martes, 1 de noviembre de 2016

LOS NOMBRES

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POR ANDER DE TEJADA/ILUSTRACIÓN JESSICA MENA
No es fácil mantenerse concentrado y sereno cuando en tu propio trabajo tienes que escuchar nombres que significan tanto. Es imposible que los niveles de estrés no suban cada vez que te imaginas lo que pueden hacer esos sujetos. La persecución comienza a habitarte la mente y el miedo se hace el plato de todos los días. Pero si eres como él, lo más probable es que continúes, que barras con todo aquello, no sé si en nombre de la justicia, de la izquierda o del mismísimo Chávez, y te embarres más de los destinos que ofrece la vida en las leyes cuando estas atacan a los poderes económicos.
Tampoco es fácil investigar. Mientras más lo haces, mientras más preguntas y descubres, más conocen de ti Los Nombres. Y en este país las informaciones corren rápido, sobre todo cuando los que te rodean se visten de chaqueta y corbata y se ven tan iguales. De pronto te señalan, te televisan, nadie te protege y de nadie puedes esconderte. La justicia es un harakiri en el mundo del capitalismo. Es buscarse el honor y la inmortalidad cruzando un único puente: la muerte.
DANILO SALIÓ EL 18 DE NOVIEMBRE DE 2004 DE LA UNIVERSIDAD DONDE CURSABA SUS ESTUDIOS DE POSTGRADO. EN ESE MOMENTO, EL ABOGADO MANEJABA EL CASO DE LOS INVOLUCRADOS EN EL GOLPE DE ESTADO EN CONTRA DEL PRESIDENTE CHÁVEZ DEL AÑO 2002
En un momento de la investigación Los Nombres comenzaron a estar más claros. Estaban los dueños de los bancos, los dueños de los medios y los dueños del país. Danilo, en cambio, solo poseía evidencias, que a veces son físicas, sí, pero sin una elaboración mental que las dote de sentido son nada. Por eso Los Nombres lo creyeron tan simple. Por eso no les pareció un enredo y dijeron “dale, plomo con eso”. Los crímenes comienzan buscando una supresión de los enredos y terminan volviéndose un nudo en ocho. Sin embargo, cuando Los Nombres se meten en problemas, siempre tienen chivos expiatorios que pagan sus condenas, que sacrifican sus pellejos y a los que, popularmente, se les conoce como los autores materiales.
Danilo salió el 18 de noviembre de 2004 de la universidad donde cursaba sus estudios de postgrado. En ese momento, el abogado manejaba el caso de los involucrados en el golpe de Estado en contra del presidente Chávez del año 2002. Los Nombres, todos involucrados, sumidos por el pavor pero con las suficientes herramientas como para evadir bien las cosas, no se imaginaron nunca que sus mismos autores materiales relatarían cómo sucedió todo. Eran varios kilos de C-4 los que estaban colocados debajo de la Toyota Autana del fiscal Anderson, quien rodaba por Los Chaguaramos, quizás sintiendo esa cosa atribuible únicamente a lo divino y que llaman el “mal presentimiento’’. De pronto la explosión alertó a toda la zona. El tiempo se detuvo. Toda la data incriminatoria se borró. Todo el trabajo duro se quemó junto al carro y junto a la puerta de una tienda de aires acondicionados. La espada le entró lentamente a Danilo Anderson por el abdomen. El puente se hizo angosto y la boca de la muerte se lo tragó entero mientras Los Nombres, gracias a sus escoltas y a sus muros altos, besaban a sus carajitos en la cabeza y les decían que en la vida había que ser honrado.

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