Nació en Argentina cuando su padre era un perseguido político > Conoció a Ernesto Che Guevara, vivió la invasión estadounidense a Guatemala, participó...
Detrás de esa Lupa, bata blanca, barba y melena canosa que ahora lo identifican en la televisión tratando de descifrar los Misterios de la Ciencia, existe un gran recorrido vivencial que se nutrió con toda la experiencia que le dieron sus participaciones en diferentes movimientos y procesos revolucionarios en diversos países.
Eduardo Rothe (se escribe Rothe y se pronuncia Rothe, apellido de origen alemán, dice ser descendiente de Los Welsares), ahora para muchos el Profesor Lupa, nació en La Plata, Argentina, en 1945, pero cuando le preguntan de dónde es, dice que de Macuro, en el estado Sucre, el sitio en el que ha logrado permanecer por más tiempo, 20 años en los que se dedicó a la pesca, actividad en la que mejor se ha sentido, la caza y la agricultura.
Hijo de Juan Rothe, un venezolano originario del estado Bolívar, quien por un lío tras una huelga de mineros en El Callao se convirtió en perseguido político y tuvo que trasladarse a Argentina, de donde era Anabelia Galo, la madre de Eduardo, quien antes de que éste naciera se hizo venezolana.
La vida de Eduardo ha sido una constante viajadera, en parte repetía la vivencia de su progenitor, pero este fue perseguido por adeco, mientras que Eduardo señala que siempre ha militado en la izquierda, en el antiimperialismo.
Ambos padres agrónomos, profesión que Juan estudió en Argentina, en su exilio, sin embargo al descendiente no le llamó la atención la agricultura hasta que llego a Macuro, “hay que estar agachándose demasiado”, bromea.
A Lupa lo encontramos en su casa, un lugar a primera vista con lo esencial, como suele ser para quien está acostumbrado a cambiar de lugar con frecuencia. Su apartamento está en un piso bajo, menos complicaciones para alguien con ciertas dificultades para andar subiendo o bajando escalares en caso de fallar los ascensores, tiene problemas respiratorios.
Tras abrir la puerta lo primero que se observa es un chinchorro de moriche (algo muy oriental y fresco) colgado frente a un amplio balcón, seguramente meciéndose en él se ha planteado muchos de los Misterios de la Historia, uno de los espacios que presenta.
Varios helechos cuelgan de la reja y en un cantero se pueden apreciar semillas de aguacate a flor de tierra, y una mata de orégano.
Varios cuadros pintados por nuestro personaje adornan las paredes, contra una de ellas un estante con libros, en la mesa de la sala está un casco que no es adorno ni recuerdo, Eduardo Rothe se traslada en una moto.
Nos ofrece café e invita a sentamos ante un mesón de granito, a poca distancia de la cocina, en el que mangos en una cesta provocan con su carnosa apariencia y aroma.

—¿Cuándo lo trajeron a Venezuela?
—En 1947, pero con el golpe de estado de 1948 de (Marcos) Pérez Jiménez, de los militares, tuvimos que huir para Guatemala donde estuvimos hasta que llegó la invasión (de Estados Unidos). Tumbaron a (Jacobo) Arbenz, corrimos para Honduras, de allí pasamos a Ecuador y luego a Etiopía, hasta que cayó Pérez Jiménez (1958), entonces regresamos.
Yo tengo la nacionalidad (venezolana) por nacimiento según la constitución, pero como nací en Argentina también soy argentino, pero yo nunca quise ir para Argentina, no quise hacer el servicio militar, renuncié a la nacionalidad y no me lo permitieron y solamente pude regresar con Chávez, ya viejo, porque era desertor, me iban a zampar en la cárcel.
—Dice que es de Macuro ¿por qué?
—Porque cuando a mí se me trancaron todas las (puertas), no podía escribir, no podía hacer nada, nadie me publicaba, yo me fui para Macuro. Allí estuve 20 años, el único lugar donde he estado 20 años, y allí aprendí, trabajé la agricultura, la pesca, tenía un bote. Era pobre y feliz. Uno sale de la costa y no ve más tierra, el cielo y el mar parece que se juntan, y entonces estás en un mundo especial, no hay caminos.
Confieso que me sentía mucho mejor siendo pescador. Trabajé veinte y pico de años en el mar. Me siento más pescador que periodista, pero ahora estoy trabajando como periodista.
—¿Cómo fue su infancia con tantos cambios de lugares, de amigos, escuelas?
—Yo digo que los niños mientras sean queridos por los padres no importa donde estén, están bien. Fue un aprendizaje estudiar en Guatemala, yo me crié comiendo tortillas, en Honduras, en América Central, luego en Ecuador y después en Bolivia. Fue una vida difícil pero aprendí muchas cosas, aprendí a conocer América Latina en todos sus factores.
En Guatemala conocí a Ernesto Che Guevara, siempre estuvo cercano a la casa porque su primera esposa, la peruana Hilda Gadea era amiga de mi madre. Nosotros nos fuimos para Honduras y él para México. No tuvimos más contacto. La última vez que lo vi fue en la noche de Navidad de 1953.
—¿Y sus estudios cómo los realizó?
—Estudié en varios colegios de América Latina, terminé la primaria en el San Ignacio de Loyola. Me mandaron mis padres para acá, para que fuera venezolano un poquito aunque sea, con unos tíos ricos que vivía en Los Chorros. Allí estudié con Gustavo Cisneros y José Antonio Gil Yepes, mucha gente de derecha. El bachillerato lo terminé, cuarto y quinto año, en el Liceo Fermín Toro. Me gradué en Humanidades, en la promoción Carlos Marx. Allí estuve con todos los camaradas, el segundo comandante del Frente de Oriente que era Carlos Ugueto, Ilich Ramírez (Sánchez) estaba un curso más abajo, pero estábamos todos en la conspiradera. La pelea era con los adecos.
—Estuvo cerca de Cisneros y de Ilich Ramírez ¿Qué significó eso?
—Conocer como es el pensamiento, como viven. La gente piensa como vive. El gran daño que sufrió la derecha venezolana y la burguesía fue la construcción de la autopista hasta La Guaira, porque antes tenían que pasar por Catia, después pasaban directo a La Guaira o el aeropuerto. Para ellos dejaron de existir Catia y el pueblo.
—¿Cuándo comenzó su militancia en partidos políticos?
—A los 16 años con la juventud del Partido comunista de Venezuela. Lo primero que me dijeron fue: ‘Si caes preso mantente callado 48 horas, para darle tiempo a los demás para que se escondan. Si te preguntan nombres dices yo me acojo al precepto constitucional de no declarar’. Y un día después caí, me agarró la Digepol (Dirección General de Policía) .
Me llevaron para El Junquito (el Retén) y cuando me preguntaron respondí como me habían dicho: Yo me acojo al precepto constitucional de no declarar. ‘¿Cómo es la vaina, que tú te coges al prefecto?’ y empezaron a darme golpes. Entonces a todo los digepoles que venían de la calle, con ametralladoras, les decían: ‘Mira este se coge al prefecto’ y me daban cachetadas.
—¿Por qué se fue a Europa?
—Cuando las cosas se pusieron pelúas aquí, en los 70, tuve que ir a Europa porque me estaban buscando por la huelga de Viasa. Hicimos una huelga, yo era sobrecargo. Fui a Francia, Italia, Portugal, Bélgica. Me tocó estar en Francia en 1968, en el Mayo Francés. Por casualidad me tocó vivir ese momento importante del regreso de la revolución en la segunda mitad del siglo pasado. El regreso del proletariado a la historia.
—¿Es casado, tiene hijos?
—Yo me he casado un montón de veces y ya me dejé de eso. Estoy viviendo con mi compañera, tengo hijos grandes. Si tuviera muchachos chiquitos no aguanto esta pela, esto está duro. Las últimas hijas están en la universidad. Dejé de subir escaleras en la esquina de Pajaritos (en los tribunales) para divorciarme.
—¿Después de tanta militancia en la izquierda que le falta por hacer?
—Ya tengo 73 años, a mí lo que me falta es morirme y no tengo muchas ganas. Es la primera vez que estoy viejo, entonces aparecen los males, los achaques. Cuando estaba niño soñaba que volaba, ahora sueño que corro, porque ya uno está todo patuleco. Y eso es porque tengo 18 años sentado ante una computadora, cuando en toda mi vida fui muy activo. Lo más peligroso que hice por la Revolución es lo que hago ahora, estar sentado sin hacer ejercicios.
—¿Practicó algún deporte, música, pintura?
—Nada, un poco de alpinismo cuando estaba en Bolivia (su padre fue embajador) y caminar, pero deporte organizado nunca, hice un poco de motocros pirata. Cuando joven pintaba y por allí hay unos cuadros míos (señala y con la mirada hace un recorrido por las paredes). Ese es Nueva York y fue pintado con crema de zapato. Por allí hay un Cristo horrible que no quieren botar, y por allá una manifestación, son cosas que la madre de uno guarda.
—¿De su vida en el exterior que es lo que más recuerda?
—Tantas cosas, Portugal es el país que más me impactó, por la gente, la gente se muere de amor, a mí me pareció tan bonito. Allá yo trabajé la pesca lejana, que es una pesca de 20 horas diarias (de faena). Me decían que yo estaba loco porque los portugueses se iban para Venezuela y yo para Portugal. Tendíamos líneas de palangre, allí yo si que era palangrista, con 15 mil o 20 mil anzuelos. Trabajamos en las Azores, Canarias, en África, fue una escuela.
Yo viví la Revolución de los Claveles en Portugal, eso fue en el 74.

—¿Y su paso por la guerra de Vietnam?
—Fui con Oscar Yánez, jefe redacción del diario La Verdad, la propuesta la hice yo. Fue en Vietnam del Sur, estuvimos bajo fuego.
¿Cómo nació el profesor Lupa?
—En la época del referendo contra Chávez me acordé del Profesor Nimbus (personaje de una historieta) y sacamos Lupa con algo sobre las firmas y resultó impactante. A la primera marcha que fui me decían ‘epa Lupa’. Una vez iba por el centro (de Caracas) y una niñita dijo ‘mamá, mamá el señor de Sumate’. Yo dije que iba a hacer todo por la Revolución, menos el ridículo, y hasta el ridículo he tenido que hacer, porque eso de salir con una bata.
¿Por qué se estableció en Macuro?
—Por razones estratégica, entonces no tenía carreteras, teléfonos, no llegaba la televisión venezolana y quedaba a 20 minutos de Trinidad en bote. A la hora que me fueran a buscar cogía para el monte o Trinidad. Yo tenía el museo en Macuro y Francisco Prada (comandante guerrillero) uno en Barquisimeto, y competíamos para ver a quién allanaban más.
¿Por qué se vino de Macuro?
—De allá me jalaron Andrés Izarra y Yuri Pimentel (…) Me convencieron de trabajar tres meses aquí, eso fue en septiembre de 2002 y aquí estoy. He trabajado con Bernal (Freddy) en la Alcaldía de Libertador, con el Ministerio de Comunicaciones y Telesur.
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Hugo Chávez
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Hugo Chávez
> “Al principio yo pensé que Hugo Chávez era un nacionalista revolucionario, pero no pensé que iba hacer una revolución social profunda como la que se hizo”.
> “Macuro me enseñó a conocer lo que es la tierra, cómo se siembra, cómo se cultiva, cómo se trabaja con machete, cómo se realiza la cacería. Yo crié dos familias pescando y cazando”.
> “Si quieren vengarse de todo lo que nos están haciendo (con la guerra económica) vaya a votar el 20 de mayo”.
> “Ustedes saben que motorizado que no abusa es porque no tiene moto. A mí me ven feo porque yo me paro en los semáforos”.
> “Macuro me enseñó a conocer lo que es la tierra, cómo se siembra, cómo se cultiva, cómo se trabaja con machete, cómo se realiza la cacería. Yo crié dos familias pescando y cazando”.
> “Si quieren vengarse de todo lo que nos están haciendo (con la guerra económica) vaya a votar el 20 de mayo”.
> “Ustedes saben que motorizado que no abusa es porque no tiene moto. A mí me ven feo porque yo me paro en los semáforos”.
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