domingo, 23 de septiembre de 2018

SOCIALISMO, INJERENCIA INTERNACIONAL

Fuente: A.E.

 RESUMEN DE OPINIÓN – 22.09.2018
TEMAS ABORDADOS
Tema: SOCIALISMO, INJERENCIA INTERNACIONAL 
Matrices: Dictadura / Crisis humanitaria / Intervención internacional / Gobierno venezolano vinculado al narcotráfico y terrorismo.

BALANCE GENERAL
ADOLFO P. SALGUEIRO: “…Gobiernos como Nicaragua y Venezuela hoy son dictaduras cuyas autoridades no representan a sus pueblos (…) la OEA no es un foro de los pueblos del continente sino de sus gobiernos (…) La OEA ayuda a garantizar una cierta democratización del sistema internacional (…) brilla el cinismo y se secuestra la voluntad continental arropándose en números que no representan el sentir de las Américas…”

LUIS GONZÁLEZ DEL CASTILLO: “…la imagen del migrante venezolano en la frontera con Colombia, arrodillado y suplicante de ayuda humanitaria, sobre la urgente y vital necesidad de acometer acciones de restitución del orden civilizado y del Estado Derecho en Venezuela (…) Pidió a la autoridad internacional legítima que representa la OEA que intervenga, para rescatar a la nación venezolana que huye de la muerte (…) El chantaje al sistema de justicia internacional que pretende usarse hoy para que Estados Unidos no actúe (…) una conspiración internacional que ha utilizado al Estado venezolano en particular, en el entramado para la corrupción, legitimación de capitales, el narcotráfico y el mismísimo terrorismo (…) el régimen castromadurista, evidente violador de los derechos humanos de nuestro pueblo venezolano, representa, más que una amenaza…”

FERNANDO LUIS EGAÑA: “…la intervención extranjera en Venezuela, tanto política como militar, ya ocurrió; y ocurrió hace bastante años, ¿O acaso la hegemonía del castrismo cubano sobre el régimen imperante en Venezuela no equivale a una intervención extranjera? (…) la autodenominada “revolución” la representan, los peores corruptos del planeta (…) lo que se trata no es de favorecer otra intervención extranjera, sino de liberar a Venezuela de la intervención extranjera que la sojuzga”.

EDDY REYES TORRES: “… Venezuela debe verse en el espejo de la península de Corea. Allí está claramente reflejado lo que le deparará el destino según la ruta política y económica que tome. El país tiene las condiciones para alcanzar un alto estadio de desarrollo, pero la dictadura cívico-militar, se empeña en destruir nuestro futuro en beneficio propio y de la corte comunista mundial…”

HÉCTOR SILVA MICHELENA: “… el gobierno miente sobre el escandaloso aumento de suicidios acaecido en los 20 años revolucionarios (…)  en Venezuela es imposible verificar las cifras de mortalidad de la población porque el gobierno tiene un férreo control de las estadísticas (…) La situación es tan desesperada que miles de venezolanos huyen a diario a pie por la frontera hacia Colombia”.


ARTÍCULOS DE OPINIÓN
SINCEREMOS LO QUE ES LA DEMOCRACIA INTERNACIONAL (ADOLFO P. SALGUEIRO, EL NACIONAL)
La OEA es una organización internacional integrada por Estados que están representados allí por sus gobiernos. Algunos, como los de Nicaragua y Venezuela, hoy son dictaduras cuyas autoridades obviamente no representan a sus pueblos aun cuando se sientan a la mesa de los distintos órganos institucionales. Por eso también es que Almagro, su secretario general, no está en condiciones de hacer más de lo que buenamente hace, porque la OEA no es un foro de los pueblos del continente sino de sus gobiernos, sin dejar de reconocer que en muchos casos se pudiera decir que los gobiernos sí representan a esos pueblos. En Venezuela es evidente que no es así.
Otra característica de la OEA y de la mayor parte de las organizaciones internacionales que no sean económicas es que en las mismas se respeta la regla de funcionamiento expresada en “un Estado un voto” que tiene por objeto reconocer el principio cardinal del Derecho Internacional que es el de la “igualdad jurídica de los Estados” (que no necesariamente implica igualdad en otros parámetros). Este esquema procura que los grandes Estados del planeta (por población, territorio, poderío, etc.), no se impongan a los menos poderosos, lo cual ayuda a garantizar una cierta democratización del sistema internacional.
Sin embargo, visto desde otro punto de vista, también pudiera argumentarse que el sistema permite que se consagren y practiquen comportamientos poco compatibles con la equidad o la justicia, aunque puedan tener ropaje jurídico. Es el caso de los mini-Estados (del Caribe por ejemplo) con reducida población y/o territorio que valiéndose de su número están en condiciones de imponer o frustrar resoluciones que poco tengan que ver con la justicia y la equidad. La OEA es un ejemplo de tal situación y precisamente por ello es que su desempeño suele ser motivo de críticas.
Dentro del marco de la organización regional vale la pena conocer algunas cifras que pueden ilustrar acerca del tema en debate: Dominica tiene 71.000 habitantes –en Chacao hay 119.000–, Antigua/Barbuda tiene 92.000 –Baruta 358.000–, St. Kitts tiene 46.000 habitantes –San Antonio de los Altos resguarda a 70.000–. Todos los mini-Estados del Caribe juntos tienen menos de la mitad de los habitantes de los que hay en Petare (800.000 de acuerdo con el censo y más de 1.100.000 según estimaciones). Estados Unidos tiene 320 millones, Brasil 207 millones y México 123 millones.
Las cifras consignadas revelan que el principio de “un Estado un voto” aunque posee sus virtudes democratizadoras también da lugar justamente a lo que ocurre en la OEA cuando un grupo de mini-Estados, muchas veces mediatizados por sus difíciles situaciones internas, adoptan posiciones que comprometen el accionar de una organización que representa a un conjunto poblacional total de casi 1.000 millones de seres humanos equivalente a 14% de la población del planeta. Quienes hemos estado pendientes de la acción continental en pro del restablecimiento de la democracia en Venezuela, constatamos con frustración el resultado de inequidad de este tipo de organización internacional en donde brilla el cinismo y se secuestra la voluntad continental arropándose en números que no representan el sentir de las Américas.
En algunos organismos internacionales como el Fondo Monetario, el Banco Interamericano de Desarrollo, etc., las decisiones se toman de acuerdo con los aportes de capital de cada miembro, lo cual también resulta en inequidades toda vez que los grandes países aportantes de recursos reclaman –con algo de razón, pero no toda– que siendo los mayores accionistas bien tienen el derecho de influir proporcionalmente en la marcha del colectivo.
Estas situaciones difíciles de conciliar son las que a veces se dan en espacios como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU cuyos miembros, elegidos por la Asamblea General de la organización, suelen incluir a los mayores violadores de los derechos que deben custodiar y defender dando por resultado que quienes aportan –y de verdad pagan– las mayores cuotas de sostenimiento deben soportar reiteradas resoluciones opuestas, precisamente, a lo razonable a cuenta de que muchos de quienes forman parte del Consejo (Venezuela, Congo, Libia, Cuba) se las arreglan para conseguir resoluciones opuestas a la razón de existir del mismo. Es por ello que los Estados Unidos –con sentido, a nuestro juicio– han optado por retirarse igual como lo hicieron en su momento de la Unesco por varios años hasta que algo de prudencia y razón regresaron a ese cuerpo.
Lo que se quiere patentizar aquí es que el concepto general de la cooperación internacional y la defensa de la democracia que, naturalmente, merecen todo el apoyo y reconocimiento, tropiezan con obstáculos prácticos de funcionamiento que muchas veces frustran todas las mejores intenciones que se tuvieron en la hora inicial. Es cierto que no se puede votar con el criterio del tamaño y poderío de los Estados, pero también lo es que el ideal de igualdad exteriorizado en patentes desigualdades es del mismo modo inconveniente.
La semana entrante comenzará en Nueva York el LXXIII período de sesiones de la Asamblea General de la ONU en la que las distintas interpretaciones aquí explicadas se enfrentarán una vez más revelando el pragmatismo que caracteriza a la política exterior de casi todos los Estados del mundo. Por lo menos podemos afirmar que aun dentro de todos los vericuetos del manejo diplomático, los Estados reconocen –al menos de boquilla– que la cooperación y el no uso de la fuerza son axiomas que a estas alturas del siglo XXI deben ser invocados y –en lo posible– acatados. No puede esperarse más.

¡FRONTERAS DE LA RAZÓN Y LA FUERZA! (LUIS GONZÁLEZ DEL CASTILLO, EL NACIONAL)
Dedico el presente artículo, gracias a la deferencia que me permite El Nacional, al secretario general de la Organización de Estados Americanos Luis Almagro; por su coraje y claridad conceptual al defender los valores y principios preeminentes de los derechos humanos.
En cumplimiento de leyes y tratados internacionales, los países signatarios de nuestro continente americano están supuestos a respetar en primer orden, en un marco constitucional de actuación de los gobiernos, los derechos humanos de sus ciudadanos. Así mismo, sabemos se han establecido acuerdos jurídicos internacionales, como el Estatuto de Roma, para hacer viable combatir violaciones de tales derechos y evitar que puedan usarse burladeros para la impunidad alegando principios de no intervención.
Fue contundentemente demoledora, de razones burocráticas y de otros principios que no pueden prevalecer por sobre los derechos humanos, la imagen del migrante venezolano en la frontera con Colombia, arrodillado y suplicante de ayuda humanitaria, sobre la urgente y vital necesidad de acometer acciones de restitución del orden civilizado y del Estado Derecho en Venezuela. Pidió a la autoridad internacional legítima que representa la OEA que intervenga, para rescatar a la nación venezolana que huye de la muerte, del hambre y de la carencia de salvación médica ante enfermedades, amén de la inseguridad personal. Es esa la dramática realidad que está provocando el ejercicio tiránico e inhumano del poder por parte de la narcodictadura del régimen castromadurista.
Es insólito que se pretenda justificar tal situación mediante una desgastada repetición de propaganda antinorteamericana de los tiempos de la Guerra Fría, con activistas del presente, como ejemplo tenemos al propio ex presidente de España Rodríguez Zapatero. El chantaje al sistema de justicia internacional que pretende usarse hoy para que Estados Unidos no actúe, y no lidere internacionalmente una coalición que enfrente a estos regímenes para detener tales desmanes. Intentan acusar a los que acusan, y tratan de hacerlos aparecer causantes de la situación de hambruna y migración para buscar comida y esperanza de vida en otros países de la región.
Adicionalmente, al problema de obligación moral y de legalidad internacional que compromete a los Estados en la defensa de los derechos humanos, la existencia de una conspiración internacional que ha utilizado al Estado venezolano en particular, y varios Estados de la región en el entramado para la corrupción, legitimación de capitales, el narcotráfico y el mismísimo terrorismo en la guerra contra nuestra sociedad occidental, mediante financiación del mismo, es la modalidad de mayor malignidad antihumana y amenaza en crecimiento de tan cobarde forma de violencia, que implica la urgente necesidad de comprensión de lo que está realmente en juego, y que no es solo el bienestar y la libertad de una nación, que ya es y debería ser suficiente justificación para salvarla, como es la nación venezolana, otrora nación que luchó por la libertad de toda una región.
El castrismo, de promesa revolucionaria de democracia antidictadura de Batista y para la redención social cubana, según se ha comprobado del proceso histórico vivido que devino en la más abyecta forma de explotación de su propio pueblo. Al secuestrarles el don consustancial con la vida misma como lo es la libertad les robó el sueño del progreso material y espiritual desde su propia creatividad de ser y hacer con su vida lo que su voluntad soberana les indicase. Al “fin de la historia” con la caída de ese paradigma junto al Muro de Berlín, ahora ha exportado, a través del Foro de Sao Paulo como plataforma política, la intención de perpetuación en el poder de los mandatarios que cumplieran su papel de constitución de un nuevo modelo de organización seudocomunista que es en realidad una mafia con propósitos de dominación e instauración de Estados a su servicio, con el telón del narcotráfico como sustentador financiero de tal poder que se entrelaza, legitima y muta a conveniencia con rostros de presidentes, ministros y diversos organismos nacionales e internacionales al servicio de dichas mafias (Unasur, el Alba, Petrocaribe, etc.).
En resumen, el régimen castromadurista, evidente violador de los derechos humanos de nuestro pueblo venezolano, representa, más que una amenaza, una realidad constituida como plataforma de Estado narco. A través de dicha plataforma se da a la tarea de presionar con razones acomodadas a mentiras pagadas, a votos comprados en los conciertos de organismos internacionales para que volteen para otro lado y que no miren la necesidad de intervención del legítimo poder, militar y/o policial en el ámbito internacional, para combatir y para detener estas plagas en el continente, y que cada vez más logran controlar el poder del Estado.
Al infiltrar y manipular las democracias para revertirlas y sustituir sus principios de alternabilidad, compromiso institucional con la justicia nacional e internacional para beneficio de las naciones, tales mafias políticas, económicas y de naturaleza extremista quieren poner en duda la claridad que debemos tener de principios de lo que son y lo que no deben ser ¡las fronteras entre la razón y la fuerza.

LA INTERVENCIÓN EXTRANJERA YA OCURRIÓ (FERNANDO LUIS EGAÑA, EL NACIONAL)
A veces, en verdad, muchas veces, lo que queda de debate público en Venezuela es una especie de teatro del absurdo. Los voceros de la hegemonía se rasgan las vestiduras por algunos planteamientos en relación con una imaginaria y futura intervención extranjera en Venezuela. Y no pocos voceros de la llamada “oposición política” tampoco pierden la oportunidad de rasgarse las vestiduras, no se sabe si por algo que se parezca a convicción o más bien a conveniencia.
Ahora bien, ¿por qué todo esto se asemeja a un teatro del absurdo? Porque la intervención extranjera en Venezuela, tanto política como militar, ya ocurrió; y ocurrió hace bastante años, y ocurrió no por imposición de una potencia foránea, sino por el acuerdo público, notorio y comunicacional del poder establecido en el país intervenido y del poder establecido del país interventor. ¿O acaso la hegemonía del castrismo cubano sobre el régimen imperante en Venezuela no equivale a una intervención extranjera?
No lo digo yo, lo dijo hasta el cansancio el predecesor, cuando se ufanaba que Venezuela se inspiraba en el modelo cubano, y lo ha repetido, también hasta el cansancio, el sucesor, quien, por cierto, fue designado como tal por estar subordinado –desde siempre– a los dictados de La Habana. Claro que la realidad también tiene mucho de caricatura, porque en Cuba hubo una revolución ya que sus adalides eran revolucionarios, o al menos lo fueron durante una época que duró largos años. Acá, la autodenominada “revolución” la representan, en líneas generales, muchos de los peores corruptos del planeta. Siguiendo con lo del teatro del absurdo, la genuina “revolución” que ha acontecido en la Venezuela del siglo XXI es la revolución de la corrupción y del envilecimiento.
Pero eso no solo surgió de una fuente nacional. No. Esa corriente corrosiva, en gran medida, tiene un origen foráneo. Castrista, para ser más preciso. Y su inmensa fuerza de dominio sobre la nación venezolana no hubiera sido posible por una mera resonancia ideológica –que ya está visto era más caricatura que otra cosa, en lo que respecta a los carteles bolivaristas–, ni tampoco como consecuencia de una asesoría intermitente del veterano Fidel, veterano sobre todo en las malas artes del continuismo; no, ese dominio generalizado se fue fundamentando en el montaje progresivo de un proyecto de dominación, vale decir, de una estructura de dominación, vale decir, de una intervención para la dominación. Y si tal cosa no es una intervención extranjera, nada lo es.
¿Qué parcela principal del poder en Venezuela, sea política, administrativa, militar, diplomática, energética, económica-social, educativa, tecnológica, comunicacional, no está bajo la atenta supervisión de los patronos castristas? Acaso no hay hasta un virrey cubano para Venezuela, que es uno de los comandantes históricos de la revolución cubana, Ramiro Valdés Menéndez, quien por cierto no es un improvisado, sino el fundador del G-2 y un curtido dirigente con amplia trayectoria de intervencionismo en los asuntos de muchos países de la región y de más allá.
Hay que hablar claro. De lo que se trata no es de favorecer otra intervención extranjera, sino de liberar a Venezuela de la intervención extranjera que la sojuzga, con la complacencia de Maduro y los suyos. El tema de la intervención extranjera no es uno que pertenece a la esfera de lo eventual, de las posibilidades inasibles o de la silueta de lo sobrenatural. Nada que ver. Es la realidad diaria y brutal de la vida venezolana, desde hace, repito, bastante años.
Si no reconocemos eso, no podemos luchar contra eso. Y si encima de lo que se está pendiente es de disfrazarse con el tricolor cada vez que Almagro da una declaración, entonces se le hace el juego a la hegemonía roja o, para decirlo de otro modo: se le hace el juego –a sabiendas o no– a la intervención extranjera que apuntala a esa hegemonía despótica y depredadora.

LA PENÍNSULA DE COREA Y VENEZUELA (EDDY REYES TORRES, EL NACIONAL)
Vista desde Venezuela, la península de Corea está al otro lado del mundo. Las diferencias entre uno y otro sitio parecieran abismales. Esa distancia y diferencias, sin embargo, no son tales en un orbe tan interconectado como el de hoy en día. Por una u otra razón, lo que ocurre en uno y otro lado tiene naturalmente recepción e implicaciones en ambas zonas. Para entender mejor esto, tenemos que remontarnos un poco en el tiempo y hurgar en la historia.
La península de Corea está ubicada en Asia Oriental, limitando por el norte con China y Rusia y al sur con el estrecho de Corea, que la separa de Japón.
Por aquello de que el pez grande se come al más pequeño, a lo largo de cientos de años la península de Corea fue intervenida por las fuerzas más poderosas de los mongoles (grupo étnico que se originó en lo que en la actualidad es Mongolia, Rusia y China); más tarde también lo fue por China, Rusia y Japón.
Casi al final de la Segunda Guerra Mundial, siendo entonces una colonia japonesa, la derrota nipona derivó en la división de Corea en dos zonas que fueron administradas por Rusia (el norte) y Estados Unidos (el sur). Las implicaciones económicas y políticas de esa división se hicieron marcadoras de inmediato. Mientras el norte, liderado por Kim Il-sung, se alió con la línea comunista rusa, el sur, bajo la dirección de Syngman Rhee, se inclinó por las políticas conservadoras y anticomunistas de Estados Unidos.
Luego de una serie de confrontaciones, la división terminó por consolidarse. El régimen norcoreano puso en práctica una política económica totalmente centralizada, dándole prioridad al desarrollo de la industria pesada y prohibiendo la propiedad privada y las operaciones de mercado. Adicionalmente se impuso la fuerte presencia del sector militar y la colectivización de la agricultura. Por el contrario, el gobierno surcoreano se inclinó por la aplicación de políticas económicas de mercado y el pleno reconocimiento de la propiedad privada. Incluso, el sucesor de Rhee, el general Park Chung Hee, impulsó después de 1961 el crecimiento económico a través de créditos y subsidios a las empresas exitosas.
Todo eso marcó una clara diferenciación entre uno y otro régimen: en Corea del Norte la producción industrial y agrícola se vino al suelo, y las hambrunas recurrentes no se hicieron esperar; al contrario, en Corea del Sur la inversión y el comercio se incrementaron substancialmente, lo que generó el continuo crecimiento de las diferentes industrias y las exportaciones.
Lo anterior se ve claramente reflejado en las imágenes satelitales que pueden los lectores ubicar a través de Google, escribiendo en el buscador lo siguiente: “imágenes nocturnas de las dos coreas”. Se sorprenderán al ver un estallido de luces en Corea del Sur, mientras que las penumbras invaden a casi toda Corea del Norte.
Volviendo entonces al inicio de nuestro artículo de hoy, tenemos que convenir que Venezuela debe verse en el espejo de la península de Corea. Allí está claramente reflejado lo que le deparará el destino según la ruta política y económica que tome.
El país tiene las condiciones para alcanzar un alto estadio de desarrollo, pero la dictadura cívico-militar, que hoy es clara minoría, se empeña en destruir nuestro futuro en beneficio propio y de la corte comunista mundial. Nuestro reto es enorme e histórico, pero las democracias del mundo tienen también que ser conscientes de que ellas no están exentas de las consecuencias que de allí se deriven. Tan sencillo como eso.

DESESPERANZA, DIÁSPORA Y SUICIDIO: ¡LA REVOLUCIÓN! (HÉCTOR SILVA MICHELENA, EL NACIONAL)
Dijo Camus en El mito de Sísifo: “No hay más que un problema filosófico verdadero: el suicidio”. Seguramente, el señor Eugenio, de 65 años de edad,  venezolano, que llevaba cuatro meses viviendo solo, no se lanzó del balcón de su edificio en Caracas para quitarse la vida por un argumento ontológico. Me baso en una noticia de Yahoo y Reuters, para mostrar que el gobierno miente sobre el escandaloso aumento de suicidios acaecido en los 20 años “revolucionarios”. Sabemos que en Venezuela es imposible verificar las cifras de mortalidad de la población porque el gobierno tiene un férreo control de las estadísticas desde hace dos décadas y no existen registros oficiales desde 2012.
La sonrisa dulce y bonachona de Eugenio un buen día se le borró del rostro. El suicidio de Eugenio tomó a todos por sorpresa. No tenía antecedentes de enfermedad mental y contaba con el respaldo de un grupo familiar que lo amaba. La familia estaba físicamente separada debido a la crisis que atraviesa Venezuela desde hace varios años. La primera en partir fue su hija Julia, quien agarró sus maletas y se fue a Chile en busca de un mejor futuro. Luego se fue su esposa, Mercedes, para acompañar a la joven en una convalecencia médica e iniciar su propio proceso migratorio. El plan era que todos se reunirían de nuevo en tierras chilenas para comenzar una nueva vida.
Pero Mercedes notó que algo andaba mal. Lo sentía cada vez más consternado y decaído cuando conversaban a diario por teléfono. La hermana de Mercedes fue a visitar a su cuñado y notó que ya no era el mismo. Lo percibió alterado. Le dijo que el presidente venezolano Nicolás Maduro lo tenía harto con su constante persecución a los opositores. Ella lo convenció de que era mejor pasar unos días en su casa para que se animara en compañía del resto de la familia y acordaron que saldrían a primera hora de la mañana. Fue una noche dura para ambos. Él no podía dormir y ella sentía miedo al verlo hablando solo en la oscuridad. Cuando amaneció, ella fue a colar café y él dijo que iba a ducharse para salir. Un vecino, que también había notado cambios en su ánimo, pasó temprano a saludar.
Pero llegó demasiado tarde. La cuñada y el amigo de Eugenio conversaban en la cocina cuando escucharon un ruido parecido a un fuerte portazo. Ella salió a buscar a Eugenio, pero no lo encontró dentro del apartamento. Al salir al balcón escucharon los gritos de testigos que vieron cómo Eugenio puso fin a su vida lanzándose al vacío.
Su  sobrina Laura accedió a dar su testimonio, pese al tabú que existe en Venezuela sobre el tema. “De todos mis tíos el que menos pensábamos que podía hacer algo así era él. Era profesor jubilado de Educación Física, era súper dulce. Nadie se esperaba algo así. De todos los perfiles de personas, el que menos encajaba en un suicidio era él”. Las trabas de la burocracia migratoria impidieron que Mercedes y Julia llegaran a tiempo para las exequias y tuvieron que conformarse con mirar el video transmitido en vivo mediante un móvil. “Fue muy triste. Todos estábamos callados y se escuchaban los sollozos de ellas dos”, dijo Laura.
Cifras oscuras: en Venezuela es imposible verificar las cifras de mortalidad de la población porque el gobierno tiene un férreo control de las estadísticas desde hace dos décadas y no existen registros oficiales desde 2012. Pero el Observatorio Venezolano de la Violencia, organismo no gubernamental dedicado a registrar y analizar la violencia y la conflictividad social, ha advertido un repunte de los suicidios a partir de 2016.
En su informe anual de 2017, el OVV señaló un significativo aumento de suicidios en algunas regiones del país. “En el estado Mérida, entre enero y noviembre de 2017 se quintuplicó la cifra de homicidios registrada en todo el año 2016. Ese incremento es de tal magnitud que supera la sumatoria de suicidios en Mérida durante en los últimos 4 años, y arroja una tasa de 19 personas por cada 100.000 habitantes”.
Para el OVV esa es una cifra significativa porque solo 20 países en el mundo superan la proporción de suicidios alcanzada el año pasado por esa región andina. Las fluctuaciones de los números de suicidios en el país parecen estar vinculadas con la situación sociopolítica. La primera cifra registrada por la Organización Mundial de la Salud sobre el tema fue en 1979, cuando se registraron 589 muertes por autolesiones. Durante esa época Venezuela atravesaba una extraordinaria bonanza proveniente de los aumento de los ingresos petroleros, después de la nacionalización de los hidrocarburos.
La cifra se fue incrementando de manera sostenida en los próximos 20 años hasta alcanzar 1.246 suicidios en 1999, año del triunfo electoral de Hugo Chávez y nacimiento de la llamada revolución bolivariana. Para 2002, la OMS registró 731 muertes por autolesiones, lo que representó un abrupto descenso que sorprendió a los analistas. Esa tendencia se mantuvo hasta 2012, cuando el Instituto Nacional de Estadísticas de Venezuela publicó las últimas cifras oficiales con 788 suicidios. El cese de la divulgación de los datos oficiales coincidió con el fin de la era Chávez, quien gobernó al país hasta su muerte en marzo de 2013.
El deterioro de la situación económica y social de Venezuela se ha acentuado de tal manera que el Centro de Estudios Latinoamericanos indicó que la contracción de la actividad económica durante 12 trimestres consecutivos “ha intensificado la destrucción del tejido empresarial, el incremento de la tasa de paro, la escasez de bienes de primera necesidad, el crecimiento exponencial de la inflación y el aumento sostenido de los niveles de pobreza e indigencia de la población venezolana, cuyo salario mínimo interprofesional suponía, hasta el 31 de agosto, menos de un dólar al mes”.
El “paquetazo rojo“ de Maduro, anunciado el 17 de agosto, dentro del cual decretó un aumento a 180 millones de bolívares, o 1.800 soberanos, equivalentes a 30 dólares para el momento. Ya se ha deteriorado, pues el FMI prevé contracción económica venezolana de 18% en 2018 y una inflación inaudita de 1.000.000%, para este fin de año.
La situación es tan desesperada que miles de venezolanos huyen a diario a pie por la frontera hacia Colombia. Los que se quedan buscan mecanismos para sobrevivir dentro de su precaria situación. Unos pocos se han hundido en la depresión y han optado por acabar con sus vidas para poner fin a sus penurias. Pero las historias de estas personas desaparecen entre el oscurantismo impuesto por el régimen bolivariano.
Los datos que se manejan son recogidos por institutos de investigación independientes como el OVV y profesionales de la salud mental como la psicóloga clínica Yorelis Acosta, quien aseguró en una entrevista a la cadena colombiana RCN que solo en Caracas hay suicidios a diario. La psicóloga señaló que una posible causa del incremento en los suicidios es la falta de medicamentos para las personas con trastornos psiquiátricos. “No consiguen su medicamento. Se lo toman interdiario, modifican las dosis y eso hace que se descompense”.
Testimonios de dolor: el Día Internacional de la Prevención el Suicidio, que se conmemora el 10 de septiembre, pasó sin pena ni gloria en Venezuela, pero al día siguiente las redes sociales se sacudieron con el mensaje desesperado de un profesor universitario que estaba pensando acabar con su vida.
“La verdad es que vivir, como ocurre en Venezuela, sin esperanzas de un porvenir con bienestar para personas como yo, profesor universitario jubilado, empobrecido hasta el mínimo nivel, no vale la pena. El suicidio me ronda la cabeza. No soportaré varios años más este sufrimiento”, dijo Sigfrido Lanz, profesor de Sociología en un post. Decenas de personas e instituciones se apresuraron en su auxilio. Su hija declaró a la prensa que estaba con su padre en todo momento y que no lo abandonaría. Pero otras historias compartidas en redes sociales dicen que ya las personas habían consumado el acto de acabar con sus vidas.
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