún hoy las palabras de Clara Zetkin no han sido cabalmente comprendidas.