Lo que hay detrás del "Decreto del Arco Minero del Orinoco"
16 de octubre de 2016.-
Debido al debate cada vez mas extenso y necesario que se viene dando en nuestro pais con relación al Decreto Nro. 2.248, de fecha 24 de febrero de 2016, publicado en el Nro. 40.855 de la GO,
mediante el cual se crea la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional
‘Arco Minero del Orinoco'", publicamos esta reseña y entrevista a la socióloga
argentina Maristella Svampa realizada en noviembre del 2011 y quien a
partir de 2006 comenzó a escribir sobre el Modelo Extrativista como una
segunda fase del modelo neoliberal: "La primera estaba consagrada
sobre todo a la privatización de los servicios públicos y de los
recursos naturales, y la segunda apunta a la ola de desposesión. Creo
que este análisis no es del todo representativo porque ello implicaría
ver solo un costado del problema. En los últimos tiempos he estado
repensando el tema y creo que el panorama es mucho más complejo hoy en
día del que teníamos hace diez años; además han emergido gobiernos de
izquierda o de centro izquierda, por lo que ahora empleo una nueva
categorización y es hablar del paso del Consenso de Washington al Consenso de los Commodities que
me parece que da cuenta mucho mejor del cambio de escenario económico
que implica que las economías latinoamericanas que siempre han sido
adaptativas al capitalismo dan un giro importante a un nuevo marco de la
nueva división del trabajo territorial y global por el cual América
Latina aparece exportando naturaleza una vez más."
* * * * *
Este modelo conocido como extractivismo (explotación de los recursos naturales) tiene en la minería de cielo abierto, "la
actividad más perversa en la medida en que muestra lo peor: desposesión
y despojo descarnado, altos índices de contaminación del medio
ambiente, aprovechamiento al máximo de los territorios objeto de
explotación no dejando ganancias económicas para los países, y amenaza a
la democracia y a los derechos humanos", explica en forma
categórica la socióloga e investigadora argentina Marsitella Svampa,
principal referente hoy en día en Latinoamérica en este tema.
Entrevista con la socióloga argentina Maristella Svampa
"En América Latina se viene ejecutando una segunda fase del
criminal modelo neoliberal que tantos perjuicios económicos, sociales y
políticos generó a la región durante el último cuarto de siglo, mediante
la puesta en marcha de lo que el presidente conservador colombiano Juan
Manuel Santos ha dado en llamar la "locomotora minera" para significar
unas supuestas "ventajas y oportunidades económicas".
Este modelo conocido como extractivismo (explotación de los recursos naturales) tiene en la minería de cielo abierto, "la
actividad más perversa en la medida en que muestra lo peor: desposesión
y despojo descarnado, altos índices de contaminación del medio
ambiente, aprovechamiento al máximo de los territorios objeto de
explotación no dejando ganancias económicas para los países, y amenaza a
la democracia y a los derechos humanos", explica en forma
categórica la socióloga e investigadora argentina Marsitella Svampa,
principal referente hoy en día en Latinoamérica en este tema.
Svampa ha recorrido buen parte de la geografía latinoamericana para
estudiar in situ la realidad socioeconómica de las comunidades afectadas
por la explotación minera, lo que le ha permitido analizar en
profundidad las múltiples consecuencias que esta actividad extractivista
viene causando en la descomposición del tejido social y con ella la
irrupción de conflictos sociales y políticos que, como bien señala,
amenazan la estabilidad democrática y el respeto por los derechos
humanos en la región.
En sus múltiples investigaciones, libros, ensayos y artículos
periodísticos, esta científica social ha sido contundente en sus
conclusiones al señalar que el modelo minero a cielo abierto que han
adoptado varios gobiernos latinoamericanos ya sean de derecha,
centroizquierda o izquierda, "no solo genera más conflicto social, sino que contribuye a la reprimerización de las economías latinoamericanas". Lo grave, añade, es que "estamos consolidando enclaves de exportación que, lejos de generar desarrollo endógeno, producen más pobreza y desigualdad".
MAYOR GANANCIA DEL CAPITAL Y NULA GENERACIÓN DE EMPLEO
Uno de los argumentos centrales que suelen esgrimir los defensores de
esta actividad es asociar minería con creación de puestos de trabajo,
señala Svampa, frente a lo cual, agrega, "suele ocultarse
que los proyectos mineros a gran escala generan una demanda intensiva de
trabajo en las fases iniciales que crea la ilusión de trabajo
permanente. En realidad, la minería de gran escala se caracteriza por
ser una de las actividades económicas más capital-intensivas. Por cada 1
millón de dólares invertido, se crean apenas entre 0,5 y 2 empleos
directos. Cuanto más capital-intensiva es una actividad, menos empleo
genera, y menor es la participación del salario de los trabajadores en
el valor agregado total que ellos produjeron con su labor: la mayor
parte es ganancia del capital".
Para ilustrar esta situación trae a colación los casos de Perú, Chile y
Argentina, cuyas cifras demuestran el casi nulo aporte en generación de
empleo.
"En Perú, -explica- la minería es
la actividad que menos contribuye a la generación de empleo: ocupa
apenas el 1,5 de la Población Económica Activa (PEA), contra un 32,7% de
la agricultura y un 26% de los servicios. Para el caso de Chile, las
estadísticas muestran de forma contundente el fuerte incremento de los
volúmenes de explotación y extracción, y de los valores de exportación,
producidos a la par de una paralela caída en la cantidad absoluta y
relativa del empleo minero. En Argentina, pese a las promesas de los
megaemprendimientos mineros, la minería representa menos del 0,7% del
total de los asalariados registrados".
DEL CONSENSO DE WASHINGTON AL CONSENSO DE LOS COMMODITIES
Para analizar con detenimiento las consecuencias del modelo
extractivista y uno de sus principales componentes, la explotación de la
minería metalífera, el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano
WWW.CRONICON.NET, dialogó en Buenos Aires con esta destacada científica
social, licenciada en Filosofía por la Universidad de Córdoba y doctora
en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de
París.
Maristella Svampa alterna su actividad de investigación social y docente
universitaria con la literatura. Ha publicado dos novelas: Las reinas perdidas y Dónde están enterrados nuestros muertos.
Actualmente se desempeña como catedrática de la Universidad de la Plata
e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CONICET) de Argentina. Conferencista internacional, es autora
de varios libros en los que analiza diversas realidades sociales,
políticas y económicas en el ámbito latinoamericano; en 2006 obtuvo una
beca otorgada por la John Simon Guggenheim Memorial Foundation, así como
el Premio Konex al mérito en Sociología; y en 2001 fue distinguida con
la Cátedra Simón Bolívar de la Université Nouvelle Sorbonne de París.
- ¿El modelo extractivista en América Latina en el que sobresale
la explotación de minas de oro a cielo abierto tan funesta desde el
punto de vista medioambiental, corresponde como lo han señalado algunos
investigadores sociales a una segunda fase del esquema neoliberalismo,
en el que paradójicamente están comprometidos algunos gobiernos que se
denominan progresistas?
- En 2006 cuando comencé a escribir sobre estos temas yo planteaba que,
efectivamente, esta es la segunda fase del modelo neoliberal. La primera
estaba consagrada sobre todo a la privatización de los servicios
públicos y de los recursos naturales, y la segunda apunta a la ola de
desposesión. Creo que este análisis no es del todo representativo porque
ello implicaría ver solo un costado del problema. En los últimos
tiempos he estado repensando el tema y creo que el panorama es mucho más
complejo hoy en día del que teníamos hace diez años; además han
emergido gobiernos de izquierda o de centro izquierda, por lo que ahora
empleo una nueva categorización y es hablar del paso del Consenso de
Washington al Consenso de los commodities que me parece que da cuenta
mucho mejor del cambio de escenario económico que implica que las
economías latinoamericanas que siempre han sido adaptativas al
capitalismo dan un giro importante a un nuevo marco de la nueva división
del trabajo territorial y global por el cual América Latina aparece
exportando naturaleza una vez más. En algunos casos acompañan la
consolidación de una matriz neoliberal como pueden ser los casos de
Colombia, México, o Perú, si es que Humala no cambia en algo el marco, y
en otros casos viene acompañado de reformas, de procesos de
centroizquierda y de izquierda que aparecen en escenarios específicos
como Bolivia, Argentina, más allá de la diferencia que hay,
caracterizados por lo nacional-popular.
- ¿Se puede señalar que la privatización de los recursos
naturales a través del modelo extractivista es parte de la consolidación
del modelo neoliberal?
- Cuando se habla de la mercantilización de los bienes de la naturaleza
no hay que olvidar que eso se hizo en la década de los 90 y lo que ha
habido es consolidación de ese modelo. En esa década lo que se hace es
desarrollar el marco jurídico a partir del cual se posibilita la
comercialización de recursos naturales, y sobre todo, se hace el ajuste
sectorial en relación con la minería a cielo abierto.
- En el desarrollo de este proceso usted habla de desposesión, ¿por qué?
- En líneas generales el capitalismo hoy en día, como dice David Harvey,
acentúa más lo que es la acumulación por desposesión que la acumulación
por reproducción ampliada, retomando la concepción de Rosa Luxemburgo y
otros teóricos, en eso coincidimos todos. Pero lo que hay que leer es
con qué está coexistiendo esa dinámica de desposesión y hay que dar
cuenta de los distintos escenarios nacionales. Si hablamos solo de
lógica o dinámica de desposesión estamos perdiendo de vista otros
procesos políticos y simbólicos que son importantes en América Latina.
Digo esto tratando de subrayar esos procesos. En Argentina, por ejemplo,
veo que hay una exacerbación de la lógica nacional-popular nuevamente
en clave peronista que coexiste de manera perversa con la dinámica de
desposesión.
- ¿En qué sentido?
- En el sentido de que coexisten varios modelos de desarrollo: hay un
modelo industrial relativamente reactivado que es defendido como el gran
avance por parte del gobierno; hay un modelo de agronegocios; otro de
acaparamiento de tierras que habla de la mercantilización de los
recursos naturales y de los megaemprendimientos turísticos; y también
está el de la minería a cielo abierto. Esas tres cuestiones modales
están lejos de ser un costado débil del gobierno argentino, es en
realidad parte del principio mismo del modelo de dominación, por eso hay
que analizar esa coexistencia dañina.
UN MODELO DE MAL DESARROLLO
- Hablemos del caso concreto de la minería...
- En el caso de la minería uno se encuentra con una suerte de figura
extrema porque la misma es un modelo que sintetiza devastación
institucional dado que tiene un marco jurídico que favorece ampliamente a
las grandes empresas transnacionales; es un modelo de expoliación
económica porque no deja ganancias en el país, lo que crea son economías
de enclave como espacios socioproductivos absolutamente dependientes
sin crear desarrollo endógeno, y además estimula y genera depredación
ambiental. Entre todas las actividades ligadas al extractivismo la
minería de cielo abierto es la más perversa en la medida en que muestra
lo peor.
- Pero además, usted ha señalado que la minería de cielo abierto atenta contra los derechos humanos. ¿Por qué?
- Ese es un tema muy importante porque a la hora de debatir si se hace
minería a cielo abierto, se tratan de involucrar por lo general en los
distintos países argumentos económicos ligados a la rentabilidad del
sector o argumentos sociales en el sentido de las ventajas que se
obtienen de la explotación de los recursos naturales; se afirma que se
pueden desarrollar políticas sociales compensatorias y suele dejarse de
lado todo lo que tiene que ver con la efectiva violación de derechos
humanos. El extractivismo abre un nuevo capítulo en la violación de los
derechos humanos porque hablando de los contrastes y de las grandes
paradojas en América Latina, hoy en día lo que observamos es que este
modelo de desposesión viene acompañado de una expansión de la frontera
de los derechos: los derechos ambientales, los derechos territoriales de
los pueblos indígenas, los derechos fundamentales en general que
aparecen en la letra de nuestras constituciones y raras veces son
cumplidos. Cuando hablamos de extractivismo aludimos a "desarrollo"
entre comillas a gran escala, lo que supone decir una gran envergadura y
por ende el impacto sobre la población va a ser mayor con lo cual esto
coloca mucho más en el centro la necesidad de que sean discutidos de
manera participativa y democrática por aquellos que están necesariamente
involucrados como comunidad afectada. Es decir, que la cuestión de la
democracia es central para evitar el impacto que tienen estos modelos.
Entonces, uno de los elementos fundamentales a la hora de analizar el
extractivismo consiste en subrayar el déficit de democracia en el cual
nos instala porque no se consulta a las poblaciones y estos modelos
avanzan sin el consenso de las mismas, por lo general se escamotean las
consultas previas que deben hacerse a los poblaciones indígenas o las
consultas públicas que deben hacerse a las poblaciones urbanas o
rurales. Ahí radica uno de los grandes peligros que en nombre de las
ventajas comparativas dado el alto precio de los commodities, en nombre
de políticas sociales compensatorias que se pueden llevar a cabo con la
rentabilidad que produce la explotación, se está violando el derecho de
las poblaciones a decir no a un tipo de emprendimiento o supuesto modelo
de desarrollo que afecta no solo el estilo de vida, su presente, sino
el futuro de las generaciones. En el caso del modelo minero es un modelo
de mal desarrollo no solamente porque contamina y no deja ganancias
económicas sino porque amenaza la democracia, al menos la democracia
bien entendida que implica sostener una política de participación, de
discusión y debate de los modelos o supuestos modelos de desarrollo para
la adopción de decisiones.
- Usted también ha analizado pormenorizadamente el grado de
conflictividad social que generan los proyectos de minería a cielo
abierto. ¿Cuál es la situación de América Latina en ese sentido?
- En la actualidad no hay país latinoamericano con proyectos de minería a
gran escala que no tenga conflictos sociales suscitados por las
empresas mineras o los gobiernos con las comunidades. Se pueden observar
los casos de México, varios países centroamericanos como Guatemala, El
Salvador, Honduras, Costa Rica y Panamá; en Suramérica, Ecuador, Perú,
Colombia, Brasil, Argentina y Chile. Según el Observatorio de Conflictos
Mineros de América Latina (OCMAL) existen actualmente 120 conflictos
activos que involucran a más de 150 comunidades afectadas a lo largo de
toda la región. En Perú, donde más acelerada y descontroladamente se ha
dado la expansión minera, los conflictos por esta actividad concentran
el 70% y éstos a su vez, representan el 50% del total de conflictos
sociales en ese país.
- El impulso del modelo extractivista en América Latina
responde, ha dicho usted, no solo a una decisión económica o ambiental,
sino política...
- Efectivamente, porque de lo que se trata es saber si queremos debatir
lo que entendemos por desarrollo sostenible; si apostamos a que esa
discusión sea informada, participativa y democrática, o bien, aceptamos
la imposición de nuestros gobernantes locales y las grandes
corporaciones en nombre de "las nuevas oportunidades económicas", el
nuevo consenso de los commodities, y de un falso desarrollo.
Infortunadamente, no hay plan estratégico en los países de América
Latina para enfrentar la explotación de recursos naturales.
GIRO ECOTERRITORIAL, ALTERNATIVA DE LUCHA
- ¿Tras este completo análisis y desolador panorama, cuál cree
que es la alternativa política para contrarrestar el modelo
extractivista en América Latina?
- El punto de partida para pensar en alternativas a este modelo radica
en el giro eco-territorial de las luchas que atraviesa la región y
plantean una redefinición de las reglas de juego, cuestionando el modelo
de desarrollo y las lógicas de acumulación. Por giro eco-territorial
hay que entender la potenciación de un lenguaje de valoración acerca de
la territorialidad, que expresa la convergencia entre visión
ambientalista y revalorización de la matriz comunitaria; no se halla
restringido al ámbito rural, exclusivamente referido a las resistencias
campesinas e indígenas; también se expande al ámbito urbano, sobre todo
en pequeñas y medianas localidades, ampliando el registro étnico y de
clases y, por ende, el tipo de actores involucrados. Desde el punto de
vista económico se debe exigir altos impuestos a las actividades
extractivistas, así como a las sobreganancias de las transnacionales por
la explotación del sector energético.
Buenos Aires, noviembre de 2011.
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