Maidolis Ramones /
Agencias
Cuando Adalberto Méndez,
marabino de 28 años, comenzó a sentir dolor de cabeza y fiebre el año
pasado, pensó en dengue, zika y chicungunya, entre otros diagnósticos.
Para su sorpresa, la valoración médica arrojó otra enfermedad: malaria.
“¿En Maracaibo?
Pero si eso da por el monte, me pregunté”. Y luego recordé que hacía
como 15 días que había viajado a Machiques de Perijá a visitar a unos
familiares”, cuenta el joven, infectado por el mosquito anopheles.
También conocida como paludismo,
la malaria era una enfermedad que en Venezuela se relacionaba con zonas
salvajes de Bolívar, Delta Amacuro, Amazonas y Machiques (Perijá,
Zulia) pero actualmente ha presentado un crecimiento tan abismal que se
ha extendido incluso al centro del país. Se salió del monte, como quien
diría, y dejó de ser exclusiva de las zonas endémicas para aparecer en
las ciudades y estados donde nunca se había visto.
Bolívar continúa aportando el
mayor número de casos acumulados en el país (79,5%). Siguen Amazonas,
Delta Amacuro, Monagas y Zulia. Hay nueve estados en epidemia y nuevos
focos activos en Trujillo, Anzoátegui, Miranda y Vargas, de acuerdo con
información de la Sociedad Venezolana de Salud Pública, además de su
presencia en Barinas, Mérida, Portuguesa, la parte occidental de Apure,
Yaracuy y Táchira.
La historia epidemiológica mundial reseña que el paludismo tiene data de 2.700 A.C. en China.
En Venezuela llegó a afectar un tercio de la población en la década de
los treinta hasta que, en 1936, se creó la Dirección Nacional de
Malariología y Saneamiento Ambiental a cargo del especialista en
enfermedades tropicales Arnoldo Gabaldón, quien logró que Venezuela se
convirtiera en el primer país que organizó una campaña contra la
malaria, mediante la utilización de DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano),
lo que conllevó a ser la primera nación en alcanzar la erradicación de
la enfermedad en una gran área de la extensión de la zona tropical.
Sin embargo, el trabajo se
perdió con el tiempo y la enfermedad volvió a hacerse fuerte en el
territorio nacional, pero nunca con la extensión descontrolada que se
presenta en la actualidad. El infectólogo y pediatra José Vicente Franco
atribuye la reaparición “al deterioro del sistema de salud, la
prevención casi nula de enfermedades y la negación de dar a conocer la
realidad. Desde 1936 cuando se empezó a llevar registro epidemiológico
en Venezuela, nunca se había registrado una cifra tan elevada en el
país”, aseguró.
Y es que el Reporte Mundial de
Malaria de la Organización Mundial de la Salud (OMS) develó que
Venezuela es el único país del continente en donde aumentó el número de
infectados y el que aporta 23% de los casos de toda América. En todo el
planeta, ese puesto lo comparte con países como el asiático Camboya, o
los africanos Yibuti, Madagascar y Uganda.
De los 214 millones de casos de malaria que registró la OMS en todo el mundo en 2015, Venezuela aportó 136.402, según
registros de la Sociedad Venezolana de Salud Pública. En 2016, la
cuenta aumenta significativamente: van 54.529 casos en el transcurso del
año, más de la mitad de los 89.365 de 2014.
Mientras en el resto del planeta
hubo una reducción de 37% de la incidencia de infectados con paludismo
entre 2000 y 2015 y disminución de 60% de las muertes por la enfermedad,
Venezuela aportó 23% de los infectados fallecidos en América del Sur en
el mismo período.
Las cifras venezolanas se
conocen por los reportes internacionales pues el Ministerio de Salud no
publica el boletín epidemiológico desde julio del año pasado. “¿Por qué
la incidencia de malaria en el país ha aumentado 6,29 veces desde 1999
hasta 2015? Equivalente a 529%”, preguntó públicamente José Manuel
Olivares, presidente de la subcomisión de Salud de la Asamblea Nacional.
El Observatorio
Venezolano de la Salud (OVS) recuerda que para atender las enfermedades
transmisibles es necesario registrar cifras epidemiológicas y
publicarlas semanalmente, desarrollar estrategias para luchar contra los
vectores transmisores, fortalecer las redes internas de
vigilancia de las enfermedades infecciosas, mejorar el acceso a
servicios de agua y saneamiento ambiental, capacitar a médicos y otros
profesionales sobre tratamiento clínico, diagnóstico y control
vectorial, así como dar orientación a la población para que sepa qué
hacer ante brotes.
“Los boletines epidemiológicos
son la única forma que tienes para prepararte en términos de políticas
públicas para aplicar las medidas necesarias. La única manera oficial de
saber el estatus de las enfermedades, los números nacionales y su
distribución en el tiempo es a través de los boletines epidemiológicos y
por eso es tan importante su publicación”, detalló el también
infectólogo Julio Castro, miembro del OVS.
Escalofríos, sudores, dolor de
cabeza, gripe, fiebre, vómito, diarrea, ictericia (coloración
amarillenta de la piel), cansancio intenso (astenia), náuseas, dolores
musculares y anemia forman parte de los síntomas que puede presentar la
enfermedad.
El joven marabino infectado, Adalberto Méndez,
con cuya historia se abrió este reportaje, tuvo mucha más suerte que el
médico Carlos Castro, quien era residente de Traumatología en el
Hospital Central Antonio María Pineda de Barquisimeto, en Lara.
Castro, de 48 años, comenzó a
sentir fiebre y no le dio mucha importancia, según reseñaron los
familiares a la prensa larense. Eso fue en enero del año pasado.
Al principio atribuyeron que tenía chikunguya, no obstante, su
acelerado deterioro condujo a la realización del examen en el que se
develó el parásito Plasmodium Falciparum, responsable de la forma más
severa de malaria humana, al parecer, del tipo III.
El galeno estuvo poco tiempo en
unidad de cuidados intensivos (UCI) y falleció. Había viajado el mes
anterior al oriente del país donde se habían reportado más de dos mil
casos de malaria semanales.
“A nosotros nos preocupa mucho
la situación porque no solo es un problema en un área selvática, en un
área minera, sino que aquí se está produciendo un fenómeno de expansión a
focos que estaban absolutamente controlados, grandes territorios del
país en donde la malaria fue extinguida después de un trabajo de más de
30, 40 años por las autoridades sanitarias”, destacó José Félix Oletta,
exministro de Salud y miembro de la Red Defendamos la Epidemiología
Nacional, quien agregó: “Es lo más grande que yo haya visto en mucho
tiempo”.
Pedro Morell, director de Salud Ambiental del estado Zulia,
informó a PANORAMA, que las autoridades nacionales hacen un amplio
esfuerzo por atender la situación. “Hemos tenido mucho apoyo de la
ministra (Luisana) Melo con suministro de medicamentos, actividades de
vigilancia epidemiológica y fumigación. Tenemos personal capacitado y
con remuneración para tomar las muestras en los sitios afectados. Hemos
activado una red de alerta y los pacientes que llegan tanto de centros
públicos como privados nos son informados y tomamos las medidas
correspondientes. Además, no esperamos a los pacientes, vamos a
buscarlos”, indicó.
Señaló que la región actualmente
se encuentra en situación epidemiológica de alerta y que hay epidemia
en Machiques de Perijá y focos en los municipios Jesús María Semprún y
Mara. Pero se han registrado casos también en la ciudad, en Maracaibo.
“Se han presentado
en el Zulia, este año, 1.280 casos, 900 pacientes más que el anterior,
66% son nuestros y el resto importado. Un aproximado de 30% se ha
diagnosticado en Maracaibo, pero son casos que han venido de zonas
endémicas”, expuso Morell.
Asegura que el ataque al vector
es una tarea titánica porque el anopheles vuela mucho más lejos que el
Aedes Aegypti (transmisor de dengue, chikungunya, fiebre amarilla y
zika) por lo que las fumigaciones en las zonas donde se presentan casos
tienden a ser más extensa. “Vuela aproximadamente cinco kilómetros. Yo
le digo al doctor Richard Hill (secretario regional de Salud del Zulia)
que vamos a necesitar unos tres años para controlar la situación”.
Aunque el Ministerio de Salud
mantiene lo que se conoce como silencio epidemiológico, ha anunciado un
plan denominado Micro Misión Malaria, el cual inició con 217 millones de
bolívares aprobados en junio de 2015. La meta es transformar el
tradicional programa de control antimalárico en uno de eliminación en el
país, con el uso de mosquiteros y cortineros tratados con insecticidas,
empleo de pruebas rápidas para el diagnóstico y biolarvicidas para el
control del mosquito transmisor.
El director de
Epidemiología Ambiental del Min-Salud, Jesús Toro, informó que el plan
contempla la contratación de nuevos profesionales, su formación;
adquisición de vehículos, microscopios, pruebas rápidas, láminas,
reactivos, medicamentos, insecticidas, así como la distribución de
mosquiteros y cortinas impregnadas con insecticida.
Hizo énfasis en la necesidad de
incrementar los puestos de diagnóstico para que el equipo se active en
la búsqueda de pacientes a quien aplicar las pruebas y no esperar a que
lleguen a los módulos de salud con los síntomas ya avanzados.
Toro recordó además que
muchos casos son asintomáticos, por tanto es vital reforzar el
diagnóstico temprano e informó que parte de los recursos del plan se
destinarán a la investigación de casos detectados y vigilancia de la
farmacorresistencia, debido a que los parásitos han
desarrollado resistencia a algunos antibióticos. Estas condiciones han
llevado a la dificultad de controlar tanto la tasa de infección como la
diseminación de la enfermedad, que mantiene en alarma no solo a
infectólogos y epidemiólogos del país si no a las autoridades sanitarias
internacionales porque en Venezuela, la malaria ya no es asunto de
selva.
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