Se atribuye a un brujo barloventeño la protección que le brindó siempre su pipa

La singular mañana del 24 de junio de 1964, las fuerzas protectoras de su pipa encantada salvaron al presidente del intento de magnicidio, pero reforzó el refrán que asegura que la lengua es castigo del cuerpo… y también de las manos.
Voceros de Acción Democrática aseguran que su líder, Rómulo Betancourt, nunca pronunció la premonitoria declaración: “Que se me queman las manos si he tocado el erario nacional…”.
Otros tantos dicen lo contrario. Tío Google da por hecho que fue durante un discurso por radio y televisión, además reseñado en prensa nacional.
Otros tantos dicen lo contrario. Tío Google da por hecho que fue durante un discurso por radio y televisión, además reseñado en prensa nacional.
Lo cierto es que en el atentado el político, escritor y miembro de la Generación del 28 pudo salvar su vida, pero no la integridad de sus manos ante los letales embates de aquellos 100 kilos de dinamita.
Lugar: el Paseo Los Próceres, en Caracas. Era la ruta de la caravana presidencial, como parte de los actos conmemorativos de tan importante fecha. Un moderno Oldsmobile aparcado en la orilla sirvió de coche-bomba, al mejor estilo del Medio Oriente. Cuando el vehículo presidencial se aproximara lo suficiente, un click activaría la poderosa carga para volar en pedacitos al mandatario adeco.
La cachimba era su amuleto
Rómulo, nacido y criado en Guatire, aunque muy preparado en asuntos de política, historia, sociedad y cultura, tenía sus propios ritos y creencias. Para él había un más allá y unos espíritus que desde planos superiores le enviaban mensajes que siempre le guiaron en su accionar, y ya le habían salvado en, al menos, dos atentados previos.
Según la leyenda urbana, halló en su inseparable pipa el amuleto protector.
Dicen que un reconocido brujo de Barlovento (tierra de comprobados encantos), que lo llamaba Romulito por puro cariño, le ensalmó la cachimba humeante con un esotérico ritual que transformó al cancerígeno utensilio en una “contra” que le protegiera la vida. Tamaño compromiso reposaba sobre los hombros de tan peculiar hechicero, cuya identidad se ha mantenido en secreto por ser parte del sumario de este cuento. Sólo se ha revelado que “ese negro es brujo, brujo es, mírale los ojos, color café…”.
Tampoco se sabe cuántos ramazos, ni botellas de ron y de aguardiente blanco, ni cuántos tabacos Manzanares fueron necesarios para conjurar la protección en esa fastuosa ceremonia con la que el curioso encantador garantizaba larga vida para Romulito, el maraco entre María Teresa y Elena, hijos todos del migrante canario Luis Betancourt y de doña Virginia Bello Milano.

Cábala y supervivencia
La mañana de ese 24 de junio, se cree, Rómulo estaba muy alerta debido a su intuición extrasensorial. Según un viejo periodista guatireño, también en el anonimato por ser parte de la investigación, el proceder cabalísitico del entonces presidente lo mantuvo muy atento. Se cumplían 139 años de la Batalla de Carabobo (en la que las tropas de Bolívar les dieron una felpa a los españoles). La sumatoria de esas cifras (1+3+9) da como resultado 13, un signo del azar. ¡Zape gato, ñaragato!, decía el líder adeco. Si fue el 13 de febrero de un año antes cuando tomó posesión, esta vez este bendito 13 podría ser una inequívoca señal de que algo podía ocurrirle…
Quizás no había dormido bien pensando en las cuentas pendientes con su conciencia denunciadora, ya que años atrás había emprendido una campaña internacional para lograr ante la OEA el desconocimiento del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo, a quien no dudó de señalar como el autor intelectual del atentado que terminaría apenas quemando sus manos, las que mostró vendadas ante la nación entera para hacer el anuncio públicamente.
Aseguran que su alerta extrasensorial lo hizo cambiar de vehículo. Logró salvarse, pero lamentablemente en la explosión perdieron la vida el jefe de la Casa Militar, coronel Ramón Armas Pérez, un segundo oficial y el conductor de confianza presidencial.
Un sumario aún oculto
Aunque Rómulo contaba con su brujo, su partido, sus adeptos, sus espíritus y su pipa encantada, se le olvidó que este pueblo es sabio, paciente y no olvida.
La realidad es que el chamán that was born in Barlovia (y sus poderes) protegieron al ex mandatario hasta el 28 de septiembre de 1981, fecha en que Betancourt murió tras un derrame cerebral en el Doctor’s Hospital de Nueva York, a los 73 años de edad.
P.S.: Un año después del atentado en Los Próceres, un lujoso Chevrolet, que hacía las veces de carro presidencial en República Dominicana, fue emboscado, y su pasajero principal acribillado. Aún no se da con el autor del sonado magnicidio. Otro top secret de este cuento; igual que el contenido de un texto famoso que, fallidamente, la cúpula de AD pretendió desaparecer de la faz del planeta. Se intitula Aves de Rapiña sobre Venezuela…
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Historias de Nuestra Gente | La caraqueñísima Conny Méndez cumpliría 121 años

“Yo soy venezolana, de la pura capital, del eje de mi tierra, del Distrito Federal. Yo busqué lo más central y no pudiendo en Catedral, nací en la esquina El Conde, en la propia calle real”.
Así le cantó Conny Méndez a la Caracas de sus ensueños, de su nacimiento y de su vida, a la que dedicó gran parte de su prolija producción artística, de la que dejó como huella palpable más de cuarenta composiciones musicales, obras teatrales, guiones y gran cantidad de libros sobre su particular visión de la metafísica, y otros tantos, en referencia al tan comercializado tema de la autoayuda, amado por muchos lectores y rechazado por algunos puristas literarios. Pero escribió.
Hija del poeta Eugenio Méndez y Mendoza y de Lasternia Guzmán, Juana de la Concepción Méndez Guzmán nació en plena Caracas –como lo dice su canción– el 11 de abril de 1898 (cumpliría 121 años), pero por compromisos familiares se mudó a Nueva York con apenas 8 años de edad. Distinta a infinidad de agentes viajeros (hijitos de papá y mamá), Conny aprovechó al máximo las experiencias y se graduó tanto en Artes Plásticas como en Música.
Con 22 añitos retorna a la Caracas de su pasión y hace las veces de colaboradora en publicaciones como El Nuevo Diario, Élite y Nosotras.
Las letras de sus canciones hablaban del compromiso con esta tierra de gracia, de la exaltación de la venezolanidad y, por supuesto, de la caraqueñidad, posición y perspectiva desde la cual hizo significativos aportes al folclor en líneas generales. Quizás su comprobado bagaje cultural le dio ventajas para desde lo específico, llevar su obra a todo tipo de público. Le cantó a Caracas. No hay dudas. Pero es que le cantó a Caracas en lenguaje infantil, juvenil y senior. Todo el mundo ha tarareado al menos una de sus canciones.
Las letras de sus canciones hablaban del compromiso con esta tierra de gracia, de la exaltación de la venezolanidad y, por supuesto, de la caraqueñidad, posición y perspectiva desde la cual hizo significativos aportes al folclor en líneas generales. Quizás su comprobado bagaje cultural le dio ventajas para desde lo específico, llevar su obra a todo tipo de público. Le cantó a Caracas. No hay dudas. Pero es que le cantó a Caracas en lenguaje infantil, juvenil y senior. Todo el mundo ha tarareado al menos una de sus canciones.
Conny escribió, cantó y actuó con tal aceptación que sus letras neutras desde lo político, pero densas desde lo conceptual y con elevado sentido de pertenencia, le garantizaron éxito a su producto intelectual, al menos en lo concerniente a las artes, a tal punto que su obra forma parte del Catálogo del patrimonio cultural venezolano (2004- 2008) del municipio Libertador del Distrito Capital.
En los años 50 actuó en Camas Separadas; y siguió su productiva carrera que dejó su firma en dos discos (LP) titulados A mi Caracas y Canciones Infantiles, además del compacto 100 años de amor y luz. Entre sus muchos libros destacan Memorias de una loca, El maravilloso número 7, Metafísica al alcance de todos, El librito Azul o Te regalo lo que se te antoje. Así de productiva fue esta ensayista, caricaturista y genuina expresión de la caraqueñidad.
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