domingo, 17 de mayo de 2015

Ancestros del chipo no eran “chupasangre” (IVIC)

Cuando aparecieron en la Tierra hace aproximadamente 200 millones de años atrás, los antepasados de los chipos no se alimentaban de la sangre de sus víctimas como sucede en la actualidad. Al contrario: cazaban a sus presas -insectos iguales a ellos-, las atrapaban con sus patas delanteras y se las comían, succionando los líquidos de su interior.

El salto evolutivo de la entomofagia a la hematofagia fue posible gracias a un conjunto de transformaciones morfológicas, fisiológicas y conductuales heredadas y modificadas por los ancestros depredadores no “chupasangre” de los triatominos modernos, descendientes directos de miembros del orden Hemiptera, suborden Heteroptera y familia Reduviidae.

Un compendio bastante exhaustivo y analítico de los resultados obtenidos por diversos expertos del mundo sobre la filogenia de estos artrópodos y de cómo adquirieron el hábito de succionar fluidos corporales, fue publicado recientemente por el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic) y la Universidad de Los Andes (ULA) de Mérida en la Revista Chilena de Historia Natural, de acceso abierto en internet.

Visto así, los chipos sufrieron constantes aptaciones hasta convertirse en lo que son: maestros de la extracción de sangre. Alteraron el aparato bucal de sus parientes lejanos redúvidos, haciéndolo más largo, recto y capaz de perforar en busca de vasos sanguíneos. Para esquivar las reacciones defensivas de sus víctimas, desarrollaron una saliva menos venenosa (con bajas concentraciones de proteasas), reduciendo el dolor de la picadura.

La alta carga proteica de la sangre consumida fue otro desafío para los chipos. Para asimilarla, conservaron algunas características digestivas de sus ancestros depredadores redúvidos, de quienes heredaron una mezcla especial de proteínas para la descomposición de las células sanguíneas (lisis). Incluso las patas delanteras experimentaron transformaciones con respecto a las de sus predecesores, las cuales eran usualmente largas y provistas de órganos adhesivos a la tibia (foseta esponjosa). En los chipos, estos últimos se han diversificado, y en algunos casos, desaparecido.

Las 144 especies de chipos descritas en la literatura tienen la potencialidad de transferir el parásito Trypanosoma cruzi al torrente sanguíneo del ser humano, mediante la colocación de sus desechos fecales sobre la piel. De acuerdo con la investigación del Ivic y la ULA, en América se concentran casi todas las especies, África carece de focos endémicos, Asia posee unas pocas y en Europa no hay rastros.

Se adjunta nota de prensa con mayor información y varias fotografías debidamente identificadas.


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