Una situación crónica que empeora en la emergencia por el corona

COMUNIDADES SIN AGUA EN MARACAY EN PLENA PANDEMIA DE COVID-19
Severas fallas en los servicios públicos, escasez de combustible y la imposibilidad de muchos de pagar los altos precios de la comida necesaria para sus familias, ha sido la tónica general que ha marcado el primer mes de la cuarentena en el estado Carabobo.
En muchos municipios cada vez es más deficiente el servicio de agua, imprescindible para la vida cotidiana, pero más aún para cumplir con las exigencias higiénicas preventivas frente al Covid-19.
Hay comunidades que tienen dos y tres semanas sin el vital líquido y otras están en peores condiciones pues alcanzan año sin el servicio de agua potable, porque tres bombas de Hidrocentro están dañadas y no terminan de repararlas y ponerlas en funcionamiento. ¿D´ñonde están los reales? o ¿Dónde están las decisiones y la operatividad de los responsables del servicio y del gobierno regional?
"Tenemos que pagar 25 dólares por semana por cisterna, o buscar agua en carretillas, y hay vecinos que están construyendo pozos artesanales en el patio de sus casas, lo hemos notificado a Hidrocentro y no ha dado respuesta", alertó Adán Hernández, representante de una red vecinal en el municipio Naguanagua.
La gente, ante la falta de Estado más allá del control sobre la población, tiene que apelar a la respuesta autónoma organizada de la comunidad para hacerse cargo de sus propios asuntos como si no hubiese gobierno. Nos recuerda eso a la película de "El Niño que Domó al Viento" que construye una torre con veleta para extraer agua de un pozo en una comunidad africana en Malawi.
Hay comunidades de Valencia como San Diego, Guacara, Los Guayos y Libertador, en los que solo una vez a la semana sale agua de las tuberías. Carlos Fallar, habitante de San Diego relato que "Nos llega una sola vez a la semana el agua y además llega sucia y babosa. No podemos usarla para hacer comida, beber ni bañarnos".
Fallar también comentó las peripecias que está viviendo por la falta de gasolina. "Tengo un carro, pero lo muevo lo mínimo, para comprar agua potable que no puedo cargar por el peso. Pero todo lo demás lo hago caminando".
Las colas por combustible en la entidad no han cesado. Aún con la obligatoriedad del distanciamiento social se observa a grupos de personas que pasan hasta cinco días en cada una de las 22 estaciones de servicio.
Como si fuera poco, a todo lo anterior se suma las dificultades de los carabobeños para poder comprar comida por los precios que aumentan a diario.
José Araujo vive solo con su mamá y es quien sale a comprar lo necesario con el dinero de la remesa que le envía su padre desde Colombia, y que cada día le alcanza para menos. "Un kilo de granos cuesta dos dólares, el de queso seis dólares, y la harina de maíz pasó el dólar".
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