La narrativa contemporánea como respuesta a la pérdida del poder adquisitivo, como ya dijimos, es la corrupción de los políticos y desde ahí es que se proyecta como un pasto seco que se quema alrededor del Estado y sus instituciones, desde la megadesarrollada Gran Bretaña, pasando por el inestable Pakistán y terminando en todo país latinoamericano, sea de izquierda o de derecha, que esté en la mesa de saldos del mercado.
Esta narrativa es la que satura el sentido común dominante y utiliza la supuesta desmitificación del poder como mampara destituyente para un proceso de reingeniería social que implica una transformación cultural, política y económica, para ampliar la tasa de acumulación que permita que el capitalismo occidental continúe desarrollándose con base en hacer más "eficientes" y "baratos" los costos de su aparato de producción.
La corrupción y la región
Encima de esta imperiosa necesidad es que se sube la Guerra No Convencional en nuestros países, anteponiendo, siempre, el imaginario cultural de consumo occidental atractivo, sobre todo para la juventud, y es justamente donde ni los políticos ni los movimientos, ni los tecnócratas ni analistas, ni personas de carne y hueso, hemos dado todavía en el clavo para (re)construir una propuesta mayoritaria ante nuestras sociedades duramente golpeadas por este contexto en proceso de radicalización.
Porque cuando analizamos el devenir histórico de los últimos 30 años, desde la generación de nuestros abuelos hasta nuestra narcotizada juventud, se denota una constante reducción de los "derechos sociales" al punto de que hoy, por ejemplo, tercierizar el empleo ya sea prácticamente una norma en los países mina y los centrales, sólo frenado, como retroceso, por los años en los que los gobiernos progresistas de la región pudieron utilizar el ingreso de la renta a precios altos para distribuirla y saciar los deseos postergados de nuestras mayorías.
Ciertamente este contexto regional e internacional es bastante parecido al que le tocó a Chávez en 2002, prácticamente solo ante los poderes mundiales en la antesala al Área de Libre Comercio de las Américas (hoy bajo el nombre de Transpacífico, Transatlántico o como la quieran llamar). Pero 14 años después con dirigentes y poblaciones que pasaron de comer y vestirse como podían a asimilar como un "derecho" viajar al exterior y consumir una banda ancha de alta gama para ver House of Cards en Netflix, por sólo nombrar dos aspectos distintivos del aburguesamiento y su consecuente confusión intelectual por reubicarse de manera efectiva ante esta nueva realidad de materias primas bajas y salarios en declive.
Y ciertamente el enemigo en Argentina, Brasil y Venezuela ha sabido ver este aburguesamiento, y crear una narrativa homogénea y abarcante sobre el chavismo, el petismo y el kirchnerismo como "corruptos", malos administradores y carentes de ideas y propuestas para salir del atolladero en curso contra el valor del salario latinoamericano, como crisis artificial y shock para rápidamente instalar una "propuesta" de libre mercado como salida al problema y descentralizar el poder regional para poder hacerlo.
La honestidad
En los primeros años de este proceso, nuestra respuesta instintiva fue la de recordar lo conseguido, aferrarse a un manual de soluciones ya utilizado y una constante movilización como respuesta al "golpismo". Pasados los años y continuando inmersos en el proceso, es que el imaginario de "enchufados" penetró y se desplegó como idea para instalar el "cambio" como una necesidad natural de la evolución de los países en una para nada despreciable cantidad de gente.
Debemos presentar una nueva propuesta regional y global que genere un nuevo imaginario
Sin duda, parte del problema de la instalación de este imaginario ha sido la incapacidad de explicar los problemas y sobre todo desmitificar al poder, más allá de la retórica, convirtiendo a los chavistas, kirchneristas y petistas en representantes de un poder constituido, todopoderosos, capaces de ordenar una lluvia, controlar cada palmo del planeta Tierra y vaya a saber qué cantidad de cosas más que puedan caber en la imaginación.
Claramente en esta fase de supervivencia política es indispensable desmitificar el poder, ubicarnos en la jerarquía de poder local y global, porque desde ahí es que se puede reconstruir la credibilidad dañada y realizar acciones simbólicas que apunten a generar consensos para direccionar los ojos al verdadero poder y fortalecer la idea de una nueva forma de hacer política ante el hartazgo general.
Entonces esto pasa más por blanquear, de manera efectiva y eficiente, la mecánica del poder en capitalismo, cómo se construye, cómo se utiliza, bajo qué fines, de una manera evidente, que aferrarse a un estático cuadro discursivo e interpretativo que privilegia la retórica a la crudeza de la realidad.
La posibilidad y la necesidad
Como ya se dijo en Misión Verdad, el declive del "progresismo" en América Latina no es simplemente una "crisis de poder" sino que es sobre todo de ideas, ya que mediante el aburguesamiento general, por el ingreso masivo al consumo, se mitificó al dios desarrollo y se olvidó precisamente la ubicación en la que estamos como países mina perdiendo así un discurso sobre los problemas y una narrativa real sobre cómo verdaderamente el poder y el momento actual del capitalismo interviene en el cotidiano de las personas.
Bajo el panorama antes descrito, lo cierto es que si del otro lado avanza a pasos acelerados una crisis artificial y un shock planificado para una propuesta evolutiva con perspectiva, al menos, a 30 años, lo que se le debe contraponer es la renovación y proyección de una nueva propuesta que demuela la política representativa y como consecuencia pueda desde ahí vehiculizar una narrativa de participación masiva y utilidad para la defensa de una mayoría ante la cruda guerra actual.
La recepción de los Comités Locales de Abastecimiento y Distribución (CLAP) demuestra el terreno fértil que existe para destruir la mera antinomia politiquera, a la que nos quieren llevar al homologar a la clase política como "corrupta" para proyectar la necesidad de "cambio", y representa una muestra de lo que está pidiendo la realidad a nosotros los chavistas para salir del actual escenario estático para recomponernos y desde ahí realizar una contraofensiva.
Porque, evidentemente, si ellos tienen una propuesta vendida como "superadora", nosotros no solamente debemos buscar la manera de destruirla en hechos sino que debemos presentar una nueva propuesta regional y global que genere un nuevo imaginario y se base en la necesidad de hacer otra política diferente a la de pasillos, micrófonos y oportunistas.
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