Santiago Díaz
Hace poco, se hizo pública una encuesta que dejaba muy mal parado al liderazgo opositor. Lo pavoroso no era que Maduro hubiera ganado algunos puntos o que el chavismo mantuviera a su núcleo duro a pesar de la crisis, sino que, en primer lugar, se observara a una clara mayoría que ya señala a las mafias del comercio y la agroindustria, así como al bloqueo gringo, como culpables de la crisis. La encuesta, además, mostraba que el bloque histórico con el cual siempre habían contado ahora está disperso y desconectado de los partidos y los nombres que llevan 20 años haciendo oposición. Para rematar, resulta que los números no salieron de cualquier encuestadora de esas que ellos a veces abrazan y a veces patean, sino que la hizo la mismísima UCAB.
Algunos chillaron, pero muchos recibieron el golpe con sorprendente calma. Supongo que estos números al fin explican todas las cosas que no tenían sentido cuando la banda sonora era aquel disco rayado de “Somos el 80% de este país”. Imagino también que debe producir cierto sosiego entender que, así como existen muchas personas que no simpatizan con ninguno de los dos polos, el chavismo también existe, tiene un núcleo duro y un partido grandísimo que, junto con sus aliados más pequeños y a diferencia de los partidos de oposición, jamás dejan de hacer política. Entiendo que debe ser una claridad muy triste, pero siempre es mejor cualquier forma de claridad que la cacofonía de estupideces que llevan años escuchando.
Eso sí, las señales de que no estaban ni siquiera cerca de ese 80% del cual hablaban siempre estuvieron allí. Los trancazos, plantazos, la violencia urbana, la quema de gente y todos los demás comodines fascistoides a los cuales han recurrido una y otra vez siempre han sido métodos de minorías fanatizadas. Cuando se tiene el 80%, basta pedirles a tus simpatizantes que se pongan un lacito de algún color en el pecho y vayan a hacer sus diligencias normales para darle un susto a cualquier gobierno. El problema es que, como no son la inmensa y aplastante mayoría que creían ser, la cosa se convierte en salir con el lazo en el pecho a trancar una calle y caerles a batazos a los carros de las personas que pasen y no tengan el bendito lazo.
Les toca, entonces, empezar desde cero. Olviden las convocatorias a las tres plazas donde siempre se encuentran. Ni se les ocurra tratar de llenar una avenida, porque harán el ridículo. En vez de eso, vayan ustedes, los supuestos líderes, al encuentro con la gente; ya no a tomarse fotos y dar autógrafos, ni a arengar y dar órdenes, sino a escuchar y hacer lo posible con el poco poder político que les queda para ayudar tanto como puedan. Seguro aprenderán muchas cosas y tal vez hasta se diviertan un poco.
@letradirectasd
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