La gran masa tiene que expresarse a través de individuos y pequeños grupos de individuos que forman una minoría, que en su rol de funcionarios, como ejecutores de los mandatos y esperanzas de esa gran mayoría anónima, debe dar respuesta a sus ingentes y agobiantes problemas. Surge entonces una complicación muy grande cuando los representantes no cumplen cabalmente su papel y esa masa silenciosa tiene que sufrirlos, a menudo por un tiempo insoportablemente largo.
Es aquí donde y cuando se hace urgente y necesaria la ética socialista, la ética que debe manejar todo el que aspire a llevar adelante un proyecto revolucionario novedoso que como todo sueño colectivo, plantea la necesidad de que los soñadores se pongan de acuerdo, tanto para nombrar a sus representantes como para instrumentar los recursos contralores, exigirles pureza, y hasta revocar sus mandatos cuando traicionen a la masa.





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