(06-10-2016)
Lo antes dicho tiene que ver con una reunión en la que participamos ayer, en la que un camarada habló con un dejo de exagerado optimismo sobre las recientes victorias nacionales e internacionales que ciertamente ha obtenido la Revolución en tiempos recientes. También hay pesimistas que piensan que todo está perdido, que la Revolución está condenada, que vamos hacia un abismo. Parafraseando un tanto a Winston Churchill, sagaz político y pensador burgués, en su famosa y demasiado condescendiente frase sobre la empresa privada (“Algunas personas ven en la empresa privada un tigre feroz al que hay que matar, otras, una vaca susceptible de ser ordeñada. Muy pocos la ven como lo que realmente es: un robusto percherón que arrastra un carro muy pesado”), nosotros decimos: algunos ven la Revolución como un hermoso campo sembrado que pronto dará suculentos frutos, otros, como un erial en donde por más que aremos no podremos cosechar nada. Muy pocos la ven como lo que realmente es: un juramento que un soldado lleva inscrito en la cristina, una niña comiéndose las uñas que anda con su mochila hacia el azul de la escuela (de nuestro poema La Patria). La estrategia en el corazón, la táctica en el cerebro.
Ahora bien, si queremos volver a ser la mayoría que fuimos, tenemos que tener el coraje de introducir cambios profundos en el accionar y en la comunicación del chavismo. Aquí volvemos a Churchill: “Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”, y también “Mejorar es cambiar; ser perfecto es cambiar a menudo”. Desechemos todo fanatismo que nos enceguezca y nos haga aferrarnos a lo que no nos es útil. Tratemos de mejorar y, por qué no, de acercarnos a la perfección revolucionaria del cambio permanente. Para empezar, el chavismo tiene que salir de la cueva en la que está encerrado, hablándose solo a sí mismo, mirando el mundo con la tapadera de las gríngolas dogmáticas, dejando afuera, a merced de los depredadores, a quienes una vez nos siguieron y ahora se nos han alejado. Sigamos la orientación de Nicolás en el recuerdo de Maduro: golpe de timón, eficiencia, mejor comunicación. No se trata de “qué bueno lo que Nicolás dijo” sino de hacer lo que Nicolás nos está pidiendo.
Mañana continuaremos con este análisis, Sobre todo, en las importantes y esclarecedoras palabras del presidente Maduro sobre el tema de las elecciones. En ese sentido, cerraremos con otra de Churchill: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.
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