domingo, 28 de octubre de 2018

“Al pueblo hay que servir con calidad y caridad"


ítala Liendo Luzardo / Adriana González
Luis Bravo
Una invitación a servir con calidad y caridad hizo ayer el arzobispo de Maracaibo y presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor José Luis Azuaje, en la homilía de la Bajada de la Virgen de Chiquinquirá.
Manifestó  que la Chinita  baja para asistir y acompañar  al pueblo humilde, “Ella hizo del Zulia su hábitat, a cada uno de los devotos los considera su familia, en especial al pobre, que ha sido marginado. Es ese el pueblo que se acerca a esta casa (Basílica) todos los días pidiendo que oiga sus ruegos”.
El arzobispo  enfatizó que la Virgen “como Madre cuida de sus hijos enfermos, tristes, demacrados buscando el alimento diario, los productos que les permitan resolver su día a día. Ella conserva esto en su corazón maternal y cuida a quien busca a su Hijo (...) ”.
“El país vive momentos delicados, muchos de nuestros hijos e hijas se están yendo  por la precariedad económica, la violencia e  intolerancia. Ante esta realidad parafraseamos como María: ‘¿Por qué nos han tratado así (...) qué mal hemos hecho como pueblo? Ante la Virgen debemos asumir  el compromiso de servir al pueblo en sus servicios educativos, de salud,  en todos, con calidad y caridad”.
La misa celebrada este sábado se dio en una plazoleta repleta de feligreses. Los fuegos artificiales a dos minutos para las cinco de la tarde anunciaban el inminente inicio del acto religioso. En la plazoleta de San Juan de Dios, ansiosos feligreses, previamente, habían rezado el Rosario.
Hasta ese lugar,  a partir de las 4:40 pm,  fueron llegando las autoridades civiles. En primeras filas fueron sentándose el gobernador Omar Prieto, acompañado de Jessica Lucena, primera combatiente; los alcaldes de Maracaibo, San Francisco, Mara y Cabimas,  Willy Casanova y Dirwings Arrieta, Luis Caldera y Pedro Duarte, respectivamente. También estuvo el secretario de Gobierno, Lisandro Cabello, entre otros funcionarios.
En la tarima dispuesta para el altar, frente a la Basílica, decorada con flores de papel de color amarillo, estaban los sacerdotes. Todos aguardando el mensaje que daría monseñor   Azuaje, en su primera misa de Bajada como arzobispo de Maracaibo.
En su homilía, el prelado dio gracias porque la Chinita, en el día de su Bajada, “nos ha regalado a dos nuevos sacerdotes, Renzo Gotera y Dainer Prieto. Servirán al pueblo zuliano en nuestra Arquidiócesis de Maracaibo”.
Dijo que esto debe llevar a sentir el compromiso como pueblo por las vocaciones religiosas y misioneras. “Sí las hay, debemos  pedirlas y trabajarlas”.
Recordó que inicia un tiempo de esperanza, religioso, de un kairós especial porque serán 23 los días hacia el día solemne de la Patrona del Zulia. Invitó a pensar qué hará cada uno de los hijos de este pueblo de aquí al 18 de noviembre.
“Muchos se acercan solo este día de la Bajada, pero la Virgen a diario se asoma contemplar al pueblo donde ha querido quedarse. No tiene reparo en atender la súplica de cada persona. Ella es consuelo y alienta la esperanza”.   
Monseñor   habló del orgullo y la humildad. “Dios resiste a los orgullosos, pero da su gracia a los humildes”.
La sabiduría, dijo, “da la humildad necesaria para servir”. Describió que el orgulloso no tiene vocación de servicio. El orgullo y el orgulloso atropella, no confía; la humildad se entrega y entrega confiada. El orgullo se siente bien con sus fuerzas; la humildad se abre para que fluya la fuerza de otros en su vida, sabe de sufrimientos propios y ajenos”.
Narró que el orgulloso echa la culpa de sus errores a otros, mientras que la humildad reconoce sus errores y rectifica. “El orgulloso se lleva por delante a quien sea; la humildad ayuda a caminar en paz, en solidaridad”.
Pidió la bendición de Dios para los jóvenes y recordó que del 15 al 20 de noviembre estarán en Maracaibo  los signos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), a celebrarse en enero próximo en Panamá”. Finalizada la misa, comenzó el descenso de la Tablita por los 60 metros del tobogán que la acercó  hasta su pueblo. La gaita vibró en su honor.
La Virgen bendijo a todos y salió en procesión, aunque la cantidad de fieles impedía su avance hacia las 8:30 pm.  
Una nueva oración caminó por las calles del centro.
¡Bienvenida, Chinita!

Flores de esperanza

Más de 200 personas, entre miembros del grupo Santa Eduvigis, feligreses y voluntarios de la Basílica, elaboraron con papel las hermosas flores amarillas que colocaron en la tarima —donde se levantó el altar— y el mesón de la Virgen de Chiquinquirá. 
“El color es el de la esperanza y la unidad, dijo Vicente Izarra, diseñador y quien está al frente del citado grupo. “Desde las 6:00 pm del viernes comenzamos a adornar todo para la Chinita, quien me atrapó para estas tareas hace 10 años y yo me siento feliz”, dijo.

Gaitas y fuegos artificiales para la Chiquinquirá

Mientras la Tablita abandonaba su camerín, el ritmo pascuero de Los Chiquinquireños le cantó éxitos de ayer y hoy.  La feligresía no paró de gritar vivas a la Virgen y de tomar fotografías.
Las emociones subieron en la plazoleta cuando una espectacular lluvia de flores dio bienvenida a la Virgen, en el pórtico de su Basílica, a las 7:10 pm. Monseñor Azuaje y su obispo auxiliar recibieron el Retablo de manos de los servidores. Al regreso de su procesión, le cantó Alitasía.

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