martes, 19 de marzo de 2019

Por qué fracasaron, otra vez


Ylich Carvajal Centenoylichcarvajal@gmail.com
Son múltiples las determinaciones del más reciente fracaso del oposicionismo en Venezuela en derrocar al presidente constitucional de la República, Nicolás Maduro, pero intentemos enumerarlas sucintamente. 
La más obvia de las razones es que el presidente Maduro tiene un respaldo nacional lo suficientemente fuerte, sólido, que le permitió no sólo aguantar semejante “descarga de alto voltaje” en materia de sabotajes sino que, además, la crisis le ha permitido nuclear mejor las fuerzas que le apoyan y que le reconocen. No hay encuesta que valga ante el hecho cierto, innegable, de que ante la crisis la mayoría de los venezolanos reconocieron en Nicolás al jefe del Estado.
La capacidad de respuesta del Gobierno, de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB) y de la empresa Corpoelec que, a pesar de la magnitud y de la complejidad del ataque, logró en apenas cinco días recuperar el control del sistema eléctrico. Lo que, por sí sólo, echa por tierra las versiones que atribuyeron el apagón a faltas de mantenimiento y generación. Si así fuera, la empresa no hubiera podido en tiempo récord volver a electrificar el país. Corpoelec demostró capacidad para resolver esa crisis y que en consecuencia puede resolver cualquier otro asunto que desde el punto de vista técnico haya que atender.
Otra razón umbilical por el que fracasaron los saboteadores es que lo que queda de la dirigencia de oposición en Venezuela se niega tercamente a acatar un mandato claro que los venezolanos y venezolanas vienen dando desde 2014 cuando las primeras guarimbas. Queremos paz, que los conflictos que tenemos y que nadie niega se resuelvan por las vías democráticas y pacíficas. Pero la oposición más energúmena, que en su mayoría está ahora fuera del país, ha tenido éxito en imponer la agenda de la violencia a lo interno de la oposición pero no al país nacional.
Esto se ha agravado aún más porque Donald Trump y sus adláteres, Mike Pompeo y John Bolton, entre otros, que por lo demás son de una torpeza escala Mr. Bean, le han arrebatado el protagonismo a la desaparecida dirigencia opositora, pero ninguno de ellos mueve realmente a los venezolanos de oposición. Aunque el trabajo mediático entorno a Juan Guaidó ha sido intenso el diputado es un fuego fatuo, una tibia chispita, que no tiene para encender la pradera. Hay demasiado de Cartoon Network en todo esto y no estamos para shows ni comiquitas.
Pero lo que finalmente le puso el plus al fracaso oposicionista es que al “bajar la cuchilla”, saboteando a Guri, apagaron también su máquina de mentir, crispar y aturdir. Los llamados medios de comunicación social y las supuestas redes sociales, que siguen siendo las más potentes armas contra el Gobierno chavista se “auto suicidaron”. 
Hubo incluso un proceso de desintoxicación mediática y movidos por la necesidad y las difíciles circunstancias, pero también por ese corazón tricolor que tenemos los venezolanos, por esa belleza de pueblo que somos nosotros todos, brotó la solidaridad, la urbanidad, ese don de gente buena que tenemos y sobrellevamos ese ataque infame que pretendía que nos devoráramos unos con otros. Mucho pueblo hay aquí, mucha patria y mucha matria libertaria. Y un pueblo que ante semejante provocación no se desploma como Jericó ante los tambores de la guerra tiene sobre sí la protección de Jesús el Cristo.
¿Por qué entonces hubo saqueos en Maracaibo? ¿Por qué la explosión social que voceros de la oposición venían pregonando se concentró justamente aquí? ¿Por qué nuevamente volvemos a ser la excepción de la historia? No se apuren en sacar conclusiones. Ni durante la explosión social del 27 y 28 de febrero de 1989 hubo saqueos como los del 11 y 12 de marzo pasado. Ni cuando las guarimbas que destruyeron la ciudad y quemaron edificios públicos enteros la gente saqueo. La magnitud del hecho, se ha informado de unos 500 locales destruidos, habla de lo multitudinario del asunto.
Esperemos que el asunto decante, pero algo se rasgó en el tejido social de la ciudad, algo cambió en la Maracaibo de adentro, profunda, y más allá de las estridencias de siempre intentemos comprender como maracaiberos que somos ¿qué nos pasó?

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