El hombre camina tranquilo y se detiene en la entrada del campo con el balón en su mano izquierda. Ese mismo personaje al que culpan de todo a pesar de los 14 ó 16 kilómetros que debe correr durante 90 minutos para que se cumplan las 17 reglas del fútbol.
Segundos más tarde ingresa al rectángulo de juego, coloca el esférico en el centro y se dispone a efectuar el sorteo de costumbre. La moneda va al aire y las tribunas no ceden, aplauden o abuchean como si con una vista de águila apreciaran con claridad el momento en que la “cruz” o el “sello” toman la decisión del saque inicial.
Un silencio absoluto debe correr por la mente del tipo que lleva la tarjeta roja y amarilla, junto a un silbato que despierta el odio y los reclamos. Dos o tres trotes rápidos para verificar la condición física, y comienza el objetivo: “lidiar” con la adrenalina de 22 atletas y una afición que en ocasiones lo ha obligado a abandonar el estadio con un disfraz improvisado.
El ingeniero agrónomo, Jorge Manzur, nacido en Chile y con pasaporte venezolano, contó a PANORAMA sus experiencias, a 9 años de su retiro formal como colegiado arbitral de la Fifa. Con 54 años, 35 de ellos viviendo en Maracaibo, no olvida el más mínimo acontecimiento.
— ¿Cómo se prepara el árbitro para afrontar un partido?
— El día miércoles es cuando se conoce el nombramiento para los partidos del fin de semana. Uno desde el mismo lunes se comienza a preparar físicamente como cualquier futbolista, hasta el jueves. El viernes se descansa.
Cuando ya conocía el juego que debía dirigir comenzaba a analizar los equipos. Si me tocaba un Caracas-Táchira tenía que prepararme el doble porque es el más fuerte, hay mayor responsabilidad. Se analiza jugador por jugador para llegar al encuentro y saber cuál es el que crea problemas dentro del terreno, al que le gusta reclamar, todo eso uno lo va conociendo con la experiencia de cada partido. No es lo mismo un Portuguesa-Carabobo, que un Caracas-Táchira, Táchira-Mineros o Caracas-Mineros. Todo depende de cómo están los equipos en ese momento.
— ¿Le aportan la información de los jugadores?
— No, para nada. Uno va avanzando y se va conociendo a todos los jugadores. A nivel nacional yo me sentí mucho más realizado que en el exterior. Internacionalmente no destaqué porque un árbitro chileno nacionalizado en Venezuela no recibía oportunidades. Pero en este país hice todo lo que yo quería. Pité desde campeonatos juveniles hasta finales.
— ¿Desgasta físicamente ser árbitro?
— Sí, mucho. Se corren por partido desde 14 a 16 kilómetros. Científicamente está comprobado. Hay que tener una alimentación balanceada, una rutina de ejercicios, tener la mente libre, no estar con problemas familiares porque así no funcionas dentro del campo. No vas a ser el mismo árbitro.
— ¿Cómo decide una persona ser árbitro de fútbol?
— En mi caso nunca lo había pensado, yo había jugado fútbol aquí en Maracaibo y una vez mi seleccionador me dijo que me metiera a árbitro y comencé la carrera. Me empezó a gustar y un instructor (de árbitros) argentino que trajo Venezuela en ese tiempo vio mi trabajo y me dijo: ¡No! Tú no vas a pitar en segunda (división), me pasó directamente a primera y ahí comenzó mi labor profesional hasta el 2006 cuando me retiré.
— ¿Qué dice el árbitro cuando llega al estadio?
— Todo depende de la personalidad del árbitro. Cuando yo llegaba a un estadio siempre saludaba y trataba con mucho respeto a los delegados y de allí directo al vestuario a prepararme.
— ¿Le comentan algo los jugadores antes de iniciar el juego?
— Siempre te saludan, pero nunca me dijeron algo como: ¡Mira tengo que ganar hoy! Nada de eso. Nos veíamos las caras pero más nada.
— ¿Cómo se vive el momento de decretar un penal?
— Son decisiones de segundos, tú estás pensando una jugada y tomas la decisión de una vez, sí o no. Todo es percepción del árbitro, ahí no tiene que ver el público ni nada, que claro, siempre te reclama, pero son decisiones que la Fifa nunca critica porque son de segundos. No es como otro tipo de jugadas que te da más tiempo para analizarlas.
— ¿Y las expulsiones?
— Igual, en segundos. Tomaste la decisión de expulsarlo, toma la roja y te me vas. Todo depende de la infracción, cómo cometió esa falta.
— ¿Qué hace el árbitro cuando los jugadores afectados van al reclamo?
— Algunas veces yo tomaba la decisión de amonestarlos inmediatamente cuando venían a encimarme. Cuando se sacaba la tarjeta los otros se calmaban. Había jugadores que te rodeaban pero uno les decía: ¡Ve para atrás! ¡Vente para acá, toma la amarilla! Y a abandonar el área que se va a ejecutar el penal. Todo influye en la personalidad del árbitro.
A veces los jugadores no entienden que fue penalti. En esos momentos al futbolista hay que entenderlo psicológicamente. Están alterados, fuera de su órbita de pensamiento, entonces me dicen: ¡No, eso no es penalti! Pero ellos no están en la decisión de uno. Y otra cosa, hay muchos jugadores a nivel mundial que no conocen las reglas del juego, hemos tratado desde hace años que las conozcan y se integren, para que puedan interpretar el momento a su modo, pero conociendo las normas. Igualmente los directores técnicos y delegados.
— ¿Lo insultó algún jugador?
— Claro. Y al minuto estaban expulsados. Pero no era constantemente, de 1.500 jugadores llegaba uno que te quiso insultar. Ellos saben que no les conviene.
— ¿Qué insulto para usted ameritaba expulsión?
— Si me sacaba la madre: tomá, te me váis. Cuando un jugador como Mea Vitali (Miguel), que es un señor dentro del campo, iba al reclamo y va subido de tono uno tiene que saber interpretarlo, porque él no es constante. Otro ejemplo: Stalin Rivas, en su época, era un jugador constantemente expulsado porque insultaba a los árbitros de una manera agresiva. No era así con todos. Luego fue cambiando y era más tranquilo.
— ¿Se encaró o lo empujó un futbolista?
— Fue muy rara la vez que me sucedió. El árbitro en ese tipo de acciones tiene que retroceder, esperar la llegada de sus asistentes y ahí entonces tomar la decisión de amonestar o expulsar. Todo depende de la agresión. En mi caso cuando me venían yo me quedaba parado, si venían corriendo yo me echaba hacia un lado y: ¿Qué pasa?… ¡Cálmese o se va! Así de sencillo. Ellos después reaccionaban, te pedían perdón, buscando que el informe no sea tan fuerte, pero yo no me casaba con nadie.
— ¿Sentía miedo?
— No, nunca. Yo siempre fui un árbitro con mucha personalidad, si no la tienes, no sacas un buen partido. Si acertaste o no acertaste igual.
En esa época había técnicos fuertes como Rafa Cantana, Carlos Horacio Moreno, Ríchard Páez, Nerio Hernández. Te hablo del año 99, 2000, 2001. Eran entrenadores difíciles de llevar.
— ¿Llegó a responder algún insulto?
— No, nunca cometí ese error. Siempre con respeto y más en esos partidos que son complicados. Ir a Pueblo Nuevo, allá en San Cristóbal, era fuerte. Muchos árbitros salían vestidos de marineros, de policías (risas). La gente tiene que comprender que el árbitro está haciendo su trabajo, sea bueno, malo o regular, ese es su trabajo.
— ¿Qué hace cuando pita el final del partido?
— Hay que esperar que salgan todos los jugadores, luego sales al vestuario, te relajas con un baño, haces el informe arbitral y pa’ tu casa.
— ¿En qué consiste ese informe?
— Es dar los detalles de tu arbitraje, quiénes fueron los amonestados, si fue por conducta incorrecta. Por qué se decidió la expulsión, todo eso. Y se le pasa al delegado para que se lo lleven a Caracas. Cuando hay una situación muy grave, al árbitro lo citan para que declare en los tribunales de la Federación.
— ¿Revisaba los partidos que pitaba?
— Sí, claro. Yo mandaba a grabar todo, luego lo veía pero sin escuchar al locutor, para poderlo analizar bien. Varias veces vi que hubo fallas pero nunca que afectaran al equipo. Uno va escribiendo para que no se repitan los errores en el próximo juego. Uno no es perfecto pero cuando se erra en una decisión técnica (expulsión, gol anulado) eso sí es grave.
— ¿Explica sus decisiones dentro del campo?
— No, si lo haces estarías dudando de tu decisión, eso es de una. Si el jugador te pregunta ahí caes, y el juego tiene que seguir. Si luego te lo consigues en los vestuarios le puedes explicar pero nunca en el terreno.
— ¿Con qué futbolistas tuvo amistad?
— Leonardo González, que actualmente es entrenador del Deportivo La Guaira. Osnel García, Gabriel Urdaneta, el mismo Stalin Rivas, “El Pájaro” Vera, los hermanos Vitali. Amistades fuera del campo que no tenían nada que ver con la parte deportiva. Donde los veo siempre me saludan.
— ¿Cuál fue su momento más difícil en una cancha?
— Fue en un Trujillanos-Caracas (0-1) en Valera. El asistente no me levantó la bandera en un fuera de lugar y Caracas hizo el gol. Es un error del compañero pero la responsabilidad recae sobre mí. No podía salir del estadio, el público era muy fuerte en esa época.
Yo podía parar la jugada pero venía de un contragolpe y el asistente estaba en mejor posición. Yo me di cuenta luego del partido que era fuera de lugar, pero tienes que confiar en tus compañeros. Luego él y yo estuvimos hablando, analizando, que la gracia no era salir del estadio así.
— ¿Se comunicaba con sus asistentes durante el partido?
— Anteriormente no se podía hacer eso. En esa época los árbitros teníamos la vista, manos y ya. No como ahora que tienes micrófono y hasta sensor gracias a la tecnología, sin embargo se cometen errores. El arbitraje hace años era más difícil.
— ¿Qué opina del arbitraje en Venezuela?
— Todavía le falta mucho. La Federación tiene que brindarle más oportunidad y apoyo. Por ejemplo: Que viajen cómodamente, que duerman en buenos hoteles. Todo eso influye a la hora de pitar el partido.
— ¿Le gustó el arbitraje en la Copa América?
— No me gustó, no me llamó la atención. Hubo muchos errores técnicos. Desde el primer partido de Chile contra Ecuador hubo mucha fantasía. En ese torneo estuvo José Argote que es actualmente el mejor árbitro de Venezuela.
— ¿Le pareció correcta la expulsión a Amorebieta? (ante Perú)
— No, yo aclaré en varias entrevistas que no era roja. Ahí sí se equivocó el árbitro. Amorebieta salta y desvía el pie, no va directamente al jugador. La amonestación era suficiente.
— ¿Cuál es el árbitro que más ha admirado?
— El italiano Pierluigi Colina. Siempre lo analicé y era muy bueno. Con mucha personalidad y altura, un tipo extraordinario.
No hay comentarios:
Publicar un comentario