A veces doy en pensar que sería terrible que a la luz de los acontecimientos, y sobrepasados por ellos, nos distanciásemos de nuestra memoria, así como de nuestra capacidad de soñar. Y se nos apagase la candela viva que llevamos en el alma. Y nos entregásemos a la sinrazón del abatimiento. Pues pudiera suceder que en el feroz desarrollo de la batalla, con el fragor de los disparos y el humo de las explosiones, se olvidase el soldado de la causa por la que está luchando. Que sumergido en la dura realidad del combate, y en el entramado de acciones que debe decidir cada segundo, sin apenas tiempo para sentir, ni menos para pensar ordenadamente, perdiera en un instante la perspectiva del sentido profundo de la lucha. Pudiera suceder. Y eso no es una cosa baladí: ¿Qué nos trajo hasta aquí? ¿Por qué estamos en esto?
Aunque nuestra batalla por ahora es de otro tipo, lo del soldado lo cito a conciencia como una metáfora de lo que somos: soldados de una causa, de una motivación espiritual, de un orgullo profundo, de una Patria, de una razón amorosa que no tiene límites y, por eso mismo, de un rebelarse a como dé lugar contra la injusticia.
Y por eso es que la comparación tiene sentido. Y me digo a mí mismo que aquí, en batalla, en medio del estruendo, nunca se nos olvide por qué luchamos. Que no es otra cosa que algo que puede resumirse en una única palabra: dignidad. Una palabra. Una idea. Un concepto. Un sentimiento. Un derecho. Todo ello a la vez. Individual y colectivamente. Desde mucho tiempo atrás lo hemos entendido y asumido, como un valor indispensable en el ser humano. La dignidad. El decoro. Pero fue el Comandante Hugo Chávez, quien nos lo hizo ver con mayor claridad. Él hablaba de la dignidad de las personas, de la dignidad humana, de la dignidad en cada uno de nosotros, de la dignidad del pueblo, de la dignidad de la Patria. Hablaba de una vida digna a la que teníamos derecho.
Chávez, Chávez. Cada vez que lo recordamos con amor, lo seguimos oyendo: “…hasta el último día de mi vida lucharé por la dignidad de este pueblo, por la liberación de este pueblo, por la grandeza de este pueblo”. Basta con eso para no perderse.
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