lunes, 3 de octubre de 2016
ALFREDO OLIVA Una botella de cerveza
Nuestra imagen sobre seres extraterrestres está marcada por las películas de cine y televisión mayoritariamente estadounidenses –¿Recuerdan las películas: Día de la Independencia y La Guerra de los Mundos?– Nos imaginamos extraordinarias naves cubriendo los cielos e invadiendo los países; descendiendo de ellas alienígenas, marcianos, etc., casi siempre en actitud hostil, atacando a los seres humanos y a la naturaleza.
En el caso de la guerra se deja poco a la imaginación, casi 100% de los contenidos de la televisión y cine bélicos son estadounidenses, y aunque han tenido la habilidad de combinar la guerra y la muerte con el drama, la comedia y el romance la realidad nos golpea a la cara. Hoy la guerra tiene un registro audio-visual casi en tiempo real, invaden destruyendo países de verdad (Afganistán, Irak, Libia, Siria, etc.) con espectaculares aviones, helicópteros, portaaviones, tanques, drones, y soldados que por el uniforme y equipamiento tecnológico parecen alienígenas.
Hay otro tipo de invasión que pasa desapercibida y sin embargo queda registrada en nuestro cerebro, controlando nuestras mentes, emociones y deseos.
Hablamos de todo tipo de mercancías, productos y marcas que descienden de barcos, aviones y camiones, pertenecientes a transnacionales que se instalan en nuestros países legalmente y que contratan ejércitos de psicólogos, publicistas, sociólogos, antropólogos, especialistas en marketing, quienes a su vez se apoyan en el cine, la televisión radio e internet; y para con la droga publicitaria, controlar las mentes de una población determinada y hacerla capaz de odiar, agredir y hasta prestarse para derrocar a un gobierno si no consigue un producto o la marca X.
Por eso encontramos gente por allí odiando las Misiones, a nuestros Libertadores, a la Patria y teniendo como héroe a una botella de cerveza.
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