miércoles, 16 de diciembre de 2015

¡Falta de solución selló la derrota!


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La gran pregunta es entonces: ¿Sabía el Gobierno que recibiría una derrota por paliza? Porque en la repuesta está la clave para captar que grado de conexión tenían los oídos chavistas con el sentir popular.
Por  lo que se ve la comunicación era muy mala. ¿Los engañaron? ¿Y se dejaron? El mito de los barrios son chavistas se desvanece. O fue que la prepotencia de regalarles bienes y comida, con dinero público, les hacían gritar tan alto que impedía oírles… Confieso que por mi mente  nunca pasó tal holgura. Por supuesto que no escapa a mí el que el liderazgo opositor tampoco predijo una victoria tan aplastante. ¡Ellos fueron los primeros sorprendidos! 
  En mi opinión, hay cinco claves en la derrota del Gobierno. En primer lugar, el chavismo arrastra un desgaste progresivo que pudiera ser natural si no fuera tan aplastante la derrota del 6D. La diferencia, en las últimas presidenciales y parlamentarias redujo su brecha. Se fueron los tiempos del Chávez “por ahora” y él del Robin Hood del San Carlos.
En segundo lugar, la incontrolada y terrible dinámica de la microeconomía, caracterizada por desabastecimiento de productos básicos, medicinas, especulación, altísima inflación (alrededor del 700%) y las inhumanas colas. Aquí hay que estar claro. ¡La gente vota en contra del Gobierno porque nunca le vio capacidad para resolver el problema! Les vio perdidos en el Dakismo… 
   Tercero. Las cuñas del sueño, que a mí personalmente me impactaron resultaron una parodia. La gente fue al fondo: ¡No van a resolver el problema!… La endiablada economía ya no importaba; lo que importaba era la solución. Y en su lógica, ellos no eran  la solución…
En cuarto lugar, la sensación de que todo estaba caotizado en la vida diaria de las personas. Quinto, el victimarse, ante el “imperialismo” resultó contraproducente. La gente del Gobierno perdió la llamada guerra económica y también la mediática internacional. El Gobierno se hizo ver pequeño. Vulnerable. Vacilante. Sus acciones no tenían efecto real e inmediato, en los problemas. La gente sabe que el país vive del petróleo, llegó a 30 bolívares el barril y el Gobierno mirando para los lados… Acaso, el pueblo no se da cuenta… 
   Y sin lugar a dudas, la disciplina de la masa opositora guiada por una inteligente, aunque modesta campaña  informativa y publicitaria. La dirigencia dejó la división y eso fue un mensaje que dio confianza y creo buenas expectativas. Les facilitó la decisión votar por la “manito”. El elector opositor entendió claramente tres cosas: que la salida era electoral, unitaria (tarjeta única) y pacífica. Compró la tesis que solo con una avalancha se derrotaba cualquier intento de fraude y que los candidatos independientes le hacían el juego al chavismo. Revalido su convicción de que solo con votos se resuelven los conflictos y problema en Venezuela. 


  En fin, en esta epopeyica  jornada ganó la democracia y el sistema político electoral. Se derrotó la campaña internacional de dictadura militar, la aplicación de la carta democrática. Lo que no derrotó el 6D es el discurso de odio, revancha y segregación que impera hoy en algunos.

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