Hoy el Zulia celebra la inauguración se su primer gran teatro, el Teatro Baralt y en esta ocasión citamos la historia oficial de este recinto patrimonial publicada por el historiador Jesús Semprún:
Con este nombre se han conocido dos edificaciones en el Zulia: la primera inaugurada el 24 de julio de 1883, con motivo del centenario del natalicio del Libertador y derribada a fines de la década de los inquietos veinte, para construir la segunda, inaugurada el 19 de diciembre de 1932 y que pervive todavía.
Esas dos construcciones se hicieron en el mismo sitio donde desde 1839 se colocó la primera piedra para un teatro de la ciudad, por la Sociedad Empresaria del Teatro, en la esquina noroccidental de la plaza Mayor, sin embargo esos trabajos se paralizaron dos años después y la Sociedad de la Unión se ocupó en contactar a los accionistas, además de constituirse las dos primeras compañías de teatro, la de Francisco Gallardo (1841) y la Sociedad Dramática de Aficionados (1842), con el fin de recabar fondos, surgiendo al fin el primer teatro (1847), que fue sólo un patio cercado con paredes de bahareque, con un escenario rudimentario, palcos altos y bajos, escaños de madera y lo único que estaba techado era el escenario.
En 1852, con la ayuda del gobierno, se inauguró un nuevo teatro en el mismo solar, el 28 de octubre de ese año, con la obra Lázaro o el pastor de Florencia de Bouchardy. Ese teatro se fue deteriorando con el paso de los años y el 28 de agosto de 1877, el presidente del estado Rafael Parra dictó un decreto para nombrar una Junta de Fomento encargada de construir un nuevo teatro, con anteproyecto original del ingeniero cubano Manuel de Obando y construcción de Manuel S. Soto; éste fue inaugurado el 24 de julio de 1883, durante el gobierno de José Escolástico Andrade como presidente del Zulia.
Era un edificio elegante, con pórtico de cuatro columnas y encima de éste, una terraza con barandas de hierro, de estilo dórico-romano, paredes de ladrillo y mampostería, techumbre de hierro galvanizado, aceras de mármol, con 12 mangueras giratorias que atravesaban verticalmente el edificio, para su mayor ventilación; medía 44 metros largo, 21 de ancho y 10 de alto, como típico teatro de herradura, con un jardín adyacente donde estaba ubicado el café y servía de patio de desahogo durante los entreactos.
El interior estaba construido con madera del país, con estilo de influencia árabe, el cielo raso pintado al óleo, representando las nueve musas en otros tantos medallones, que formaban una corona alrededor de la araña central, el pavimento del primer piso era de mármol blanco y las escaleras de madera pulimentada; todo el mobiliario fue traído del exterior; alrededor de las galerías discurría un corredor con las ventanas de las fachadas del edificio; sobre el gran arco del telón se encontraba el retrato de Rafael María Baralt y en los óvalos de la arquería del piso superior, sobre cintas plegadas estaban los nombres de importantes literatos venezolanos.
Fue el centro cultural de Maracaibo, por casi medio siglo, donde se escucharon conciertos, operetas, zarzuelas, se vio teatro y fue la cuna del cine en 1896 y 1897; sin embargo se fue deteriorando por la indolencia oficial y privada; a fines de la década del veinte, en el gobierno de Juan Vicente Gómez y siendo presidente del Zulia Vincencio Pérez Soto, se decidió construir un nuevo teatro; el primer proyecto fue del alemán Heinrich Eichnen, sumamente ambicioso y más tarde se encomendó esa tarea al ingeniero belga León Achiel Jerome Hoet (V.). Ese nuevo teatro, de arquitectura sobria, posiblemente tuvo su inspiración en la estación central del ferrocarril de Amberes.
Las dimensiones eran muy similares al del anterior, medía 30 por 40 metros, con 1.290 metros de superficie, con un pequeño edificio neobarroco anexo, de dos pisos, con una fuente de soda, servicios sanitarios, un patio jardín y una construcción al fondo para los camerinos y las escaleras de acceso a las tramoyas; este edificio medía 16 metros de alto, mucho más alto que el anterior; en el interior la altura variaba entre 14 metros en la escena y 12 en el vestíbulo, siendo los dos metros de diferencia para el desnivel de la platea; tenía dos pisos de galería y podía albergar a 900 personas en la platea, organizados los asientos en tres grupos, separados por dos pasillos longitudinales; mucho de su equipamiento fue importado y tuvo un moderno y completo equipo de cine parlante.
La edificación presenta referencias estilísticas de diferentes corrientes, sobre todo clásicas, antillanas y del Art Deco, tendencia de vanguardia en el mundo europeo y norteamericano; el pintor Antonio Angulo tuvo a su cargo la decoración del espacio interior del teatro, uniendo lo internacional con lo local: las formas geométricas, los colores fuertes y brillantes del Art Deco y del trópico caribeño; ese pintor decoró intensamente el techo o plafond, a su propio gusto y con el conocimiento de las revistas de arte, labor que no fue comprendida por parte de la sociedad marabina, muy tradicional y la cual se puede considerar como una obra contemporánea de gran significación para Venezuela.
Este teatro se fue deteriorando con el correr de los años, cuando dejó de ser el centro cultural de Maracaibo, al surgir otros en la ciudad; sin embargo siempre hubo un sentimiento de rescate del tradicional teatro y el proyecto le fue encomendado al arquitecto Paolo D’Onghia, quien debió resolver problemas técnicos de la fabricación, incorporar comodidades como el aire acondicionado, un nuevo servicio de iluminación, sonido y tramoyas; deseando crear un hall de entrada, se demolió la platea y al hacerlo se localizaron las bases de mampostería de la herradura interior del teatro de 1883, tomándose la decisión de conservarlas, a nivel del subsuelo, sosteniéndolas con una compleja estructura metálica, que generó una pequeña sala de actividades especiales, con piso diseñado por el pintor Francisco Hung.
Pablo Salas, arquitecto que trabajó en el proyecto desde sus inicios en 1985, ha dicho que debido a su fuerte conexión con la historia de la ciudad, el Baralt es hoy la restauración más importante de Venezuela. El 18 de julio de 1998, el presidente Rafael Caldera dio reapertura al restaurado teatro Baralt, al lado del gobernador del estado Zulia, Francisco Arias Cárdenas, tras trece años de trabajo cuidadoso y profesional. Desde el mismo momento de su reapertura (1998), su funcionamiento quedó a cargo de la Fundación Teatro Baralt (FUNDABARALT).
Desde el 5 de noviembre de 1981, el Teatro Baralt fue declarado Monumento Nacional, según Gaceta Oficial No. 32.347. El 25 de julio de 2013, se celebró los 130 años del Teatro Baralt con el estreno del montaje de la obra Fiesta de traje y la presentación del ensamble C4 Trío.
El 17 de mayo de 2014 inició las proyecciones cinematográficas con tecnología digital, ubicándose a la vanguardia tecnológica del cine nacional con el estreno de un nuevo Sistema de Proyección Digital de Cine – DCP, con sonido Dolby Digital y una pantalla especial instalados con la colaboración del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC). La inauguración de los equipos se realizó con la primera proyección en Venezuela de la película “La distancia más larga”, dirigida por Claudia Pinto Emperador.
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