Ferguson, EEUU, 8 de agosto de 2015.- Hace un año, el 9 de agosto de 2014, la muerte del joven afroamericano Michael Brown, de 18 años, asesinado por un policía blanco sin motivos obvios en la ciudad estadounidense de Ferguson, provocó una ola de indignación tanto en su ciudad como en el resto del país. En el primer aniversario de su muerte, la poblaicón anunció la convocatoria a una serie de actos que comenzaron este sábado.
Ferguson realizó una marcha silenciosa en víspera de la fecha. Cerca de 250 personas con pancartas reivindicativas recorrieron las calles de la ciudad rumbo a la comisaría de Policía. Los manifestantes exigían justicia para las minorías y respeto por parte de las fuerzas del orden. No se registraron sucesos y los eventos transcurrieron pacíficamente.
Encabezados por el padre de Brown, también de nombre Michael, y otros familiares, la muchedumbre marchó por una de las avenidas de Ferguson (centro de Estados Unidos) en las que el pasado noviembre se produjeron violentos disturbios después de que un tribunal decidiera no procesar al Policía blanco que disparó contra el muchacho de 18 años.

En la marcha participaron hasta niños. Fue acompañada de un amplio contingente policial. Los manifestantes corearon eslóganes como "¡Manos arriba, no disparen!" y "¿Por quién hacemos esto? Lo hacemos por Mike Brown". La manifestación concluyó en el Normandy High School, al que concurría Brown.

Entre otros eventos previstos para el domingo, los manifestantes mantendrán silencio durante 4,5 minutos. Eso se debe a que el cuerpo de Brown estuvo boca abajo en la calle por aproximadamente cuatro horas y media después de recibir los disparos.
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Hace un año:
Era el mediodía de 9 de agosto de 2014. Brown caminaba con un amigo por una calle de Ferguson, Misuri, cuando el oficial de Policía Darren Wilson les dio el alto. Tras un breve pero intenso forcejeo el policía disparó seis veces a Michael Brown, que murió en el acto.
Con Brown aún tendido en el suelo el oficial fue llevado al hospital, donde se le detectaron heridas menores. En su declaración Wilson alegó defensa propia, pero pronto empezaron a surgir versiones muy diferentes de testigos directos quienes afirmaban que Brown tenía sus manos en alto en clara señal de rendición. "Volvió a disparar y cuando mi amigo sintió el disparo se quiso tumbar en el suelo, pero el oficial disparó de nuevo, varias veces", contó uno de los testigos.
En cuestión de horas el caso hizo disparar la indignación en las calles de Ferguson. "¡Cuando alguien mata a una persona en este país nadie hace nada!", exclamaba una de las indignadas. "Esto está mal, es otra muerte sin sentido, nos utilizan para hacer prácticas de tiro", reclamaba otro.
Los ciudadanos sentían que de nuevo un policía blanco se excedía con un joven negro y exigían justicia. "En este país tratan mejor a los animales que a los jóvenes de color", denunciaba otro activista.
Unos días después el FBI abría una investigación, pero Wilson seguía libre y Ferguson ya no aguantó más. Las protestas subieron de tono y los disturbios se apoderaron de la ciudad, dejando atrás edificios incendiados, cargas policiales, saqueos y enfrentamientos. Las autoridades desplegaron a la Guardia Nacional, pero la fuerte presencia militar solo empeoró la situación y creó aún más indignación entre los ciudadanos, que sentían que pueblo era tratado como el enemigo.
"Después de deliberar durante dos días, determinamos que no existe ninguna causa para presentar cargos contra el oficial Wilson", decía el 24 de noviembre el veredicto del Gran Jurado, que dictaba que el policía no sería ni siquiera juzgado, y en cuestión de segundos Ferguson volvía a ser una olla a presión.
La población negra, harta de la discriminación y e injusticia, reclamaba cambios. La propia familia de Brown tildaba el sistema de injusto. "Queremos respeto… el sistema nos ha defraudado tanto...", denunciaba la madre del joven. El movimiento de protesta se expandió por todo EEUU, desde Nueva York hasta Los Ángeles.  /ORODRÍGUEZ