miércoles, 14 de septiembre de 2016

50.000 AL DÍA SIN ESFUERZO

Epale

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ODIADO Y PERSEGUIDO, UN BACHAQUERO EN EL CENTRO DE CARACAS PUEDE SACAR ESA GANANCIA EN PROMEDIO SI SE SABE MOVER. ASÍ LO CUENTA EL FLACO, UNO QUE NOS ECHÓ SU CUENTO 
POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO
Lo observo un rato antes de entrarle. A lo mejor no es el más que tal, pero se ve que le ronca. Reina en uno de los territorios más malevos del Centro de la ciudad, en uno de los oficios más oscuros y controvertidos. Se desplaza como un guepardo al acecho. Se detiene, le hace señas a otro, observa a una mami pasar, se acomoda la gorra. Se retira hacia una esquina. Le caigo.
—MI PANA NECESITO ENTREVISTAR A UN BACHAQUERO
—¿Qué quieres saber?
—¿CÓMO HACEN?
—¿Cómo hacemos qué?
—BACHAQUEAR
No habíamos acabado el primer escarceo y ya estábamos rodeados. Siete o más habían formado una muralla a nuestro alrededor. Él tuvo que explicarles: “Helmanos, este pana es repoltero, quiere sabé cómo es la roncha que pasamos pa’ podé medio comé como come la jalta clase, como quien dice, vamo a dale”. Textual, con la jerga de la calle, sin otra intención que establecer con claridad el contexto.
Aquí no vale paso en falso. A los minutos estábamos rodeados por una segunda barra amurallada, esta vez de policías, atentos a lo que se cocinaba en las entrañas del reino de la venta informal, en pleno centro de Caracas. A alguno lo requisaron, a otro le pidieron los papeles.Nos sondearon por largo rato, sin demasiado entusiasmo por penetrar nuestro campo gravitacional. Por suerte.
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“Mano, yo soy el primero que quiere que esto se acabe: quiero trabajar normalmente, tener comida en el mercado para ir a comprar y llevarle a mi familia, tener mi día de descanso”. No le creo, pero le digo que ese razonamiento lo dignifica. Se toma el pantalón por el cinto y lo estira. “Mira esta vaina, yo pesaba 140 kilos, ahora estoy en menos de 70, en menos de un año”. Tampoco le creo, pero me muestra las estrías de sus caderas.
Si hemos de nombrarlo de algún modo lo llamaremos Flaco, porque parece un fideo y porque es posible que le caiga la Ley Orgánica de Precios Justos (LOPJ) por notitia criminis. Son cinco años de cana y multas hasta de 1,7 millones de bolívares por el delito de reventa de productos de la cesta básica. Es guariqueño, vive en la Cota 905, tiene mujer e hijos, 29 años como mucho. Ni aspecto de malo, ni de bueno. Es un sobreviviente.
—¿CUÁNTO PUEDES SACAR EN UN DÍA?
—50.000 —me dice sin anestesia, sin pensarlo demasiado. Ni horarios, ni jefes, ni sindicatos. Yo también lo pensaría, tomando en cuenta que el sueldo mínimo de cualquier trabajador venezolano es de Bs. 22.576,50 al mes y que el monto en cesta ticket quedó en ocho unidades tributarias por día laboral, es decir, Bs. 42.480, lo que nos permite hablar de 65.056,50 como sueldo mínimo mensual, vigente desde el 1° de septiembre. Precisa —A eso debes quitarle 10.000, que es más o menos la inversión en mercancía, unos 2.000 en mototaxi y otros 10.000 que hay que tener caleta para la matraca. Tarde o temprano te van a martillar —sí le creo.
No es fácil la vida del bachaquero, denominación que se popularizó para identificar la modalidad del trabajador informal dedicado a la reventa de productos de la cesta básica con porcentajes de ganancia muy por encima de su costo estimado, hasta niveles irracionales. Según lo cuenta Flaco es un estrés. No solo por el ajetreo que implica estar al margen de la ley sino por la necesidad que tiene de llevar comida a casa, confrontar “al gobierno” y pelear con las mafias.
“Esto es un trabajo”, insiste. De lunes a lunes, con una rutina que implica moverse ágilmente en su ecosistema, ofrecer mercancía, vender, reponer, llevar comida a casa, regresar; y así en una espiral interminable, que encuentra su eclosión feliz al conseguir el plato de comida servido en casa y los chamos bien alimentados y su lado dramático en las confrontaciones con la autoridad, que se han agudizado en los últimos meses con la aplicación del Plan Antibachaqueo. Antes se dedicaba a la construcción, pero lo último que llegó a devengar como ayudante avanzado de albañilería en Fuerte Tiuna fue Bs. 10.000 a la semana. “¿Eso de qué me sirve si ya el lunes tenía que pedir prestado para el pasaje?”.
“MANO, YO SOY EL PRIMERO QUE QUIERE QUE ESTO SE ACABE: QUIERO TRABAJAR NORMALMENTE, TENER COMIDA EN EL MERCADO PARA IR A COMPRAR Y LLEVARLE A MI FAMILIA, TENER MI DÍA DE DESCANSO”
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Su jeva no trabaja, pero lo ayuda a bachaquear y a criar a la niña de 4 años y al chamo de 6 meses. Su número es el jueves, el de ella el sábado. Más o menos, la dinámica tiene su vista puesta en marcar el puesto: metáfora de las encrucijadas que implica proteger el sitio de la cola que le permitirá el acceso al olimpo de los anaqueles para comprar el producto a precio regulado (también denominado “precio justo”), y luego ofrecerlo en la vía pública a quien lo amerite, a precios que superan su valor original hasta 100 veces, incluso más, lo cual ha incidido enormemente en la espiral inflacionaria.
“Nunca me ha gustado bachaquear solo. Siempre salgo con dos o tres, porque si estamos haciendo la cola aquí, está otro allá marcando. Nos ayudamos”. Se trata de una rutina que se inicia a las 7 de la mañana y que cruza la agenda semanal sin horarios ni fecha en el calendario.
—Y EN LA COLA, ¿ESTÁS DISPUESTO A MORIR SI ALGUIEN SE QUIERE COLEAR?
—Tampoco así. Si te vienen a malandrear eso se soluciona es hablando. Tamos claro que hay gente que va para la cola hasta empistolao a comprar, y el que le hable duro le meten un tiro. He visto muertos, heridos, puñaleados. Pero los peores son los de la tercera edad. Coleones como ellos no hay y siempre andan rebotaos.
—¿CÓMO HACES CON LA MERCANCÍA?
—Siempre ando con mi esposa o con un pana. Siempre jugando vivo, vamos a hablar claro. En un bolso tenemos la mercancía, se pone mi hermano en la esquina, grito en la vía, subo la avenida. Porque aquí parado, de pana, no cuadra porque te quitan la mercancía y, de ñapa, te llevan preso. Ayer se llevaron a una chama facilito. Ya debe estar en tribunales.
epaleccs-195-bachaqueros_2—¿Y LA MATRACA?
—Si el policía sabe que has vendido te piden de 10.000 en adelante. Pero si saben que tienes 30.000 en los bolsillos te los tumban también y cinco y no te veo. Esa misma mercancía se la dan a otro para que se la vendan. Al que presentan en tribunales es al güevón, al limpio, al que está consiguiendo con la comida de los demás. Y si les hablas feo te siembran toda esa mercancía para que te pongan como un pesao y te jodan; y si te pones rudo te caen entre 20 a coñazos y te llevan pa’l calabozo.
—¿Y LAS MAFIAS?
—Las mafias las controlan los gerentes con el Gobierno, descaradamente. Los guardias sacan la mercancía y no le paran a lo que uno les diga, están inmunes, parecen más malandros que nadie.
—¿QUÉ ES LO QUE MÁS TE PIDEN?
—Comida: arroz, harina pan, pasta. Aquí todos lo que estamos es luchando por la comida.
—¿CLIENTES FIJOS?
—Sí, tenemos clientes fijos. Nos traen una arepita, comida, pa’ que desayunes, se hacen panas. Cuando es así, uno no los clava, uno les baja. Si la harina vale 2.500 se la dejamos en 1.800, porque se ve que valoran nuestro esfuerzo.
—¿NUESTRO ESFUERZO?
—Hay gente que no se cala una cola, gente que tiene un familiar enfermo, que tiene la plata pero no logra conseguir comida.
—PERO ES QUE USTEDES SE PASAN…
—Es verdad. En realidad estamos conscientes de eso, pero esos son precios que ponen por encima de nosotros. A veces es gente que no le compra a los establecimientos sino que vienen con bultos para revender. No te puedes poner a inventar.
—¿LA GENTE NO SE LOS DICE?
—La gente ya estás acostumbrada, la mayoría, aunque hay gente que se queja. A veces baja la harina pan de 2.500 a 2.000 porque todo el mundo tiene la misma mercancía y, para poderla vender más rápido, le bajamos. A veces también la policía lanza grandes cantidades de mercancía a la calle y sale más barata, lo que nos obliga a bajar también.
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