GUATEMALA Y LA RESISTENCIA DEL PUEBLO CONTRA EL EXTRACTIVISMODesalojo violento en La Puya deja 26 pobladores lesionados
23 de mayo 2014
La Puya es el nombre que tiene el sitio donde están acampando desde hace meses grupos de personas de varias aldeas de los municipios de San Pedro Ayampuc y San José El Golfo; por turnos han estado conviviendo de día y de noche, pacíficamente, en resistencia a un gran proyecto de extracción de oro y plata que la empresa Exmigua inició a sus espaldas, con apoyo de autoridades corruptas y de empresarios sin escrúpulos que no se tientan el alma para amenazarles.La acción policial para liberar el paso que permitiera el ingreso de maquinaria a la mina El Tambor, en La Puya, San José del Golfo, y la resistencia de unos cien pobladores opositores provocó un enfrentamiento que dejó como saldo a 26 personas lesionadas, entre ellas 15 agentes, y cuatro capturados.
A pesar de haber una mesa de diálogo la violencia fue la que imperó en La Puya.
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GUATEMALA
La Puya: desarrollo a la fuerza, guerra contra el pueblo
La Puya es el nombre que tiene el sitio donde están acampando desde hace dos meses grupos de personas de varias aldeas de los municipios de San Pedro Ayampuc y San José El Golfo; por turnos han estado conviviendo de día y de noche, pacíficamente, en resistencia a un gran proyecto de extracción de oro y plata que la empresa Exmigua inició a sus espaldas, con apoyo de autoridades corruptas y de empresarios sin escrúpulos que no se tientan el alma para amenazarles.
La resistencia pacifica de la Puya señala a el camino de una nueva forma de lucha contra la minería en Guatemala que rompe con la lógica de la violencia que moviliza a cientos de policías para amedrentar y violentar la dignidad de todo un pueblo que ha dicho no al proyecto extractivo minero. La policia que fue a desalojar se encontró con docenas de mujeres se lanzaron al suelo para detener el avance de los intimidantes anti motines. Según un artículo de Carolina Vázquez en Prensa Libre, el masivo despliegue de fuerza pública contra las mujeres de La Puya, armadas únicamente con sus aparejos de cocina y su fuerte convicción para defender lo suyo, se ve entonces como una estrategia de guerra cuyo objetivo trasciende el caso particular de la resistencia contra la explotación minera para establecer límites claros al juego democrático, aboliendo la participación popular y, peor aún, colocándola al margen de la ley. La Puya –el sitio donde desde febrero están acampado habitantes de las aldeas cercanas que se oponen a la instalación de un proyecto minero- reúne a familias de campesinos y gente trabajadora que vive con lo que su trabajo le da. Así han sobrevivido generación tras generación, sembrando su maíz y frijol, creciendo animales, sacando unos centavos de trabajos ocasionales. Claro que quisieran mejorar su calidad de vida, no es que tengan espíritu de mártires, pero tienen claro que eso no puede lograrse a costa de la destrucción de sus territorios ni de otras comunidades. La opción de desarrollo que empresas y gobiernos corruptos ofrecen se limita a cooptar a quienes los apoyan, contratando a unos cuántos, sembrando conflictividad y ocasionando daños irreparables en las fuentes de agua, en tierras y montañas. Las comunidades donde hay minería, como en San Marcos, están padeciendo los efectos nocivos de la contaminación y destrucción ambiental, mientras la empresa canadiense Goldcorp se enriquece de manera vergonzosa, poniendo oídos sordos al rechazo popular que se ha hecho patente en las consultas realizadas por las comunidades hace ya más de un lustro. La Puya, reconocida a nivel internacional como una comunidad de la resistencia pacífica en defensa de la vida, representa las múltiples luchas que se están organizando en el continente para defender la naturaleza, exigir justicia, para no quedarse indiferentes frente a los abusos y la voracidad de las empresas de todo tipo que –con el mayor descaro y falta de escrúpulos- pretenden extraer los bienes comunes para su exclusivo enriquecimiento. La dignidad con que la gente de La Puya ha enfrentado las provocaciones de los mineros que en días pasados llegaron a insultar y agredirles, la lucidez con que plantean su situación y la solidaridad que este movimiento ha generado son un capital de otro tipo. Son fuerzas sociales que piensan en el futuro de sus hijas e hijos y buscan el bienestar colectivo. Sin más armas que sus cuerpos y sus voces, están allí, conteniendo el avance pernicioso de un progreso que nunca ha traído nada bueno para las mayorías. Esta mañana un contingente de decenas de policías anti-motines se hizo presente, sin orden de desalojo y empezó a exigirles que se retiraran. Como en ocasiones anteriores, las mujeres se acompañaron cantando para evitar que lleven a cabo su proyecto minero. Lo que las anima es la fe y la convicción de estar en lo justo: la protección de los lugares donde han crecido y donde quieren seguir viviendo. La defensa de La Puya es la defensa del país. Fuente: La Cuerda
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Los pobladores, vecinos de San José del Golfo y de San Pedro Ayampuc, que se oponen a la mina, por considerar que es contaminante, se sentaron frente a la entrada de las instalaciones.
Algunas mujeres oraban en busca de detener el avance de los agentes, quienes tenían la orden de desalojar el área.
Al llegar donde estaba el grupo de inconformes, comenzaron a retirarlos a empujones y esto desencadenó forcejeos, gritos e insultos.
Algunos manifestantes comenzaron a lanzar palos, piedras y varios objetos, y la Policía respondió con gas lacrimógeno.
Hora y media duró el enfrentamiento, en el que resultaron intoxicados niños, mujeres y ancianos por el gas lacrimógeno.
También el subcomisario Feliciano Cruz Vásquez, de 41 años, un oficial segundo, 13 agentes de la Policía y 11 civiles —ocho de ellos de gravedad—, resultaron lesionados y fueron llevados a hospitales y centros de Salud.
Varios de los manifestantes dijeron que habría más personas heridas, aunque no precisaron el número.
Agentes uniformados, mujeres y hombres de diferentes comisarías, que no portaban bocachas para lanzar gas, recogían las piedras que los inconformes les lanzaban y se las devolvían de la misma forma.
A las 15.30 horas, las autoridades dejaron expedita la entrada y tomaron el control del lugar.
Bajaron la retroexcavadora que removió escombros y árboles que tapaban el paso a la mina.


































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