Considerados uno de los mejores
legados del Presidente Hugo Chávez y lanzados ambos desde la república
Popular de China, el primero el 29 de octubre de 2008, y el segundo el
28 de septiembre de 2012, hoy los dos artefactos espaciales producen
beneficios en tiempo real tanto en el área de la telecomunicación
remota, como en la captura remota de imágenes del territorio nacional,
que aguas abajo tiene gran impacto social, económico y en la defensa de
la soberanía nacional, y a los que se agregarán los del Satélite Sucre,
próximo a ser lanzado por Venezuela también desde el gigante asiático.
Por Carlos Machado Villanueva / El Peatón
Caracas, 04 ene.- El ingeniero de
tecnología satelital, Carlos Aguilar, sostuvo que una de las razones de
peso para que las autoridades venezolanas firmasen el convenio con China
para la fabricación, lanzamiento y operacionabilidad del primer
satélite Venezolano, el “Simón Bolívar”, fue la garantía de que fuese
personal técnico venezolano el que manejase en un futuro inmediato este
portento tecnológico.
Fue el pasado 4 de diciembre, en ocasión
de la visita de representantes de los medios alternativos y comunitarios
venezolanos, en el marco del III Encuentro MAC-Cantv, cuando los
visitantes pudieron conocer de las voces de los ingenieros Carlos
Aguilar y Juan Crespo, fascinantes detalles de esta expresión palpable
de soberanía tecnológica, y por ende territorial y comunicacional, que
implica que nuestro país cuente hoy con dos modernos satélites, el
Simón Bolívar (Venesat -1) de comunicaciones y el Miranda (VRSS-1) de
percepción remota de imágenes.
El visitante de la Base Aeroespacial
Manuel Ríos (Baemari), quizá resiente el impacto de lo que ven sus
ojos, y entiende la razón estratégica que hay detrás de este “gasto
innecesario”, como lo quisieron hacer ver mediáticamente sus
opositores desde que el desaparecido presidente Hugo Chávez lo esbozó
por primera vez como un sueño realizable.
No obstante, García no duda en destacarlo
al inició de su intervención, al expresar que con su insistente
prédica de hacer de Venezuela una potencia de paz, el líder bolivariano
invitaba a ver más allá, como él lo hacía. Es decir, atisbar el
impulso que daría a ese su sueño, aguas abajo del desarrollo científico-
tecnológico-industrial, la posesión y el manejo de una tecnología de
punta, en esta caso la espacial y por extensión la satelital, y como ha
sido demostrado en el tiempo, trasladable sus invenciones a otras ramas
del saber y el hacer humanos.

El joven profesional, perteneciente a la
primera cohorte de técnicos formados por los chinos en Baemari, recuerda
además que una de las razones por la que Venezuela entra en la carrera
espacial por primera vez es para darle cumplimento a lo establecido en
el Artículo 11 de nuestra Constitución acerca del uso para fines
pacíficos del espacio.
La mano de Da Vinci
A lo lejos la intensa luminosidad sobre
su área de emplazamiento terrestre permite descubrir un esfera y como
una especie de hongos gigantes blancos, sólo que con su bulbos en forma
de cuarto de luna puestos al revés sobre sus tallos y apuntando al
cielo, advierten al visitante que está llegando a la estación terrena de
control satelital Baemari.
Por esta época del año sobre Baemari se
posa un tipo de nubes muy llamativas dada su perfección, semejando
muchos copos de algodón en seguidilla, y cuyas bases extrañamente
siguen una imaginaria línea recta, como si descansaran sobre una tabla
invisible cual delicioso postres de blanquecina crema.
Todo en esta infraestructura pareciera
tocado por la perfección, diseñado por la mano de una especie de
Leonardo Da Vinci, o varios, de nuestros tiempos. Al traspasar la puerta
del edificio principal la luz solar que entra por una especie de
tragaluz en forma de cono, impide olvidar al visitante que se encuentra
en un lugar donde el centro de todo es el cielo, por cierto de un azul
como de fotografía, por su nitidez.
Y al verse obligado a mirar hacia lo alto
de ese cono, la mirada del visitante se encontrará de nuevo con ese
espacio desde siempre insondable para el ser humano, y que desde su
infancia prehistórica lo impulsa a descubrir sus secretos y
aprovecharlos, como sucede hoy con la tecnología satelital, para su
bienestar; deparándole cada día más sorpresas gracias a las cada día
más desafiantes tecnologías espaciales, de las cuales la de los
satélites es apenas sólo una pequeña parte.
La maqueta que está a la entrada del
edificio principal de Baemari, permite en una rápida mirada al visitante
ordenar en su psiquis todos los objetos que su mirada trata de abarcar
cuando llega a este lugar, y lo que seguramente se le viene a la mente
es una cancha de fútbol, sólo que con una gigantesca pelota de fútbol en
una de sus esquinas como esperan el pitazo del árbitro para el saque de
“corner”.
Se trata del así llamado “domo protector ”
contra las corrientes corrientes de aire, que cubre a la imponente
antena parabólica contenida en su interior, y que interactúa
diariamente con el satélite de percepción remota de imágenes Miranda,
el segundo lanzado por Venezuela desde China.
Es tan rápido y sorpresivo para el
visitante el movimiento para colocarse en su posición inicial ejecutado
por esta antena, que en ese preciso instante momento pareciera que
aquella se quiere salir del cascarón cual pichón me de un “theroláptido
mecánico”, como si se tratase de una película de ciencia ficción.
Así se empieza… a ser potencia
Su presencia sigilosa, su característica
morfología ocular y unos simpáticos signos escritos en papel, colocados
al lado de los anuncios escritos en español que advierten sobre las
normas a seguir en Baemari, ponen al visitante al tanto de la presencia
de personal técnico de la República Popular China en sus instalaciones
en calidad de asesores, lo cual obedece a una razón de peso si se habla
de soberanía tecnológica como veremos.
“No tiene sentido que no lo manejemos
nosotros”, expresaría Aguilar en su disertación acerca de la experiencia
con el primer satélite venezolano de comunicación, el Simón Bolívar, y
que por ello, “se firma el convenio de transferencia de tecnología”
satelital con China. “Fueron los únicos que dieron ese paso”, aclara.
Y agrega, como para reforzar la visión de
potencia, “la Agencia Bolivariana Aeroespacial (Abae), adscrita al
ministerio para ciencia, tecnología y educación universitaria,
desarrolla proyectos de tecnología, y próximamente va a fabricar
satélites”, ello “para que se cree una cultura a nivel aeroespacial, que
haya propuestas, que haya inventiva, que haya invención tecnológica”,
puntualiza Aguilar.
Aguilar recuerda que fue el 10 de enero
de 2009 cuando las autoridades espaciales de China transfieren
plenamente “el control de nuestro satélite”, y que ello ha conducido a
que 5 años después Venezuela esté ya en capacidad de fabricar satélites
pequeños, es decir, de menos de una tonelada y 5 años de duración.
Siempre surge la pregunta, indica, acerca
de que en Caracas no es percibida la utilidad del satélite Simón
Bolívar, debiendo aclarar que ello obedece a que la ciudad capital tiene
alto niveles de conectividad en servicios de telecomunicación, solo
posible, aclara, con altos costos de inversión.
“¿Pero qué pasa con el 70 por ciento del
territorio nacional?, se pregunta. Pues que al operar este satélite como
“una especie de espejo” , la información que se le envía es rebotada a
su vez, por ejemplo, a los centros bolivarianos de informática y
tecnología (Cebit) adscritos al ministerio para la educación, a los
infocentros, a las escuelas, liceos, núcleos universitarios y
hospitales “en las zonas más apartadas del país”, y gracias a lo cual
pueden beneficiarse la comunidades impactadas, como sucede en el caso de
la realización de operaciones quirúrgicas vía satélite, o telemedicina,
y con las clases de educación universitaria, vía teleducación.
Miranda y Sucre en el espacio
El ingeniero, Juan Crespo, experto en el
manejo de satélites formado en China, revela que el satélite Miranda o
VRSS-1 está equipado con una cámara fotográfica “pancromática
multiespectral de alta definición, lo que en otras palabras significa
que puede tomar fotografías del territorio venezolano con una distancia
de hasta 2 metros incluso del objetivo a fotografiar.

Crespo informa además que los sistemas de
filtros oculares le permiten al Miranda tomar fotografías en las que se
puede ver de manera diferenciada los diferentes cultivos en un
territorio determinado, y mejor aún los cultivos ilícitos, pero además
las pistas clandestinas de aterrizaje aeronáutico.
De la misma manera, este portento
tecnológico permite obtener información geológica, movimiento de placas
tectónicas, una vez configurado para estas tareas. “Podemos contener
desastres naturales”, acota.
Las fotografías tomadas por el Miranda,
una vez procesadas, servirían para la planificación urbana, y para el
levantamiento cartográfico nacional, servicio que antes se contrataba a
empresas extranjeras, sobre todo estadounidense, con lo que ello
conlleva para la pérdida de soberanía.
De igual modo, estas tomas aéreas
permiten luna mejor gestión ambiental, “esto es el constante monitoreo
por crecidas o por cambios en el nivel de las aguas”, indica Crespo.
En este sentido, en su intervención
previa el ingeniero Carlos Aguilar revela que al Satélite Sucre, también
de percepción remota de imágenes como el Miranda y próximo en ser el
tercero de Venezuela lanzado al espacio, igualmente desde China, se le
ha incorporado una innovación, cual es un conjunto de censores térmicos
que permitirán tomas fotográficas en las que serán detectados objetos,
plantas, cultivos, etc., por el calor que emiten
Si algo no se puede negar y que el
ingeniero Caros Aguilar expresa muy bien en forma de metáfora, es que
si el satélite Simón Bolívar es la voz y el oído soberano, el Miranda, y
el Sucre una vez lanzado, son los ojos que cuidan la soberanía
territorial, marítima, acuática y espacial de Venezuela.


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