ANÁLISIS
10/06/14.-Los fanáticos del fútbol tienen ante sí un banquete: la Copa Mundial. Se trata del evento por antonomasia de los amantes de este deporte. Allí están los mejores 32 equipos nacionales del planeta para luchar en la cancha por la ansiada estrella. Este año, la fiesta es en Brasil, un país en el que el balompié es arte puro que es ubicuo en el corazón de sus habitantes.
Aunque el fútbol, como las mujeres hermosas, siempre encuentra la forma de reinventarse y de hacer aire cualquier pronóstico, el trofeo pareciera que terminará en una vitrina americana o europea. Las selecciones de estos continentes no tienen rivales. Con base en el momento deportivo y en las plantillas de cada selección, son ocho los grandes candidatos: Brasil, Colombia, Argentina, Uruguay, Francia, España, Alemania y Portugal.
LOS CABALLOS DEL PATIO
De los candidatos, los cuatro americanos se ven inmensos. La misma historia los favorece: en 80 años, estas tierras han sido un fortín inexpugnable en el que las maquinarias futbolísticas europeas, africanas, asiáticas y oceánicas se han estrellado una y otra vez.
En primer lugar, hay que mencionar a Brasil, una selección que, sin duda, es la gran favorita del certamen, pues contará con el calor de su gente. Aunque posee una plantilla joven, encabezada por Neymar y Fred, la base futbolística de la verdeamarela es la mis- ma que brilló en la última Copa Confederaciones.
No obstante, no la tienen papita. El tránsito de los locales se ve dificilísimo, porque en la fase inicial tienen que batallar contra selecciones de buen nivel (Croacia, México y Camerún) y, de trascender en el primer puesto, al andar podrían toparse con monstruos como Holanda, España, Italia y Alemania, antes de llegar a la final.
Por su parte, a la Argentina se le ven unas posibilidades gigantes. El sorteo favoreció a este equipo que, en fase de grupos, debería pasarle por encima a Bosnia y Herzegovina, Irán y Nigeria. De ser los líderes, el camino les podría poner enfrente a Ecuador, Suiza, Rusia o Portugal, tarea nada imposible antes de una hipotética semifinal.
La albiceleste tiene en sus manos decir presente, al menos, entre los mejores cuatro. Si Lionel Messi saca la varita mágica que convierte sus gambetas en pura isotropía onírica y la línea defensiva muestra solidez, esta selección podría llegar lejos.
En cuanto a Chile, Colombia y Uruguay, a estos dos últimos se les podría contar entre los mejores ocho porque el sorteo fue benevolente. Los chilenos sí la tienen más complicada, pues comparten el grupo inicial con España, Holanda y Australia, una empresa casi imposible que reduce su clasificación a una hazaña quijotesca.
En primer lugar, hay que mencionar a Brasil, una selección que, sin duda, es la gran favorita del certamen, pues contará con el calor de su gente. Aunque posee una plantilla joven, encabezada por Neymar y Fred, la base futbolística de la verdeamarela es la mis- ma que brilló en la última Copa Confederaciones.
No obstante, no la tienen papita. El tránsito de los locales se ve dificilísimo, porque en la fase inicial tienen que batallar contra selecciones de buen nivel (Croacia, México y Camerún) y, de trascender en el primer puesto, al andar podrían toparse con monstruos como Holanda, España, Italia y Alemania, antes de llegar a la final.
Por su parte, a la Argentina se le ven unas posibilidades gigantes. El sorteo favoreció a este equipo que, en fase de grupos, debería pasarle por encima a Bosnia y Herzegovina, Irán y Nigeria. De ser los líderes, el camino les podría poner enfrente a Ecuador, Suiza, Rusia o Portugal, tarea nada imposible antes de una hipotética semifinal.
La albiceleste tiene en sus manos decir presente, al menos, entre los mejores cuatro. Si Lionel Messi saca la varita mágica que convierte sus gambetas en pura isotropía onírica y la línea defensiva muestra solidez, esta selección podría llegar lejos.
En cuanto a Chile, Colombia y Uruguay, a estos dos últimos se les podría contar entre los mejores ocho porque el sorteo fue benevolente. Los chilenos sí la tienen más complicada, pues comparten el grupo inicial con España, Holanda y Australia, una empresa casi imposible que reduce su clasificación a una hazaña quijotesca.
OPCIONES EUROPEAS
Los países europeos, como ya se comentó, nunca han ganado una Copa Mundial en América. Eso quiere decir que van contra la historia. Sin embargo, España, Alemania, Francia y Portugal son de los que mejor tratan el balón en el mundo.
España es la vigente campeona y es favorita. Su inverosímil manejo del balón los hace el conjunto que cuenta con la mejor técnica y capacidad de asociación de la Copa.
El juego caracoleado, sumado a una verticalidad vertiginosa, hace de La Furia un rival respetable. Andrés Iniesta, Xavi Hernández y Cesc Fábregas serán los motores que tratarán de llevar a su equipo a hacer lo que hasta ahora solo han podido Brasil e Italia: titularse dos veces seguidas.
Alemania es otro candidato. Los germánicos, línea a línea, tienen el mejor equipo del torneo, considerando la técnica, habilidad, velocidad, despliegue físico y contundencia. Cuando los panzers lleguen al campo serán implacables.
Portugal y Francia se ven con opciones, pero deben mantener la regularidad y mejorar su contundencia. También están Italia e Inglaterra, pero sus posibilidades parecieran reducidas, pues ambas no llegan en su mejor momento.
Cuatro posibles finales
En la historia de los mundiales las camisetas siempre han pesado a la hora de la verdad. La pléyade de campeones se reduce a un pequeño grupo de naciones que por tradición han hecho de este deporte parte de su idiosincrasia.
Con base en los grupos que ya se conocen y las posibles combinaciones de resultados, podrían darse cuatro alternativas de finales electrizantes: Brasil-España, Brasil-Argentina, Alemania-Argentina o Alemania-España.
Cualquiera que sea de estas cuatro posibilidades la que se concrete (o alguna otra) será un domingo maravilloso para los amantes del fútbol. Se tratará de una lucha en la que florecerá el amor a la camiseta nacional, un momento en el que el planeta se paralizará para ver quién levanta la copa más deseada. Veremos.
España es la vigente campeona y es favorita. Su inverosímil manejo del balón los hace el conjunto que cuenta con la mejor técnica y capacidad de asociación de la Copa.
El juego caracoleado, sumado a una verticalidad vertiginosa, hace de La Furia un rival respetable. Andrés Iniesta, Xavi Hernández y Cesc Fábregas serán los motores que tratarán de llevar a su equipo a hacer lo que hasta ahora solo han podido Brasil e Italia: titularse dos veces seguidas.
Alemania es otro candidato. Los germánicos, línea a línea, tienen el mejor equipo del torneo, considerando la técnica, habilidad, velocidad, despliegue físico y contundencia. Cuando los panzers lleguen al campo serán implacables.
Portugal y Francia se ven con opciones, pero deben mantener la regularidad y mejorar su contundencia. También están Italia e Inglaterra, pero sus posibilidades parecieran reducidas, pues ambas no llegan en su mejor momento.
Cuatro posibles finales
En la historia de los mundiales las camisetas siempre han pesado a la hora de la verdad. La pléyade de campeones se reduce a un pequeño grupo de naciones que por tradición han hecho de este deporte parte de su idiosincrasia.
Con base en los grupos que ya se conocen y las posibles combinaciones de resultados, podrían darse cuatro alternativas de finales electrizantes: Brasil-España, Brasil-Argentina, Alemania-Argentina o Alemania-España.
Cualquiera que sea de estas cuatro posibilidades la que se concrete (o alguna otra) será un domingo maravilloso para los amantes del fútbol. Se tratará de una lucha en la que florecerá el amor a la camiseta nacional, un momento en el que el planeta se paralizará para ver quién levanta la copa más deseada. Veremos.
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Quieren exorcizar al Maracanazo
Por segunda vez en la historia, la Copa Mundial de Fútbol se juega en Brasil. Antes de esta edición, se disputó este torneo en tierras cariocas, en 1950. Aquel certamen fue especial, pues se trató de su regreso tras el parón que tuvo por la Segunda Guerra Mundial.
Aquella copa marcó también la vuelta del torneo a América, tras 20 años, ya que la última se había jugado en Uruguay en 1930.
El Mundial de 1950 se destacó por el abandono de países antes del comienzo, y por la poca cantidad de naciones participantes: Brasil, Italia, Uruguay, Inglaterra, España, Suiza, Suecia, Bolivia, Chile, Paraguay, Yugoslavia, Estados Unidos y México.
El paso de Brasil fue glorioso por aquella copa: el único lunar había sido un empate a dos contra Suiza en la primera fase. De resto, gozó de la miel de la victoria y con sendas goleadas incluidas a España, Suecia y México. La verdeamarela llegaba pletórica al Maracaná para recibir a su último escollo antes de titularse ante más de 170 mil espectadores.
La mesa estaba servida para que se cumpliera el final feliz carioca, y más aún después de que Albino Friaça Cardoso pusiera adelante a los locales. Todo era fiesta, samba. No obstante, Uruguay tenía otra idea: Juan Alberto Schiaffino empató y, luego, a 10 minutos del final, Alcides Ghiggia hundió más el cuchillo en la herida: 2-1 ganó la celeste. ¡Maracanazo!
Hoy, 64 años después, quizá alguno de los que estuvo en el Maracaná aquel día pueda ver de nuevo a su selección en una final de Copa del Mundo. Esa historia aún tiene que escribirse, pero lo cierto es que Brasil necesita exorcizar ese demonio y esta es su oportunidad.
Aquella copa marcó también la vuelta del torneo a América, tras 20 años, ya que la última se había jugado en Uruguay en 1930.
El Mundial de 1950 se destacó por el abandono de países antes del comienzo, y por la poca cantidad de naciones participantes: Brasil, Italia, Uruguay, Inglaterra, España, Suiza, Suecia, Bolivia, Chile, Paraguay, Yugoslavia, Estados Unidos y México.
El paso de Brasil fue glorioso por aquella copa: el único lunar había sido un empate a dos contra Suiza en la primera fase. De resto, gozó de la miel de la victoria y con sendas goleadas incluidas a España, Suecia y México. La verdeamarela llegaba pletórica al Maracaná para recibir a su último escollo antes de titularse ante más de 170 mil espectadores.
La mesa estaba servida para que se cumpliera el final feliz carioca, y más aún después de que Albino Friaça Cardoso pusiera adelante a los locales. Todo era fiesta, samba. No obstante, Uruguay tenía otra idea: Juan Alberto Schiaffino empató y, luego, a 10 minutos del final, Alcides Ghiggia hundió más el cuchillo en la herida: 2-1 ganó la celeste. ¡Maracanazo!
Hoy, 64 años después, quizá alguno de los que estuvo en el Maracaná aquel día pueda ver de nuevo a su selección en una final de Copa del Mundo. Esa historia aún tiene que escribirse, pero lo cierto es que Brasil necesita exorcizar ese demonio y esta es su oportunidad.
LUIS RIVERO DONALLE/CIUDAD CCS
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