domingo, 20 de mayo de 2018

Votar


Roberto Malaver

¡No me empujen, que yo voy! Nosotros nos dejamos de pendejadas y salimos a votar. Eso de hacerle caso a Julio –Matemático– Borges, quien está disfrutando en el exterior de la familia, la propiedad privada y el Estado gringo, no tiene sentido común. Ya lo dijo Espoleta Allup, el que vote, lo hace por su propia voluntad, si la tiene. Así que nosotros, que fuimos tan sinceros antes con la democracia representativa, ahora mucho más con la democracia participativa y protagónica. Así que muchos no han dicho nada pero nosotros sabemos que están listos para meterse en la cola a expresar su opinión en lo que los adecos, según el mal hablao de Néstor Francia, han llamado la fiesta electoral, no nos coleamos a la fiesta, porque nosotros somos invitados permanentes y allá vamos con todo nuestro voto a vernos solos, fané y descangallados.
Así que, toda una vida llamando a votar, y ahora le vamos a decir a la gente sin proponerle nada, sin argumentar nada, sin ofrecerle un carajo, que no vayan a votar, no, la vaina no es así. Uno sale a dar su voto para después tener moral, es un decir, nosotros nunca hemos tenido eso, pero vale la pena decirlo.
Vuelvo, que no quiero perderme, uno sale a dar su voto para tener moral y decir las vainas que podamos decir después. Porque esta dictadura nos ha dado la oportunidad de decir un montón de vainas, tanto así, que si nosotros estuviéramos en el gobierno y se estuvieran diciendo ese montón de vainas, ya un gentío estaría preso o desaparecido. Así que no me liberen, que yo me basto para eso.
Estamos tan esmorgallaos, que invitamos por las redes a todo el mundo para el día 16 hacer una marcha contra la farsa electoral, y no fue nadie. Aquello daba lástima, y lo peor es que la gente que nos acompaña desde el exterior vio aquella vaina y dijo, carajo, pero ustedes nos están engañando. Y es cierto.
Así que mejor nos dejamos de vainas y salimos a “celebrar la fiesta electoral en esta nueva jornada cívica”, así con ese lenguaje adeco y todo, pero así vamos. Y que nos perdone Trump.
El papá de Margot llegó diciendo que le picaban las manos. Y eso era porque tenía “tantas ganas de que hoy fuera domingo para depositar mi voto, porque ni de vaina que le hago caso yo a Julio –Matemático– Borges, que ha pedido y aprobado todas las sanciones que nos han puesto. Que no sean pendejos, yo salgo a votar”. Y se fue al cuarto y se escuchó aquel coñazo y el estremecimiento de la puerta, una vaina tan fuerte, que se dispararon todas las alarmas de los vehículos de la urbanización.
-Perdamos. Y vivamos este amor que es tan profundo. -me canta Margot

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