José Salazar ha dedicado varios años de su vida a la instrucción de esta disciplina con los más jóvenes de la parroquia La...
A veces, la seriedad de un ser humano quizás no sea la característica principal que realmente lo defina, pues existen otras cualidades que describen o detallan en esencia la personalidad del mismo. Son diversas las formas en que se manifiestan, pero en el caso de José Salazar, mejor conocido como “Cachorro”, de corpulencia bien marcada y de rostro poco sonriente, es la cordialidad y disposición para ayudar al prójimo lo que, sin duda, lo representan.
Ciertamente, nos referimos a un personaje con dilatada trayectoria como atleta, promotor, instructor deportivo y organizador de innumerables torneos de los cuales han surgido muchos talentos, en este caso del deporte de sus amores: el fútbol sala. Es que, naturalmente, dicha especialidad pareciera llevarla en las venas. Desde muy joven no solo la practicó, sino que también, con el pasar de los años, la ha compartido con los más chicos en la parroquia donde, prácticamente, se ha desenvuelto siempre, La Vega.
“Practiqué mucho el fútbol de salón con un profesor de origen chileno a quien le gustaba también el fútbol campo, hasta el año 91-92, cuando se funda el movimiento juvenil Ezequiel Zamora, del cual formé parte, y en el que cada miembro se enfocó en desarrollarse en diferentes áreas, yo me incliné por la deportiva en La Vega”, recuerda con facilidad Salazar.
“Cachorro” define el deporte como una herramienta fácil de utilizar para abordar a los niños o más jóvenes a fin de promoverles valores como la hermandad, solidaridad, y compañerismo, además de alejarlos de flagelos con presencia en zonas populares como en la que él reside.
“Siento mucha satisfacción cuando muchos de esos alumnos míos, de hace más de 20 años, ya tienen sus hijos que ahora también son mis alumnos en la escuela de formación deportiva. En esta etapa del deporte comunitario se respeta el proceso de captación del talento, iniciación, y luego del desarrollo del muchacho o muchacha. Se trata también de formar más que un deportista, un buen ciudadano”, afirma.
“Siento mucha satisfacción cuando muchos de esos alumnos míos, de hace más de 20 años, ya tienen sus hijos que ahora también son mis alumnos en la escuela de formación deportiva. En esta etapa del deporte comunitario se respeta el proceso de captación del talento, iniciación, y luego del desarrollo del muchacho o muchacha. Se trata también de formar más que un deportista, un buen ciudadano”, afirma.
Conforme pasan los años, Salazar ve con regocijo que su trabajo, cuyo fin no es lucrativo, ha dado los frutos a los que él mismo aspiró. “Hay mucha tranquilidad, porque ves materializada parte de tus metas, sin embargo, a veces siento tristeza cuando alguno de mis estudiantes, por cosas del destino, se ha ido por otro camino, e, incluso, ha perdido la vida. Lamentablemente, hoy los jóvenes están en una constante guerra entre el bien y el mal”, sostiene.
Explica que en el espacio que lidera no solo buscan impartir la parte técnica y fundamental del fútbol sala, y de campo, en algunos casos, a los inscritos, sino que, además, intentan integrar más en las actividades a los representantes con charlas y talleres, ya que, a su juicio, dentro del hogar está la clave de la enseñanza que deben recibir los futuros atletas.
Salazar aprecia con agrado que, en los últimos dos años, haya un crecimiento exponencial de la participación de jóvenes en la disciplina que imparte, no solo en la escuela que él dirige, sino en todas las que funcionan dentro de La Vega donde convergen muchos promotores deportivos que han desarrollado una buena labor.
En ese sentido, presume que en el contexto de los Juegos Comunales Caribe Caracas 2018 su parroquia ha exhibido el mejor índice de participación en muchas especialidades, y eso se debe al trabajo motivacional que hacen siempre.
Entrenador por vocación
“En mi escuela, yo nunca he cobrado mensualidad ni inscripción, incluso desde mucho antes que fuera funcionario del Ministerio del Deporte, como ahora, porque yo veo el deporte como un derecho que tiene el niño. Gracias al Gobierno Revolucionario hemos tenido bastante apoyo con la dotación de uniformes e implementos. Cuando nacimos en el año 91 no teníamos recursos, sin embargo, recibimos respaldo del profesor Aristóbulo Istúriz siendo ministro de Educación y, posteriormente, como alcalde. Ahora, el ministro Pedro Infante nos ha financiado muchos eventos”, agradece.
Una década más de ejercicio
A sus 49 años de edad, “Cachorro” entiende que su actividad en el plano deportivo se inició a muy temprana edad y que, posiblemente, las puertas del retiro se abran en unos 10 años o un poquito más, pues, aunque su trayectoria ha sido gratificante y promete más triunfos, se imagina en una próxima década cuidando a sus nietos y seguro contándoles cada una de sus anécdotas.
“Lo más importante para mí es que aquellos muchachos que vienen formándose tomen el testigo para continar el trabajo que han iniciado muchos promotores como yo, esa será mi mayor alegría. A través del Plan Chamba Juvenil ya estamos preparando esa generación de relevo. Cuando llegue a los 60 años me dedicaré a descansar y ver como ellos prosiguen”, cerró.
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*Biografía Mínima
José Gregorio Salazar Acevedo nació en Caracas el 19 de noviembre de 1968 en la maternidad Concepción Palacios, ubicada en la parroquia San Juan. Tiene tres hermanas. Fue educado por sus padres José María Salazar y Eugenia Salazar. Transcurrió parte de su vida académica en la escuela Manuel Antonio Carreño, en El Paraíso, donde dio sus primeros pasos en el futsal. Recibió el título de bachiller industrial en la mención química. Una vez ingresado al instituto universitario Luis Caballero Mejías comienza a impulsar su labor comunitaria desde el área deportiva en toda La Vega.
___________________*Anécdota
___________________*Anécdota
“Cachorro nace en el año 1983 cuando estudiando en el liceo Pablo Acosta Ortiz, en la avenida Morán, San Martín, Carlos Herrera, quien fuera luego director del medio de comunicación Primicias 24, se dio cuenta de que un grupo de estudiantes, entre ellos este servidor, acompañábamos siempre en ese momento al camarada líder estudiantil Argimiro, llamado ‘Perrote’, quien encabezaba el grupo de cursantes de quinto año, mientras que yo era de primer año, entonces el propio Herrera me veía como el menor, y fue allí donde comenzó el seudónimo ‘Cachorro’ que se quedó hasta el sol de hoy”.
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