martes, 13 de agosto de 2019

Caso Bocaranda: Cuando el periodismo se pone al servicio del enemigo

OpinióN


Caracas, 13 Ago. AVN
Por: Antonio Núñez Aldazoro (*)

Las graves acusaciones que ha hecho públicamente el embajador de la República Bolivariana de Venezuela ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), Samuel Moncada, en las que acusa al periodista venezolano Nelson Bocaranda Sardi de ser agente local al servicio del Reino Unido, tras revelarse documentos en los que consta que el comunicador trabajó para divulgar bajo engaño auténtica propaganda de guerra, pone al descubierto un práctica perversa, anti-ética y que además podría considerarse jurídicamente como traición a la Patria.

Moncada mostró en su cuenta social de Twitter documentos en los que se certifica que Bocaranda prestó servicios a la embajada británica en Caracas durante el conflicto bélico entre ese país europeo y la República Argentina conocido como La Guerra de Malvinas, la cual se desarrolló entre abril y junio de 1982, concluyó con la derrota del país suramericano y con una cifra considerable de muertos y heridos.

Los papeles difundidos esta semana, los cuales se escribieron con la intención de no ser divulgados jamás, no sólo evidencian la "colaboración" que brindó Bocaranda a los británicos para convencer a la opinión pública venezolana de la aún vigente hegemonía imperialista de Reino Unido en la región, sino que también revela la captación de periodistas para divulgar propaganda o información dirigida a través de pagos y prebendas, acciones que aún practican misiones diplomáticas en países como Venezuela.

Práctica falaz

William Castillo, viceministro de Comunicación Internacional de Venezuela, en entrevista con la Agencia Venezolana de Noticias (AVN), indicó que los documentos divulgados por el embajador Moncada son de una gravedad incuestionable pues ponen en evidencia lo que ha sido una práctica falaz del periodismo en Venezuela, específicamente del periodismo corporativo que está al servicio de los intereses mercantiles e imperialistas y cuyos periodistas se presentan como "informadores", reporteros o trabajadores de la comunicación que hacen trabajos imparciales y objetivos, cuando en realidad son lo que calificó como "infomercenarios".

"Antes se les llamaba palangristas y hoy se les dice operadores de información porque usan el periodismo como fachada para defender determinados intereses", sentenció Castillo.

Asimismo, dijo que en el caso de Bocaranda no hay que sorprenderse pues su trayectoria como periodista al servicio de intereses corporativos y extranjeros es harto conocida. Sin embargo, sí resulta interesante que para la fecha del conflicto de Las Malvinas, el gobierno venezolano tenía una posición totalmente contraria a la adoptada por el periodista y favorable a la defensa de la soberanía de Argentina sobre el archipiélago.

"En aquel entonces, Venezuela fue uno de los países que se expresó a favor de la invocación que hizo Argentina del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, en el espíritu del tratado de 1947, e incluso mostró su disposición a enviar algún tipo de apoyo al gobierno argentino", recordó el viceministro Castillo.

Sin embargo, indicó que el propósito de los "infomercenarios" y palangristas de la época fue "poner a la opinión pública venezolana a favor de la potencia invasora".

Otro punto de reflexión para Castillo es la "colaboración silenciosa" que prestan los medios en los que laboran este tipo de periodistas. "Se hacen la vista gorda, saben que sus operadores de información están actuando y no tienen mayor interés o, lo que es peor aún, actúan en conveniencia con ellos", explicó.

A juicio de William Castillo, la revelación de este caso convoca a emprender dos acciones inmediatas. En primer lugar, mantener en constante revisión la memoria histórica y, en segundo lugar, la necesidad de reflexionar sobre la situación actual del periodismo venezolano.

"El periodismo no puede ser analizado cada vez que se cuestiona o se critica a un periodista y van corriendo a Ginebra a la Oficina de la Alta Comisionada para decir que se está violando la libertad de expresión, cuando son ellos los que violan el derecho a una información justa, veraz y equilibrada para el pueblo de Venezuela", expresó.

¿Sucede ahora con la Revolución Bolivariana?

Si bien el caso develado por el embajador Samuel Moncada data de 1982, la situación bien podría aplicarse a la Venezuela actual o, mejor dicho, a lo que ha acontecido en el país desde la llegada de la Revolución Bolivariana en 1999.

Es larga y conocida la lista de periodistas que, mostrándose como trabajadores de la comunicación que luchan por un ideal, en realidad son esos "infomercenarios" descritos por William Castillo. En otras palabras, "profesionales" que trabajan para satisfacer intereses corporativos y extranjeros que buscan la desestabilización y, en consecuencia, la interrupción violenta por la vía no democrática del Gobierno Bolivariano.

Ante la pregunta si podría estar repitiéndose el caso de Bocaranda en el contexto actual, el periodista y profesor universitario Werther Sandoval, no duda en responder afirmativamente.

"Sí los hay. El uso de los periodistas y en general de los intelectuales en tareas de construcción de opinión pública alineada a intereses predeterminados es de vieja data. Incluso la frase transformada en profesión de rango universitario, Relaciones Públicas, surgió a comienzos del siglo pasado en Estados Unidos, empleada luego como una estrategia destinada a que la población de ese país aceptara su participación en la primera guerra mundial", explicó Sandoval.

A su juicio, es a partir de allí que surgen las teorías de comunicación e incluso la necesidad de formar comunicadores en instituciones universitarias, dada la importancia de moldear y legitimar ante la opinión pública los intereses de quienes estaban detrás del manejo de los medios.

"Posterior a la segunda guerra mundial y, luego, en plena guerra fría, grupos de intelectuales fueron penetrados por los servicios de inteligencia que empleaban el prestigio de estas personas en sus respectivas áreas de conocimiento para legitimar causas ajenas y hasta contrarias a las que los mismos intelectuales pregonaban. La compra de conciencias por el puro interés crematístico tiene como antesala la construcción de conciencias anti-éticas, rociadas de baños de credibilidad. Para poder mentir hay que decir verdades y eso es lo que ha pasado con este personaje Bocaranda".

(*) Periodista y profesor universitario


AVN - 13.08.2019 01:35 pm

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