
Esta tragedia esta históricamente enmarcada en el desbordamiento del río que dejó bajo las aguas a Mata Seca y El Progreso en el municipio MBI
Corría el mes de septiembre del año 1987, cuando en plena temporada de lluvia las precipitaciones se intensificaron con más fuerza, así que ante todo pronóstico y como un “arrebato” por parte de la naturaleza, un diluvio terminó cayendo en la región aragüeña en donde los pobladores tuvieron que vivir una de las tragedias fatales más grandes en su historia como lo fue la de El Limón.
Las insistentes lluvias registradas los primeros días del mes, se incrementaron la noche del domingo 6 de septiembre cuando el río El Limón salió de su cauce llevándose todo lo que encontró a su paso incluyendo vías, viviendasy decenas de personas.
Este trágico escenariovivido en el municipio Mario Briceño Iragorry, tuvo réplicas en distintos sitios de Maracay y Ocumare de la Costa, en donde los reportes registraron 100 muertos, 90 desparecidos, 300 heridos y miles de damnificados.
La angustia, el dolor y la muerte, dejaron una marca imborrable entre los habitantes de El Limón, quienes pasaron horas sufriendo la caída de un torrencial aguacero y posterior crecimiento y desbordamiento del río, en donde además se desprendió parte de la montaña del parque nacional Henri Pittier cubriendo todo a su paso.
En medio del lodo producto de la tierra de la montaña, árboles caídos y piedras se esparcieronen diferentes calles y zonas de sectores como El Progreso, Mata Seca, La Candelaria, Caña de Azúcary El Limón.
HUELLAS DE UNA TRAGEDIA
El cronista e historiador del municipio, Otman Monasterios, recordó; “quienes estuvimos presentes nunca olvidaremos cómo el caudal se llevaba a su paso, no solo casas y materiales, sino también a personas que hasta la fecha siguen sin aparecer”.
Con 15 años de fundada para ese año, la Sociedad Ecológica Conservacionista del estado Aragua (SECA), la cual es una fundación sin fines de lucro adscrita a Protección Civil se hizo de todos sus colaboradores para ayudar a quienes cargaron sobre sus hombros el dolor de perderlo todo en una noche.
Ese día la inmensa tempestad bloqueó todos los caminos de acceso, ocasionando que las personas quedaran atrapadas en sus casas. “Nosotros no pudimos pasar de La Candelaria hacia El Limón, porque el puente que los comunica fue rebasado por la cantidad de agua y aunque había gente que quería pasar o salir fue imposible; sin embargo, los que intentaron realizar esa hazaña, terminaron arrastrados por la fuerza del río”, comentó Monasterios.
Cuerpos de personas entre el lodo no fue lo único que observaron los habitantes, sino que en la actualidad aún llevan grabada en sus memorias cómo el río llevó a su paso todo tipo de artefactos comobombonas de gas y animales.
Con una cantidad de más de 180 milímetros de agua, suma que es aceptable en dos meses de lluvia normales, según las consideraciones oficiales de los organismos encargados del área, se originó el desbordamiento, derrumbes y aludes de tierras.
En zonas como La Candelaria hubo anegación de lluvia por lo que no se registraron pérdidas, sin embargo, el agua alcanzó el metro de altura dentro de las viviendas.
Las pérdidas de casas alcanzó cifras mayores en sectores como El progreso, Mata Seca y algunas partes de Caña de Azúcar, aunque a pesar de haber transcurrido más de dos décadas no hay números concretos al respecto, lo que sí es un hecho es que gran parte de Mata Seca y El Progreso desaparecieron.
CERRO ARRIBA
Hay otro escenario vinculado a lo que pasaba en las zonas urbanas de El Limón, y es sobre las personas que se encontraban en la costa de Ocumare, quienes al verse atrapadas en medio de la tragedia sin poder regresar por carretera, tuvieron que ser trasladadas por la Armada hasta las inmediaciones de Puerto Cabello, en el estado Carabobo.
La agonía de aquel 6 de septiembre se prolongó para quienes sobrevivieron, ya que la magnitud del desastre terminó separando a familias que hoy no tienen un lugar exacto donde honrar a quienes no lograron salvarse.
A 28 años de aquel fatídico suceso producto de la naturaleza, los caídos siguen estando presentes en las mentes de sus seres queridos, los desaparecidos continúan inundando de emociones a quienes no superan su ausencia y los sobrevivientes deben luchar a diario con el recuerdo doloroso de lo vivido; sin embargo, todos los involucrados se reúnen en esta fecha para enaltecer a esos héroes que de alguna u otra manera ayudaron a salvar vidas.
UNA ALARMA QUE NO AVISÓ
El también fundador de SECA, indicó que aquel año hubo un convenio entre el gobierno venezolano, presidido en esa época por Jaime Lusinchi, y el gobierno japonés que permitiríainstalar sistemas de alarmas que avisarían a la colectividad sobre una posible catástrofe, sin embargo, esta advertencia nunca llegó.
“Era como una especie de radio que no funcionó y que actualmente sigue sin trabajar adecuadamente, sobre todo porque los espacios donde se encuentran no están en óptimas condiciones”, detalló Otman Monasterios.
Monasterios exhortó a la ciudadanía en general a tomar conciencia a la hora de construir urbanismos en zonas vulnerables. “A pesar de haber sufrido esta desventura la gente no termina de aprender de las lecciones, ya que cuatros años después del desastre los damnificados volvieron a construir sus casas en el mismo sitio donde ocurrió el diluvio”, por lo que advirtió: No se puede construir en tierra de arena ya que en cualquier momento el río tomará nuevamente su cauce.
Franneidy Tinoco Vargas
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