jueves, 6 de octubre de 2016

Néstor Francia / Análisis de Entorno: El chavismo y Winston Churchill

(06-10-2016)

Nestor Francia 1
Ayer nos quedó pendiente el análisis sobre la situación política del chavismo, cuando entramos en el último trimestre del año. Es sin duda un momento complejo por lo que dicho análisis no acepta ninguna actitud determinista en ningún sentido, no podemos ser ni optimistas ni pesimistas, ni juzgar de acuerdo a pasiones o razones del corazón. Nosotros, como dice el poeta Antonio Machado en “Cantares”, amamos “los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón”, pero lamentamos en el fondo del corazón que esos mundos escaseen en la atormentada vida de la Humanidad. Son tiempos de guerra, tiempos duros, así que tenemos que acudir a las rigurosidades de la razón.
Lo antes dicho tiene que ver con una reunión en la que participamos ayer, en la que un camarada habló con un dejo de exagerado optimismo sobre las recientes victorias nacionales e internacionales que ciertamente ha obtenido la Revolución en tiempos recientes. También hay pesimistas que piensan que todo está perdido, que la Revolución está condenada, que vamos hacia un abismo. Parafraseando un tanto a Winston Churchill, sagaz político y pensador burgués, en su famosa y demasiado condescendiente frase sobre la empresa privada (“Algunas personas ven en la empresa privada un tigre feroz al que hay que matar, otras, una vaca susceptible de ser ordeñada. Muy pocos la ven como lo que realmente es: un robusto percherón que arrastra un carro muy pesado”), nosotros decimos: algunos ven la Revolución como un hermoso campo sembrado que pronto dará suculentos frutos, otros, como un erial en donde por más que aremos no podremos cosechar nada. Muy pocos la ven como lo que realmente es: un juramento que un soldado lleva inscrito en la cristina, una niña comiéndose las uñas que anda con su mochila hacia el azul de la escuela (de nuestro poema La Patria). La estrategia en el corazón, la táctica en el cerebro.
Sin dar más rodeos, digamos de una vez que en uno de estos estudios confiables a los cuales tenemos acceso, el chavismo ha pasado a ser la tercera minoría social (la primera es la de quienes no se identifican con ninguno de los dos polos políticos, la segunda es la de quienes se identifican con la oposición). Esta relación ha empeorado desde enero de este año. Sin embargo, dada la envergadura de las dificultades económicas generadas en parte por el sabotaje y la agresión del enemigo en ese terreno, y en parte por graves errores que hemos cometido, también hay que decir que el solo hecho de haber resistido, y haber garantizado por ahora la estabilidad y la paz del país, haber atravesado la tormenta con la nave a flote, haber mantenido viva y coleando a la Revolución, es ya una victoria para nada pequeña. Eso se ha debido en buena parte a la correcta línea de remoralización del chavismo, a la constante presencia del pueblo revolucionario en la calle, a la admirable actitud de ofensiva, sin arredramientos, dirigida por el presidente Maduro. No es que estemos ni bien ni mal, estamos simplemente en medio de la batalla, con nuestros efectivos activos y bien apertrechados, pero con mucho terreno perdido que tenemos el deber de recuperar. Y aquí vamos con otra de Churchill: “Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”. Hay hoy oportunidades y calamidades, lo nuestro es cómo discernir claramente como se vinculan y que provecho podemos sacar de cada una de ellas. Tarea compleja, pero necesaria.
Ahora bien, si queremos volver a ser la mayoría que fuimos, tenemos que tener el coraje de introducir cambios profundos en el accionar y en la comunicación del chavismo. Aquí volvemos a Churchill: “Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”, y también “Mejorar es cambiar; ser perfecto es cambiar a menudo”. Desechemos todo fanatismo que nos enceguezca y nos haga aferrarnos a lo que no nos es útil. Tratemos de mejorar y, por qué no, de acercarnos a la perfección revolucionaria del cambio permanente. Para empezar, el chavismo tiene que salir de la cueva en la que está encerrado, hablándose solo a sí mismo, mirando el mundo con la tapadera de las gríngolas dogmáticas, dejando afuera, a merced de los depredadores, a quienes una vez nos siguieron y ahora se nos han alejado. Sigamos la orientación de Nicolás en el recuerdo de Maduro: golpe de timón, eficiencia, mejor comunicación. No se trata de “qué bueno lo que Nicolás dijo” sino de hacer lo que Nicolás nos está pidiendo.
Mañana continuaremos con este análisis, Sobre todo, en las importantes y esclarecedoras palabras del presidente Maduro sobre el tema de las elecciones. En ese sentido, cerraremos con otra de Churchill: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.

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