En respaldo a la campaña #QuédateEnCasa, como medida de prevención de la pandemia por el Covid-19, el Instituto de la Cultura y Las Artes del Estado Trujillo (Incaet), bajo la presidencia de Johana Vásquez, dará inicio a la publicación de artículos relacionados con temas patrimoniales, iniciativa dirigida a fortalecer los lazos con la historia de la región trujillana.
Esta propuesta está siendo impulsada a través de la división de patrimonio a cargo del Historiador Marvin Albarrán, con el fin de ofrecer importante material de lectura a estudiantes, docentes y población en general, durante el periodo de cuarentena.
De antemano agradecemos el apoyo en cuanto a la difusión y promoción del mencionado material educativo.
Atte;
Msc. Griselda Castellanos/Prensa Incaet.
Los lavaderos públicos
Las raíces de un pueblo son el fecundo idilio del ser, es por ello, que los trujillanos tienen un vasto pasado que los denota como una sociedad rica en tradiciones e historia que contar a las nuevas generaciones. Son las voces anónimas quienes se resisten desde la oscuridad a ser relegadas al olvido implantado por una cultura que sepulta en las catatumbas del subconsciente todo lo que se encuentre impregnado con la esencia del pasado.
Pero el ADN histórico no puede ser arrancado de las venas de los moradores de estas tierras, ya que sus huellas están por doquier, clamando a gritos su sitial en los mostradores del presente que necesita nutrirse de sus aportes, sí, como las plantas necesitan de minerales, las sociedades necesitan de su pasado para enriquecer las fuentes que fortalecen el árbol de la identidad de la ciudadanía.
Tomando en consideración lo antes expresado, se hace necesario recordar la importancia que tuvieron para la población del Trujillo de los años 1940 los lavaderos públicos. Sitio de encuentro donde se manifestaban las necesidades económicas de un pueblo en crecimiento, donde sus habitantes vivían en los cerros, su mayoría, buscando una mejor calidad de vida, pero al contrario sufría el espectro de una marginalidad que los cubrió como sombra fantasmal al asecho de sus víctimas mortales e indefensas.
No es la figura de un pueblo débil, al contrario, se refleja el más hermoso gesto de lucha por la vida y la dignidad humana. Las escenas que se reflejaban de numerosas mujeres cargando desde las cimas de sus hogares las enormes cestas de ropa en sus cabezas, ya fortalecidas por el peso de la responsabilidad de llevar sustento a las casas, porque es necesario decir que las lavanderas trabajaban también en estos sitios que se convirtieron en un medio de subempleo, debido a que las familias adineradas pagaban los servicios de lavado de sus ropas.
Es importante tomar en consideración los expuesto por Medina (2007), quien infiere que gracias al ingenio y los grandes aportes que dio el Doctor Numa Quevedo en su gestión de los años 1940 al 1945, quien con su ojos agudos pudo observar la escasa capacidad del acueducto de surtir el agua a los hogares de la gran mayoría de familias que habitaba la urbe en crecimiento, toma la gran decisión de brindar una solución que pudiera apaciguar esta penurias. Ordena la construcción de cuatro infraestructuras para que sirvieran de sitio público del lavado de prendas de las familias trujillanas, ubicándolos en los siguientes lugares de fácil acceso al agua: Detrás de la emisora Radio Trujillo, en Santa Rosa, cerca de la actual cárcel pública del Estado Trujillo y por último otro en Las Araujas, cercano a la sede del actual Country Club.
Gracias a la sensibilidad y el amor manifestado por el Doctor a su pueblo, muchas familias de esta entidad logran menguar un poco la problemática del agua, además de obtener ingresos económicos para colaborar con el sustento de sus hogares; ya que para la época existían pocas fuentes de empleo para las amas de casa, que en su mayoría carecían de una educación básica, porque reinaba en estas tierras como en todos los pueblos que conformaban la República de Venezuela, el flagelo del analfabetismo que aisló del mundo de las ideas y sumió en la esclavitud de la ignorancia a gran cantidad de almas sedientas de conocimientos, que como seres hambrientos nunca pudieron saciar su hambre del saber ilustrado.
Es así, que es de vital importancia sembrar en la conciencia de nuestra juventud, la resiliencia y la capacidad de afrontar las dificultades que nos han legado nuestros ancestros, quienes a pesar de no contar con un sistema de agua que les llegara a sus hogares lograron dar sustento, honradez a sus familiares, y sobre todo ganas de luchar y mejorar las condiciones por sus carencias económicas.
Es por este motivo, que no se debe olvidar a estos héroes anónimos que dieron todo por dar un futuro mejor a sus seres queridos y sin grandes proezas demarcaron una historia que está inerte, en espera de quien la pueda hacer cobrar vida nuevamente.
Albarrán. Marvin. 2018. Mi Trujillo.
Fondo Editorial Universidad Experimental Rafael María Baralt.
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