Otto Rojas
Milko Marín
Después de un “regaño”, uno de sus juguetes preferidos fue usado como un instrumento para quitarse la vida. La infancia de Luis Alejandro Palma se apagó, prematuramente, la tarde del miércoles en su vivienda del barrio Santo Domingo, en Los Haticos.
El niño, de 11 años, se ahorcó con el retazo de tela con el que había fabricado su pequeño papagayo.
A las 6:00 de la tarde del miércoles, sus dos hermanitos menores —de nueve y diez años— lo hallaron muerto al lado de la litera de madera en la que dormían todas las noches.
Los pequeños gritaron con todas sus fuerzas. Los alaridos dejaron que la abuela materna de Luis Alejandro dejara de coser un mantel en el patio de la humilde vivienda.
El miércoles, a “Luisito” —como le decían de cariño en el barrio— le llamó la atención su maestra, de quinto grado del colegio Cristóbal Colón, por haber dibujado un pene en el pizarrón.
La profesora le envío, anotada en su cuaderno, una citación a la madre para que asistiera al día siguiente al colegio.
“Luis llegó a la casa y no quería mostrar el cuaderno, pero uno de sus hermanitos se lo mostró a mi mamá (la abuela materna) que era quien lo cuidaba”, contó ayer, la progenitora, Joelys Machado, en la puerta de entrada de la casa donde ocurrió la tragedia.
“La abuela lo regañó y lo envió castigado para su cuarto, y en ese momento se ahorcó”, agregó.
En el colegio, la directora aseguró que Luis Alejandro era “un niño normal”. Dijo desconocer cómo fue el llamado de atención de la maestra.
La madre del menor no pudo contener las lágrimas al hablar sobre el mayor de sus tres hijos.
“Luisito’ era muy querido en el barrio. Le encantaba jugar fútbol con sus amigos y escuchar música (...) es una tragedia muy grande para la familia”, lamentó.
“Luisito’ era muy querido en el barrio. Le encantaba jugar fútbol con sus amigos y escuchar música (...) es una tragedia muy grande para la familia”, lamentó.
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