lunes, 5 de enero de 2015

De cómo en 2014 familias perdieron escrúpulos



“Siempre se debe creer lo contrario de lo que diga el enemigo”. Simón Bolívar

Brígido Daniel Torrealba (*)
Entre un 2014 que se va y un 2015 que llega es imposible no hacer unas reflexiones que sean compartidas, dada las situaciones por las cuales la familia venezolana ha afrontado innumerables desafíos. Quizá en los últimos meses unas soportaron fuertes latigazos desde afuera para que se separaran  o desintegraran, nada más porque eran vistas como amenazas por  grupitos externos que se niegan fomentar la unión y el progreso en una sociedad con oportunidades para todos.  
Otras debieron luchar con tal de nuclearse más en procura de defender su patrimonio, pero sobre todo lo armónicamente constituido por sus integrantes  y que se basa en el amor y el respeto mutuo. Algo que individualidades o grupúsculos desconsideran por  dejarse  envolver  de acuerdo a lo que dictan sus intereses particulares (¿coincidencia con la MUD?).   
Podemos imaginar, del otro lado, decenas de familias desaparecieron de su tradicional entorno urbanístico por no constituir un núcleo sólido, compacto, de uniformidad frente toda amenaza por perturbar la unión familiar, ya sea por aspectos económicos o sociales. Tales extremos lo conocimos acá en el país al ligarse miembros (especialmente jóvenes) a sectores ultraderechistas  y atentar contra vidas ajenas. También validamos aquellas que se separaron para fundar otras y seguir masificando la especie más transgresora del planeta Tierra: el hombre.
Sin embargo es lo indecoroso lo que más llama la atención a la hora de escribir esta nota que sale desde lo más hondo de nuestras entrañas porque lo que decimos acá no es tema de ficción o una entelequia apresurada.
Para muestra un botón, el Socialismo regenerado, repotenciado en la Venezuela del siglo XXI, que luce con hermandad ideológica y continental, se ve terriblemente amenazado a cada instante, a cada segundo, a cada hora sin que la zozobra deje de ser un estimulante para accionar mecanismo de defensa y fortalecer los vínculos que en todo proceso de construcción política, social, cultural suelen pregonarse.
Nos preguntamos entonces cómo se siente un padre o líder familiar cuando ve ante sus propias narices romperse como cristal la armonía con que sus hijos deberían comportarse ante las vicisitudes de una vida, cada vez más ligada hacia lo material y donde la espiritualidad es un negocio para sectores que saben cómo atraer corderitos para sus rebaños. 
Comprendemos entonces la larguísima época de orfandad que tuvo Venezuela al no contarse con un Hugo Chávez que le hablara claro a la nación, a un pueblo que se perdía en el sufrimiento, la ignominia, el dolor, la desesperanza. Ese pueblo, hijo de libertadores fue anestesiado para que se mantuviera en silencio, dormido, que ni se moviera con tal pequeñas élites se nutrieran de la herencia epopéyica de Simón Bolívar, aquel llamado Padre de la Patria que dejó un estilo de vida acomodada por irse a romper las cadenas oprobiosas de un imperio que al final le dio paso a otros para sujetar al mundo con la misma intencionalidad pero aplicando modelos propios de las potencias colonialistas, esta vez con uso desmedido del avance de la tecnología.
Chávez deja un mentor, un hombre probado para lides políticas en tiempos de agigantados pasos comunicacionales y que al inicio del año 2014, sabiendo la alta responsabilidad asumida para regentar los designios de Venezuela llama al diálogo, al cese de los hostigamientos, a amar a la paria, a quererla… nos demostraba el presidente obrero Nicolás Maduro que la política es un arte, una destreza dominada sólo por hombres y mujeres que se crecen ante la adversidad. Un padre que se montaba a hombros la paz, la seguridad, el bienestar, la felicidad de todas y todos, pero su don de gente y su investidura como Presidente constitucional fueron objeto de críticas, humillaciones, rechazo, burlas. Todo ello por opositores y simpatizantes al gobierno, inclusive.     
Las habilidades como llegaron a Miraflores representantes de la oposición a sentarse a conversar y posteriormente desconocer todo intento de buena voluntad no puede ser bien visto en ninguna parte del mundo. El chantajismo, engaño, manipulación y vileza desarticulan en todo momento los principios con que la democracia puede sostenerse. Con esa forma de actuar es que se hicieron pasar una vez más los de frac y de levita por santos e inocentes ante las cámaras de televisión de los distintos medios audiovisuales nacionales y extranjeros.
Y en muchos hogares, puestos de trabajo, universidades, clubes, espacios de convergencia  dichas tramoyas no dejaron de ser banalizadas.
En cuántas casas de familia divididas, hoy,  por preferencias partidistas se aplica razzia contra alguien que sigue bajo principios filosóficos, ecúmene y carente de vicios la avanzada del Proceso Revolucionario nuestro y en el que se cae en los juegos de los politiqueros de oficio haciendo trampas, timando, creando conflictos innecesarios. No en balde este accionar resta energías para apoyarse entre sí frente a la adversidad y desatinos con que decenas de veces no se acierta a resolver ante un problema casero nada más porque se sigue al pelo las actitudes de líderes negativos que buscan socavar los valores de la familia.
¡Ay de los testimonios que conocemos cuando se valen de ocasiones para dejar mal parado a un revolucionario que avanza por méritos propios! Que se equivoque en lo más mínimo para que vean cómo la vilipendian.
Los venezolanos somos parte de una gran familia. Si en casa convivimos cuatro y existe la necesidad de una lavadora o una nevera lo lógico es que nos apoyemos entre todos para adquirir una y crear hábitos para su uso y provecho. Pero eso deviene con el conversar, comunicarse. Los entuertos en que estamos cayendo por buscar soluciones a través del diálogo y conseguir lo que se me antoje producto de la violencia están haciendo un gran daño en hogares de clase media y alta como en estratos populares. Si tengo dinero sobrante me impongo ante el que tiene menos. ¿No es eso lo que vemos ante la búsqueda de dólares?
La revolución Bolivariana liderada en un tiempo por Chávez y ahora por Maduro nos abre al entendimiento de la causa patriótica. No tenemos que ser limosneros del imperialismo yanqui ni mucho menos dejarnos chantajear por mediocres que a veces saltan de donde menos se les espera. Con esta guerra económica intentando hoyar la moral revolucionaria los compatriotas tenemos que demostrar que somos más fuertes a aquellos hermanos en tiempos de la independencia. El egoísmo no lo ocultan por más que se tongoneen. Por eso la reflexión final de ser cautelosos. El frasquito de veneno de la traición es un producto de farmacia y en una familia esconderlo debajo de la almohada ya es una forma evidente de perderse los escrúpulos.
De Venezuela para el mundo: ¡Feliz año 2015!





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