Gioconda Mota Gutiérrez
Femicidio es una palabra que suena técnica y aséptica. Sin embargo, significa que una mujer fue asesinada, casi siempre brutalmente, y luego de vivir muchas otras formas de violencia, única y exclusivamente por ser mujer. ¿Cómo es eso? Su asesino está convencido de que ella –mujer, es su subordinada, le pertenece, debe obedecerle y servirle, de no ser así, pagará las consecuencias. Así le enseñaron desde niño.
Esa cultura de poder machista siempre se sostiene con violencia. La reproducimos, mujeres y varones. Pero quienes la sufrimos, hasta con la vida, somos las mujeres. De allí la necesidad de leyes, políticas y protecciones específicas.
Días atrás ocurrió el femicidio de Mayell Hernández, estudiante de Unearte, madre de una niña de dos años. El femicida sigue en libertad. Esto ha generado conmoción y dolor en muchos contextos. Ella, como mi madre, por allá en 1982, trascienden el espacio privado de las familias y generan activismo social.
Sin embargo, son muchas mujeres con sus vidas truncadas en manos del machismo, tanto de los hombres que les asesinan como de una justicia que no actúa.
Cuando el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia adquirió rango formal de derecho humano a escala internacional, significó, entre otras cosas, que los Estados tenían responsabilidad no sólo en su actuación directa, sino en la actuación de particulares sobre la vida de las mujeres y la garantía de todos sus derechos.
En el caso de Mayell, como en muchos otros femicidios, existía una denuncia previa, es decir, el sistema no abordó de forma eficiente y oportuna su situación. Contra Mayell, el Estado comete violencia institucional y siembra el camino para que el femicida cometa el delito y para que continúe impune. Incluso, es responsable de su silencio sobre Mayell y sobre la problemática.
¿Puede el Estado reducir y erradicar la violencia contra la mujer y el femicidio?
Sí, con voluntad política. No basta tener una buena ley, porque la ley ni se implementa sola ni garantiza cambios culturales. En Venezuela no tenemos plan de prevención y erradicación de la violencia contra la mujer. Con el Plan necesitamos programas y presupuestos concretos que permanezcan en el tiempo, más allá de gestiones específicas: acciones de prevención, aumentar la institucionalidad, formar con calidad a todo el personal vinculado con el área para que se reduzca la altísima violencia institucional que incide en la elevada impunidad. Una larga lista de acciones que han sido estudiadas y propuestas al Estado en los últimos años. ¿Cuándo habrá voluntad política?
La Araña Feminista teje la red de colectivos de mujeres socialistas de Venezuela. Este es un espacio reflexivo e informativo sobre nuestras luchas y conquistas. La unión de nuestras voces construye el socialismo feminista.
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