Prof. Miguel Guimet
La cristología es sin ninguna duda el tema principal de la teología sistemática. Necesitamos saber quién es Jesús para poder, por medio de Él [1] , llegar a la salvación eterna de nuestras almas. La cristología es aquella parte de la teología sistemática que estudia la Persona de Jesús y nos enseña con base en la Escritura quién es Él. Jesús mismo nos anima a plantear esta pregunta [2] .
Pero, ¿es muy difícil responder esta pregunta? En un sentido no es difícil, Jesús es el Señor y Salvador del mundo. Pero, por otro lado, la pregunta sí requiere un estudio detallado de la Biblia, porque la Biblia afirma que Jesús es Dios y que al mismo tiempo es hombre. ¿Cómo puede alguien ser Dios y hombre a la vez? Como notarán ya entramos en el tema central de la cristología.
Para todo aquel que acepta la Biblia como Palabra de Dios la divinidad de Jesús será un hecho innegable. La abundancia de citas que subrayan este hecho despeja toda duda. En la Biblia tenemos para Jesús nombres, obras y honor divinos al mismo nivel que el Padre[3] . El Antiguo Testamento nos presenta muchas promesas de un Mesías divino, por lo que podemos afirmar que la divinidad de Jesús no surge del cristianismo, sino que existió siempre en el judaísmo [4] . También en el Nuevo Testamento la divinidad de Jesús está presente en todos sus libros. Pensemos sólo en la introducción de Juan [5] , o en las declaraciones de Pablo en Colosenses [6] y en tantas otras partes del Nuevo Testamento donde no es posible negar que Jesús es Dios [7] . Especialmente en los evangelios tenemos un muy buen retrato de Cristo, donde vemos que es humano y divino al mismo tiempo.
Acerca de la humanidad de Jesús el mundo moderno tiene menos problemas. Muchos aceptan que Jesús fue un gran hombre, pero no Dios. Esto no siempre fue así. Hubo un tiempo en que se dudaba de la verdadera humanidad de Jesús, pensando que esta era sólo aparente. Igualmente, ante esta duda, la Biblia da una respuesta clara. Cristo aparece sujeto a las leyes naturales y sujeto voluntariamente y por amor a nosotros en obediencia al Padre. Así como su divinidad es igual a la del Padre, su humanidad es igual a la nuestra [8] . Jesús tuvo un cuerpo humano como el nuestro [9] e igualmente Jesús tuvo mente y espíritu como nosotros [10] .
El misterio de la persona de Jesús es que su plena humanidad y su plena divinidad se encuentran juntas en una única persona. Si bien esta unipersonalidad es un misterio, podemos establecer los límites de la enseñanza bíblica con toda precisión. Las dos naturalezas son plenas, Jesús es tan Dios como el Padre y tan hombre como nosotros y las dos naturalezas no se mezclan ni se separan, manteniendo cada una sus características inconfundibles. Veamos esto en un esquema:
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