Empezaba el primer calor del día con una concentración en la plaza La Mora, en Barquisimeto. Allí esperaban congregarse todos los comuneros del estado Lara, una mañana que propiciaba compromiso. Un gentío rescataba la juntura, la conversa, el cafecito y el megáfono. “Comuna o nada” era la premisa que encajaba en una plaza llena de gente que construye una nueva historia.
Entre la muchedumbre y la música, una señora nos interpelaba, como buscando sosiego, ayuda. Alexis Mogollón, señora en tránsito frágil, entre lágrimas, hacía un llamado a la unión. Denunciaba que en su comuna “Artilleros del Norte”, específicamente en las trincheras de los consejos comunales, no hay entereza ni trabajo en conjunto para afrontar las chambas. Pedía que su voz fuera escuchada, que la plaza que se anunciaba incurriera en ser portavoz.
La comuna socialista “El Maizal” se hacía notar. Bernarda Pérez, entre los suyos, alzaba el puño: “gracias a la organización ya no somos extraños entre nosotros, sino que somos hermanos”. Eran los rostros del viejo país enterrándolo en beneficio del nuevo.
La concentración pasaba de ser lago a río. La marcha se proponía concretar un paso firme sobre el centro de Barquisimeto, cuyo mayor pitazo fuera contra el edificio de la gobernación del estado. Las pintas gritarían en las paredes con consignas y el calor invitaba al baile irrefrenable de agua y alegría. Al final de la marcha otra concentración, en la que tomaban el micrófono frente a los comuneros otros comuneros. Eran ellos hablándose, pensándose, manifestándose.
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La comuna nació con la expropiación en 2009 del Predio El Maizal (de allí su nombre): 320 hectáreas sembradas, 240 hectáreas de potreros (300 cabezas, según Ángel Silva, ganadero del lugar). Ese es el común de producción anual. CVA Leguminosas y la empresa socialista “Pedro Camejo” ayudaron en la recuperación de tierras, pero fueron los comuneros quienes estuvieron con lanza en ristre preparados para tomar lo que hoy les pertenece. El mismo Chávez les entregó personalmente la toma y se sentaron a beber café bajo las sombras de un enorme samán que se destaca de entre los árboles del predio. El vocero de la comuna, Ángel Prado, dice con orgullo y bravo sentimiento, que esa fue la fundación de la lucha que ahora encarnan. Hilda Sánchez cuenta que el coman les insistió en que se formaran como comuna y “explicó que se iba a mejorar la carretera, pero que no podía ser para optimizar el transporte de mercancía para los ricos, sino para que el pueblo larense aprovechara de hacer una nueva forma de socioproductividad”. El inmenso cerro Miranda, compartido con Araure, es el paisaje del predio, cuyo terreno es el margen que divide la zona productiva con la vialidad y los pueblos del municipio Simón Planas.
Las tierras eran del terrateniente Orlando Alvarado. De las más de 600 hectáreas que arropa el predio eso no fue nada para el burgués. Le sobran 34.000 y algo más, dicen los comuneros. Los alambres cercan desde Sarare hasta Chupa La Flor. Un rugido de sabana susurra: “tenaza, tenaza”.
La Comuna Socialista El Maizal tiene como atributo el contar con dos estados para su constitución. Lara y Portuguesa se asoman como una sola cabeza para destruir el régimen político-territorial que la oligarquía, en tiempos de Zamora, impuso.
—La gente de Portuguesa empezó a ver el movimiento, la comuna, Chávez, y se empezaron a arrimar pa’cá. Doce consejos comunales de allá ahora forman parte de la comuna —dice José Gregorio Bermúdez, mejor conocido como Chegolo.
Ambos estados se dividen por el río Áuro, que atraviesa los cerros de Palmita, Montañuela, Payara, Castañeda, y “eso luego va pa’ los llanos”, comenta Chegolo acomodándose la gorra.
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A falta de alcaldía y gobierno del estado larense, la comuna sirve también para arreglar problemas mediatos. Son muchos los comuneros y además trabajan juntos. Chegolo explica que estuvieron en el municipio 20 años sin agua hasta que hace menos de un lustro se activaron para dejar la pericia; en la zona alta no había luz sino hasta hace muy poco. Además, durante 40 años mucha gente vivía en ranchos que se caían constantemente, hasta que llegó la revolución y decidieron organizarse para obtener recursos para viviendas por autoconstrucción. Tienen además varios proyectos de infraestructura hechos y por hacer, así como varios “yises” y camionetas como medios de transporte. En la Empresa de Propiedad Social (EPS) “Gas Comunal Camilo Cienfuegos”, que también forma parte del proyecto socioproductivo de la comuna, trabajan 10 personas. En el predio 18 personas, más seis que se llegan a la hora de la siembra mediante trabajo voluntario. Tienen máquinas en beneficio de las largas zancadas que los comuneros deben tomar para trabajar la tierra.
Los comuneros están conscientes de las tragedias de la macroproducción en materia campesina. Hay que usar máquinas, agrotóxicos y hasta semillas modificadas genéticamente para poder dar la cara en esta chamba. No es coba que la tan querida industrialización es capaz de revertir un proceso realmente revolucionario en cuanto a trabajar la tierra se refiere. Usan para germinar maíz los productos de Semillas Híbridas de Venezuela (Sehiveca), que pertenece a Agropatria (empresa de distribución de insumos agrícolas). Además de semillas hibridizadas importadas de México, entre ellas de la corporación Pioneer.
Por otro lado, la campesina María Ochoa, comunera negrita y enjuta, graduada recientemente en producción agroalimentaria en Sarare, obedece al mandato de lo minúsculo: “hay que aprovechar cada tierra posible pa’ hacer conucos, hay que producir para nosotros. Esta tierra es buena, fértil”.
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Otro proyecto que realmente emociona es el de una planta procesadora de harina de maíz para desplazar la Harina PAN. “Habrá que buscarle un nombre”, dice Hilda. Y del subproducto de la harina harían alimento procesado para animales. “Se crearían pequeñas unidades de producción para criar pollos, gallinas ponedoras, codornices, cría de cachamas”, sigue Chegolo. Entre los excedentes naturales (no mercantiles) de todas esas experiencias harían trueques para ser autosuficientes en su producción, sin tener, por ejemplo, que comprar sacos de alimento para gallinas que por unidad cuestan 300 bolívares. Y se queja el pure: “¿Cómo carajo podríamos pagar esa cantidad por día si de un saco comen pocos animales?” La clave, para ellos, está en la cooperación y el saber originario de producción y procesamiento del manjar. Hilda, con respecto a este punto, habla claro políticamente: “no queremos jefes sino conciencia”.
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Hay un punto grave que aqueja a la comunidad entera. Julio Álvarez, quien hace vida en la comuna “Negro Miguel”, también del municipio Simón Planas, dice: “eso por acá, sobre todo donde hay cafetaleros, en las montañas y cerros, hay mucha delincuencia. Y no es hampa común sino peces gordos, mafia organizada”. Hay paracos detrás de los cerros que abrazan al territorio de la comuna, que roban y amenazan las vidas de los comuneros constantemente. Los paracos trabajan en conjunto con sectores corruptos de la Guardia Nacional y la gobernación de Henri Falcón. Por ahora la impunidad arrasa: en las últimas semanas han matado a dos jóvenes compañeros de El Maizal, además de sufrir robos de transporte comunal y un atentado contra el líder comunero Ángel Prado.
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Entre los maizales se escucha una canción. Es la lucha de los pobres, campesinos, comuneros, enfrentándose a los avatares que la revolución hace resollar. Entre balaceras, voluntad y trabajo en juntura los compañeros de la comuna El Maizal ven cómo poco a poco el alba renace de entre las espigas.
Ernesto Cazal
Fotos: Veronica Canino



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