Msc. Griselda Castellanos/Prensa Incaet
Del farol al bombillo
Una imagen hermosa de un cuento clásico se nos viene a la mente, cuando las páginas de nuestra historia cobran vida en el relato de nuestros abuelos, quienes desde su juventud de dicha y añoranza nos cuentan cómo fue ese Trujillo de principios del siglo XX ,cuando las calles se iluminaban con el brillo poco incandescente del Farol de Kerosén y de ese personaje llamado “Farolero”, el cual tenía una noble tarea que con ardua devoción debía cumplir diariamente: encender la llama que iluminaba las calles y sitios de vital importancia de ese Trujillo tranquilo de aquel entonces.
Según Domínguez (1974), los albores del modernismo se hicieron presentes en Trujillo con la llegada al poder del General Timoleón Omaña, como presidente de ésta entidad, quien decide romper ese nexo de dependencia con el kerosén y darle un toque de brillo más fuerte a la ciudad, siendo así la creación de la “Compañía anónima de energía y luz eléctrica de Trujillo” en el año de 1915; la colectividad se sentía escasamente animada ante la idea de sustituir el Farol por bombillos, incluso creían que era un proyecto muy ambicioso para el momento, pero el General Omaña no era un hombre que se dejase convencer por el pesimismo y prosigue con su sueño y ordena el sembrado de barios poste en puntos clave de la ciudad.
Las personas al ver las nuevas estructuras comienzan a sentir curiosidad y ansiedad de ver cuál sería el resultado. El ingeniero responsable era el señor Jones, quien decide realizar una prueba previa un día antes de la inauguración de alumbrado público, específicamente el día 18 de diciembre del año 1916, a las doce de la noche, cuando pocas personas podían percatarse de la misma. La prueba fue un rotundo éxito y las pocas personas que estaban despiertas para el momento comenzaron a murmurar que esa noche el sol por un instante iluminó la penumbra y que su luz fue tan clara que se podía buscar una aguja en un pajar.
Es así que llega la tan anhelada noche del 19 de diciembre de 1916, todas las autoridades gubernamentales y habitantes en general se aprestan para observar el encendido oficial de la iluminación eléctrica de la ciudad, el operador procede a subir la cuchilla o interruptor y como por arte de magia surge un brillo tan incandescente que deja perplejo a los espectadores. Siendo esto un hito tan memorable que la ciudad se torna más concurrida por las noches y se observa el peregrinar de las personas hasta altas horas de la noche para observar las luces que adornan de hermosos matices las calles de Trujillo de principios de los años veinte.
El farolero cambio sus instrumentos por una vara con gancho que le permitía subir el interruptor a las 6:00 pm y bajar el mismo a las 6:00 am, se facilitó su trabajo, pero se vio en la necesidad de estudiar más y prepararse para el manejo adecuado de su nuevo empleo, ya que un pequeño error podía cobrarle su vida; porque la electricidad debía ser tratada con sumo ciudad para evitar una descarga mortal.
Barroeta (2012) plantea que en sus principios la electricidad fue empleada por los entes gubernamentales y después por algunos pobladores que poseían altas fortunas, mientras que los sectores como los barrios y campos se mantenían con la iluminación que les brindaba el kerosén en los llamados mechurrios o lámparas improvisadas, elaboradas de forma artesanal.
Es en los años 80 y fanales de los 90 cuando se da una mayor proyección y un sentido de inclusión para todos los niveles de la población Trujillana, la cual finalmente tiene absceso a éste importante servicio que nos hace la vida más cómoda en la actualidad, aunque desconozcamos los grandes esfuerzos realizados por nuestros antepasados para que hoy por hoy disfrutemos de éste beneficio.
Autor: Marvin Albarrán Docente de la UNERMB-Trujillo
Referencias
Domínguez, F. (1974). Paginas Trujillanas. Imprenta del Edo Trujillo. Venezuela
Albarrán. M. (2018). Luces en la historia de Trujillo Venezuela. Fondo editorial Español. Países Bajo
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