martes, 2 de enero de 2018

RESUMEN DE OPINIÓN – 02.01.2018




Fuente: A.E.



TEMAS ABORDADOS

TEMA: PDVSA, Economía 
MATRICES: Corrupción / Mafias dentro de Pdvsa / Contrabando de gasolina / Caída de la producción.

TEMA: Modelo socialista, Economía
MATRICES: Corrupción / Anarquía / Hiperinflación / Protestas populares / Hambre / Represión.   
    

BALANCE GENERAL

Editorial (El Nacional): “…Las realidades que se están conociendo, y que por años se habían mantenido ocultas a la sociedad venezolana, parecen superar con creces los peores pronósticos (…) los dos aspectos que, hasta ahora, han sido los más noticiosos, el de la corrupción y el de la caída de la producción de crudo y de gas (…) Pdvsa es, un campo de batalla entre varias facciones internas que luchan por los cargos, los contratos y por el control de las cuentas que todavía se mantienen fuera del país. (…) Además de una Pdvsa oficial hay una Pdvsa paralela, gestora principal del delito de contrabando de combustibles…”

Asdrúbal Aguiar: “…al asumir su causahabiente, Nicolás Maduro, predomina la primera, el saqueo del país en medio de una anarquía de liderazgos …”

Omar Ávila: “…La hiperinflación llegó al punto en el que el salario integral alcanza para cubrir las necesidades básicas de un solo día (…) Tan grave es la penuria del efectivo, que cualquier producto o servicio tiene tres precios que se incrementan por modalidad: uno con pago con billetes nuevos, otro con pago con “el duro de matar” billete de 100, y otro con punto de venta o transferencia (...) las nuevas protestas populares, ya no por razones políticas, sino por el hambre generalizada existente y que cada día se agrava (…)
Ya la FANB no está para proteger al pueblo, sino para matarlo a tiros. Quienes reclaman comida comerán plomo, al decir del irresponsable presidente y sus insensibles adláteres civiles y militares…”


ARTICULOS DE OPINIÓN

Editorial “De la economía del petróleo a la economía de las remesas” (El Nacional)  02 de enero de 2018 12:01 AM
En las últimas semanas han venido sumándose, unas tras otras, las peores noticias sobre Petróleos de Venezuela y sobre el estado general de la industria petrolera de nuestro país. Las realidades que se están conociendo, y que por años se habían mantenido ocultas a la sociedad venezolana, parecen superar con creces los peores pronósticos.
Y no me refiero solo a los dos aspectos que, hasta ahora, han sido los más noticiosos, el de la corrupción y el de la caída de la producción de crudo y de gas –que continúa bajando mes a mes–, sino a muchas otras innumerables cuestiones que, con la combinación de fuentes internas y análisis externos, están revelando una situación que, de forma legítima, es posible calificar de “destrucción avanzada” de la industria petrolera venezolana. La afirmación de que el régimen de Chávez y Maduro ha arrasado al núcleo de la economía venezolana es precisa, inequívoca y no contiene un ápice de exageración.
Pondré algunos ejemplos: Pdvsa es, ahora mismo, un campo de batalla entre varias facciones internas que luchan por los cargos, los contratos y por el control de las cuentas que todavía se mantienen fuera del país. Las condiciones físicas de los pozos, secuela de la falta total de mantenimiento, genera una consecuencia: la inmensa mayoría de ellos es irrecuperable, a menos que se hagan inversiones con ese objetivo. La clase técnica de Pdvsa, incluso los que permanecieron a lo largo de estos años en la organización, profesionales cuyos conocimientos son imprescindibles para la reactivación de la industria, ya no están en la empresa: se retiraron, se marcharon del país, fueron expulsados en las cazas de brujas que, especialmente en los últimos dos años, han venido ocurriendo en todas las operaciones petroleras.
Fuentes internas narran que, al igual que ha pasado con el parque de las líneas aéreas o con el Metro de Caracas, los equipos petroleros se dividen en tres categorías: destruidos, canibalizados y los salvados –una minoría que opera en condiciones de fragilidad y alto riesgo para los trabajadores–. Los daños ambientales –derrames de crudo y combustibles–, tema del que todavía no hay una estimación pública, son de una cuantía que compromete todavía más el patrimonio de los venezolanos. El nivel de siniestralidad –accidentes que han ocasionado muertes– es, ahora mismo, el más alto del mundo, superando incluso a las peligrosísimas operaciones petroleras en Rusia. Además de una Pdvsa oficial hay una Pdvsa paralela, gestora principal del delito de contrabando de combustibles, en alianza con militares responsables de la vigilancia en carreteras y fronteras. A todo lo anterior, aunque esta lista podría incluir decenas y decenas de otros ítems, hay que agregar la cuestión de los convenios secretos y opacos, que suponen la entrega de bienes nacionales a otros países y empresas, de forma inconsulta y sin el cumplimiento de los requisitos establecidos en la ley, lo que constituye una variante de traición a la patria.
Frente a este estado de cosas, el de una industria al borde del colapso, a punto de su derrumbe final, ¿qué hace el gobierno? Nombra de presidente a un militar que sabe de represión y no tiene calificación alguna para el cargo. Designa a un ignorante en la materia para conducir a una industria que es, lo quieran o no reconocer, complejísima, competitiva y cambiante, y que está gestionada en todo el planeta por expertos del más alto nivel.
Hay que recordar esto: cuando Chávez llegó al poder, Venezuela producía más de 3,2 millones de barriles de petróleo al día. Chávez nunca fue elocuente en sus expresiones de odio hacia Pdvsa. La caída de producción ha sido de casi 50%. Ahora, como una meta extraordinaria Maduro ha anunciado que, bajo la conducción del militar represor e inexperto en la cuestión petrolera, se logrará subir la producción a 1,85 millones de barriles al día.
La pregunta que los venezolanos deben hacerse es: ¿cuál es el objetivo del gobierno? La respuesta que ofrecen los economistas: generar ingresos para cumplir con los compromisos ya contraídos y pagar parte de la inmensa deuda que ha cercado las finanzas gubernamentales. Quiere decir esto que, de lograrse ese muy improbable aumento de la producción, ello no generará los recursos necesarios para resolver las necesidades del país. La producción petrolera se ha vuelto una realidad cada vez más ajena para la sociedad venezolana: Pdvsa no es de todos, sino de un grupo que la saquea, la corrompe, la destruye, la canibaliza, la pervierte.
Mientras, desde todas partes del mundo, los más de 2 millones de venezolanos en el exilio contribuyen a paliar, en alguna medida, los padecimientos de las familias venezolanas. Todos los días, desde los más diversos orígenes, personas llenas de angustia e inquietud hacen envíos de alimentos, medicamentos, ropas, materiales escolares y otros bienes imprescindibles para la vida. Hablo de miles y miles de kilos, cuyos costos de envío, la mayoría de las veces, supera con creces el costo de lo que contienen las cajas.
En adición, está el envío que se hace por múltiples canales, de pequeñas cantidades de dólares o euros que, cambiadas a bolívares, hacen posible la sobrevivencia, a pesar de que la política de control cambiario no hace sino añadir todavía más dificultades a las inmensas dificultades que son el signo de la vida cotidiana en Venezuela. Esta es una de las grandes paradojas de este momento venezolano: que somos los exilados los que, de alguna manera, aliviamos parcialmente el sufrimiento corriente de nuestros familiares y amigos, pero estas ayudas, que tienen un carácter humanitario y de emergencia, y que la mayoría de los exilados hace con un esfuerzo enorme de trabajo y sacrificios, es considerada ilegal por el régimen esbirro que, inconmovible, ajeno por completo al dolor ciudadano, mantiene vigente una Ley de ilícitos cambiarios que no es sino la hermana siniestra de la política de destrucción de Pdvsa.

Asdrúbal Aguiar “Venezuela, ¿república de virtudes?” (El Nacional) 02 de enero de 2018 12:07 AM
Dos cargas genéticas parecen condenarnos a los venezolanos como actores de una tragedia que, de ser tal, no tendría solución. Ellas predican la república como botín y, tanto para su solución como para su fatalidad, la inevitabilidad del caudillo; morigerado bajo la supuesta figura del “padre bueno y fuerte” que encarnaran el Libertador y el general Juan Vicente Gómez, durante los siglos XIX y XX.
En cuanto a lo primero, recuerda Andrés Bello (1810) que “en la gobernación de Venezuela era el hallazgo del Dorado, el móvil de todas las empresas, la causa de todos los males”. Y sobre lo segundo, basta leer cuando dice González Guinán en las páginas de su extensa Historia (1909), luego de prosternar y lapidar al Precursor Francisco de Miranda:
“En Bolívar estaba encarnado el genio… En él se encontraban maravillosamente reunidas las condiciones del Caudillo, las cualidades del guerrero, los talentos del estadista, la elocuencia del orador, la delicadeza del literato, la constancia del luchador, la firmeza del convencido, la resistencia del atleta, la reflexión del filósofo, la severidad de la disciplina, el desprendimiento de la abnegación, la grandeza de la generosidad y el íntimo convencimiento de haberlo organizado la Divina Providencia para creador y libertador de naciones”.
Guardadas las distancias ambas cargas se juntan, sin solución de continuidad, hasta la muerte de Hugo Chávez Frías. Luego, al asumir su causahabiente, Nicolás Maduro, predomina la primera, el saqueo del país en medio de una anarquía de liderazgos que no son tales por sus medianías y alergia a los libros. El saldo es el más trágico que haya conocido nuestro pueblo a lo largo de sus 187 años de vida republicana.
¿Es esta nuestra partida de nacimiento o el contenido raizal de nuestra identidad?
A finales del siglo XIX, Rafael Seijas apunta que “no es extraño que Venezuela no tenga todavía una historia completa”; de donde podría predicarse que la identidad nacional del venezolano es aún cosa germinal.
No obstante, el archivo documental más importante de nuestro magro tránsito patrio ya ha sido sistematizado, pero bajo la idea de una historia personalizada, hija del culto al caudillo. Francisco Javier Yañez, Cristóbal Mendoza y Antonio Leocadio Guzmán publican así, entre 1826 y 1830, los Documentos relativos a la vida pública de El Libertador de Colombia y del Perú, que actualizan el sacerdote y general José Félix Blanco y Ramón Azpúrua, entre 1875 y 1877.
De modo que, dónde hurgar sobre nuestros orígenes, incluso a tientas, no es tarea difícil. Demanda, sí, auscultar las entrelíneas. Y difícil es hacerse de una apreciación objetiva en cuanto a las primeras décadas de nuestra vida institucional. Su narrativa la escriben quienes la dominan o sus amanuenses, es decir, las espadas con su épico quehacer, a fin de mutilar o diluir el pensamiento liberal de sus verdaderas víctimas, los hombres de letras.
Hasta entonces, hasta el derrumbe de la obra emancipadora que arranca en 1810 y concluye en 1812 con la caída de la Primera República, investigadores de la talla señera de Pedro Grases señalan, sin embargo, lo que es distinto y alentador, a saber, la existencia de una Venezuela de ideas y virtudes a finales del siglo XVIII, sin la cual no se explicarían los años de la emancipación e independencia.
Bello, en su Guía de forasteros, afirma que “Venezuela tardó poco en conocer sus fuerzas, y la primera aplicación que hizo de ellas, fue procurar desembarazarse de los obstáculos que le impedían el libre uso de sus miembros”. Y es que para la época conocen los venezolanos la importancia de la libertad de comercio para el libre desarrollo social y político. Grases señala, además, que en el período correspondiente a las últimas décadas del ‘700, antes de que nos demos la primera Constitución, en 1811, el suelo patrio ve nacer a Francisco de Miranda, Andrés Bello, Simón Rodríguez, Simón Bolívar, Juan Germán Roscio, José Luis Ramos, Cristóbal Mendoza, Francisco Javier Ustáriz, Vicente Tejera, Felipe Fermín Paul, Francisco Espejo, Fernando Peñalver, Manuel Palacio Fajardo, José Rafael Revenga, Pedro Gual, el Padre Fernando Vicente Maya, Miguel José Sanz, Mariano de Talavera, Manuel García de Sena, Carlos Soublette, entre otros.
Se trata, con sus excepciones, del conjunto de nuestra primera Ilustración, parteros de un pensamiento humanista y democrático, dibujantes de nuestras aspiraciones como pueblo libre y soberano, guías del pensamiento político inaugural de la patria.
¿En qué momento y cómo se pierden o quedan ocultas, latentes, estas raíces fundantes, que nos dicen sobre otra Venezuela de valores, diferente de la bárbara y de botas que hoy nos maltrata?
Es esta, pues, la pregunta cuya respuesta, acaso, puede devolvernos el anclaje que nos permita mirar el porvenir con menos ánimo trágico.


Omar Ávila “Las 7 plagas de la revolución” (El Nacional) 02 de enero de 2018 12:04 AM
La hiperinflación llegó al insoportable punto en el que el salario integral que gana 80% de los venezolanos apenas alcanza para cubrir las necesidades básicas de un solo día al mes, y eso que no hemos tocado fondo. La situación se deteriora día a día.
Bastó que Maduro y su desgobierno interviniera el cono monetario y el efectivo se convirtió en otra mercancía más: escasa, cara e inaccesible para la mayoría. Tan grave es la penuria del efectivo, que cualquier producto o servicio tiene tres precios que se incrementan por modalidad: uno con pago con billetes nuevos, otro con pago con “el duro de matar” billete de 100, y otro con punto de venta o transferencia. Ni hablar de tener que pagar hasta 150% del valor del efectivo para quien tenga necesidad y urgencia de obtenerlo.
Mientras todo esto ocurre a pasos agigantados, muchos de los dirigentes de la "oposición" andan de vacaciones por el mundo. Carecen, tanto de la visión, como de la sensibilidad para apercibirse de la gravedad de la situación de millones de venezolanos, de todos los estratos quienes ruegan por salidas urgentes e impostergables.
El hecho de haber aceptado posponer “el diálogo”, y con él, el canal humanitario para el 11 de enero; es la lamentable demostración de lo que afirmo. Hasta “cadáveres insepultos” (al decir de Rómulo Betancourt) sufren del escrache de venezolanos indignados en Miami.
Comenzando el año 2014 desde Unidad Visión Venezuela venimos insistiendo que el hambre no espera por diálogo; que tampoco esperaba por revocatorio,  ni elecciones. Porque el hambre tampoco se va de vacaciones. Vaya irresponsabilidad de esa dirigencia que se quiere seguir abrogando una representación que no le pertenece y que no la merecen. Así que ya no es solo la falta de coherencia entre lo que dicen y lo que hacen estos voceros, sino que además con hechos concretos como estas “vacaciones colectivas” que ahora disfrutan, demuestran que no saben la magnitud de las carencias y necesidades del pueblo, que pretenden representar.
En otro ámbito de lo sociopolítico, el gobierno ya lleva prácticamente el mismo número de detenidos que los que ha liberado hasta la fecha. Pero con la salvedad de que los nuevos privados de libertad ya no son ni presos políticos, ni “políticos presos” -que es lo mismo- sino producto esta vez de las nuevas protestas populares, ya no por razones políticas, sino por el hambre generalizada existente y que cada día se agrava.
Ante esta situación, el gobierno ciego e indolente responde "con todos sus equipos de inteligencia", "con todas las fuerzas especiales" y con "todas las tropas de acción rápida", frente "a los grupos violentos". Es decir, en vez de responsables respuestas, lo que promete es “mano dura” y “poder de fuego” frente a la masas hambrientas. Ya la FANB no está para proteger al pueblo, sino para matarlo a tiros. Quienes reclaman comida comerán plomo, al decir del irresponsable presidente y sus insensibles adláteres civiles y militares.
Y no solo es comida, medicinas, gas, gasolina, agua y servicio eléctrico lo que reclama la colectividad; también protestan frente al engaño del voto fiado, por bonos, perniles o juguetes. La compra del voto es despreciable práctica desde los orígenes de la democracia. No obstante, es la primera vez que observamos que quien pidió y recibió votos fiados hoy son amenazados con cárcel, muerte y más hambre.
Con el socialismo castro-chavista-madurista nos han caído “las 7 plagas de Egipto”, agravadas y en simultáneo, o adaptándolo al presente podríamos decir que nos cayeron las 7 plagas de la revolución.
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Nelson Molina

Archivos adjuntos18:04 (hace 3 horas)
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