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Andrimar Fernandez NP/El alcalde de Valencia, Miguel Cocchiola alertó al país sobre la situación extrema y delicada que se vive en los calabozos del Centro de Coordinación Plaza Bolívar de la Policía Municipal de Valencia, debido al hacinamiento de detenidos, cuya cifra ya asciende a 159, cuando el espacio físico es solo para 20.
Andrimar Fernandez NP/El alcalde de Valencia, Miguel Cocchiola alertó al país sobre la situación extrema y delicada que se vive en los calabozos del Centro de Coordinación Plaza Bolívar de la Policía Municipal de Valencia, debido al hacinamiento de detenidos, cuya cifra ya asciende a 159, cuando el espacio físico es solo para 20.
Esta situación se ha presentado desde hace más de un año y ha sido notificada a las autoridades en diferentes ocasiones, sin embargo el retardo procesal y el retraso en los traslados de los detenidos a los centros penitenciarios se mantiene, causando el colapso en los calabozos, creando condiciones peligrosas tanto para los allí retenidos como para los funcionarios de la Policía de Valencia.
Con preocupación, el alcalde Cocchiola alerta que ya son 159 personas, 15 de ellas de sexo femenino, quienes se encuentran allí retenidos por diferentes delitos, luego del control y patrullaje permanente que realiza la Policía de Valencia, en cumplimiento de sus funciones, de brindar seguridad a los valencianos.
El alcalde Cocchiola exhorta a las autoridades penitenciarias y judiciales a tomar las medidas necesarias para solucionar este problema que acarrean la mayoría de las policías del país, y que mantiene colapsado a los calabozos de la Policía de Valencia.
El calabozo está diseñado de uso transitorio, para que los detenidos permanezcan mientras son presentados ante el Ministerio Público y enjuiciados, sin embargo hay casos que tienen más de dos años esperando por el debido proceso.
Es importante mencionar que inicialmente el lugar acondicionado era de 60 metros cuadrados, con una capacidad para 20 personas, pero la situación obligó a ocupar otros espacios de la sede policial como comedor, el pasillo entre calabozos y patio y las áreas de descanso de los funcionarios.
Esta realidad de hacinamiento dificulta que las condiciones y derechos de los detenidos estén garantizados, no tienen espacio para sentarse y hasta les toca dormir de pie o por turno, han colapsado los servicios de agua, sistema de drenaje y energía eléctrica.
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