
“Si hay para uno, hay para todos”, dice Nairubi Berríos con esa vocecita que destaca por la pausa, por el silencio bien administrado, por la calma sincera. Esa voz bajita sale de los labios de Nairubi sin la prisa de quien quiere figurar. Y es que en los dos años que tiene trabajando en la comuna “Rogelio Castillo Gamarra”, ya puede decir con claridad que esto se trata de juntarse.
Tiene 25 años y usa esa fuerza vital de la juventud para trabajar en comuna y darle a su hijo de 6 años un legado de juntura que seguir. Nos cuenta que el chamo ya ha ido entendiendo de qué va la cosa y se presta para ayudar en lo que haga falta. Reparte volantes en las reuniones, por ejemplo, y siempre manifiesta su interés. “A él le encantan las reuniones de discusión que hacemos”, agrega Nairubi con la mirada en alza.
Tiene 25 años y usa esa fuerza vital de la juventud para trabajar en comuna y darle a su hijo de 6 años un legado de juntura que seguir. Nos cuenta que el chamo ya ha ido entendiendo de qué va la cosa y se presta para ayudar en lo que haga falta. Reparte volantes en las reuniones, por ejemplo, y siempre manifiesta su interés. “A él le encantan las reuniones de discusión que hacemos”, agrega Nairubi con la mirada en alza.
Marbella Navarro recuerda tiempos menos amables, cuando cada quien estaba siempre por su lado, pendiente de ganarse el pan desde la competencia, desde la mal llamada ley del más fuerte. Ahora –dice entre líneas- la gente de José Félix Ribas es más fuerte porque ya no están separad@s. La comuna ha sido un espacio propicio para dejar de trabajar para el enriquecimiento de dueños de empresas y les ha permitido tributar a su propia comunidad, a su propia gente, a ese tod@s que se ocupan en formar.
En esos tiempos, las voces de todo un pueblo en lucha eran silenciadas. Rogelio Castillo Gamarra, por ejemplo, se atrevió a alzarle la voz a los gobernantes de los años sesenta, setenta y ochenta, hasta que un día de esos que tanto se repitieron por entonces, la Digepol lo arrancó de las entrañas de Petare, específicamente de la zona 6 del barrio José Félix Ribas. Los represores lo llevaron preso a un lugar indeterminado del estado Falcón y lo convirtieron en recuerdo.Ahora, los habitantes de 35 consejos comunales – entre José Félix Ribas y la zona de Palo Verde – se juntaron para traer de vuelta a Rogelio y volverlo comuna. Rogelio Castillo Gamarra ahora es los 25.000 habitantes que conforman la comuna, que el pasado mes de noviembre realizaron el referendo de su carta fundacional para lograr el registro, aunque trabajaban desde antes.
Una mujer sube uno a uno los escalones que conducen a la Unidad Técnica Comunal. Sandra del Toro llega con cansancio y una sonrisa de bienvenida. Explica que en este espacio se encargan de estudiar los problemas presentes en el territorio de la comuna en cuanto a infraestructura y servicios, para solventar los más graves y de resolución inmediata.
Al preguntarle sobre la comuna, habla poco porque dice mucho: “Creo en la comuna porque es el espacio que nos va a permitir tener gestión local, tener gestión comunitaria, transformar nuestros barrios”. Esto último es la gran meta que se plantean a través del plan de transformación del barrio, para lo que la Unidad Técnica Comunal recibió alrededor de 5.000.000 de bolívares en una primera etapa para dotación de las instalaciones, contratación del equipo técnico y el proceso de conformación del plan, para el cual primero deben realizar los estudios de suelo, determinar las zonas de riesgo y establecer las prioridades en cuanto a lugares y obras a atender. Han dado prioridad a 4 escaleras de la barriada, pues “de qué sirve arreglar una casa si no puedes llegar a ella”.
Sandra no titubea al decir que las manos constructoras son las del pueblo, que antes estaba acostumbrado a hacer para otros, a vender su fuerza de trabajo para levantar los hogares de otra gente, mientras ellos vivían en ranchos “mal hechos, con muy pocos recursos”. Ahora, con la unión de sus capacidades y el apoyo de instituciones del Estado, en las comunas la gente del barrio trabaja por sus propias problemáticas.
Otra dificultad con la que se habían acostumbrado a vivir era la ausencia de un transporte que les suavizara el empinado camino del barrio para poder llegar a esas casas hechas con poco. Por eso una de las cosas que destacan con orgullo es la ruta comunal, que une a través de las cuatro ruedas de varios yises las diferentes zonas de José Félix Ribas (de zona 1 a zona 10) y parte de Colinas de La Bombilla.
Brigitte González le tiene miedo a las cámaras, pero no a trabajar en la ruta. Es la fiscal y manifiesta lo que considera un motivo para alegrarse: “Trabajamos juntos, todos somos una misma familia, estamos pendientes de cada quién”.
“Antes teníamos que subir todo eso caminando, una hora me echaba”, cuenta Brigitte, a la vez que explica que aunque anteriormente había unas camionetas, por motivos de división de intereses, eso se perdió.
Juntura bonita
Los comuneros y comuneras cantan al unísono lo que parece ser su principio fundamental: hablan de ell@s como un todo, sin divisiones de intereses. Si se les pregunta por su experiencia con la comuna, dejan muy claro que no pueden hablar desde el yo, sino desde un nosotr@s.
En la comuna “Rogelio Castillo Gamarra”, esa es la premisa. “Yo no te puedo hablar como yo”, dice Gustavo Briceño, quien durante el recorrido por los espacios de la comuna hace gala de esa juntura: saluda a tod@s, tod@s lo saludan.
Pero hay una segunda premisa: la identidad. Es por eso – explica Briceño cubriendo con su gorra tricolor el sol que abrasa a José Félix Ribas- que los nombres nacen de compañeros de lucha de esos tiempos no tan amables. Además de Rogelio, también rescatan a Morela Castro, quien por muchos años se dio a la tarea de trabajar por su comunidad –cuentan los vecinos-, hasta que un cáncer la obligó a dejar en manos de los nuevos la revolución en proceso.
“Mamá Morela” es ahora textilera, un espacio para la confección que tienen en funcionamiento en la zona 10 del barrio. Allí hacen uniformes escolares para niños y niñas, chemises, franelas y shorts, entre otros tipos de prendas de vestir. Para la construcción y equipamiento de Mamá Morela, el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales realizó un financiamiento por un monto alrededor de los 3.300.000 bolívares.
Otra dificultad con la que se habían acostumbrado a vivir era la ausencia de un transporte que les suavizara el empinado camino del barrio para poder llegar a esas casas hechas con poco. Por eso una de las cosas que destacan con orgullo es la ruta comunal, que une a través de las cuatro ruedas de varios yises las diferentes zonas de José Félix Ribas (de zona 1 a zona 10) y parte de Colinas de La Bombilla.
Brigitte González le tiene miedo a las cámaras, pero no a trabajar en la ruta. Es la fiscal y manifiesta lo que considera un motivo para alegrarse: “Trabajamos juntos, todos somos una misma familia, estamos pendientes de cada quién”.
“Antes teníamos que subir todo eso caminando, una hora me echaba”, cuenta Brigitte, a la vez que explica que aunque anteriormente había unas camionetas, por motivos de división de intereses, eso se perdió.
Juntura bonita
Los comuneros y comuneras cantan al unísono lo que parece ser su principio fundamental: hablan de ell@s como un todo, sin divisiones de intereses. Si se les pregunta por su experiencia con la comuna, dejan muy claro que no pueden hablar desde el yo, sino desde un nosotr@s.
En la comuna “Rogelio Castillo Gamarra”, esa es la premisa. “Yo no te puedo hablar como yo”, dice Gustavo Briceño, quien durante el recorrido por los espacios de la comuna hace gala de esa juntura: saluda a tod@s, tod@s lo saludan.
Pero hay una segunda premisa: la identidad. Es por eso – explica Briceño cubriendo con su gorra tricolor el sol que abrasa a José Félix Ribas- que los nombres nacen de compañeros de lucha de esos tiempos no tan amables. Además de Rogelio, también rescatan a Morela Castro, quien por muchos años se dio a la tarea de trabajar por su comunidad –cuentan los vecinos-, hasta que un cáncer la obligó a dejar en manos de los nuevos la revolución en proceso.
“Mamá Morela” es ahora textilera, un espacio para la confección que tienen en funcionamiento en la zona 10 del barrio. Allí hacen uniformes escolares para niños y niñas, chemises, franelas y shorts, entre otros tipos de prendas de vestir. Para la construcción y equipamiento de Mamá Morela, el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales realizó un financiamiento por un monto alrededor de los 3.300.000 bolívares.
Al fondo de la segunda planta de la textilera, una mujer da forma a una futura prenda de vestir color azul en una de las máquinas con las que cuentan. Flor Bolívar es su nombre, y aunque al principio le da un poco de pena, se va soltando mientras habla. Sobre la comuna, cuenta que ha sido duro organizarse, pero que los frutos se han ido viendo.
Habla de la comuna como un futuro que está hecho en presente, como algo que dejar para l@s que vienen. “Porque nosotros ayudamos al comandante a construirlo, pero se lo vamos a dejar a nuestros hijos, a nuestros nietos. Que ellos sigan ese legado y que defiendan el socialismo, que defiendan la comuna”.
Al otro lado del salón está Marbella Navarro, para quien un día de trabajo en la comuna es de “alegría y aprendizaje constante”. Especialmente porque lo que ahora está en proceso en su comunidad será lo que le quede a sus cinco hijos para el futuro. Para ellos trabaja y ellos lo saben apreciar.
Cuenta que Jesús, el menor y único varón, tiene diez años pero a pesar de su corta edad siempre valora el trabajo que se está llevando a cabo en su zona. El niño agrega que ayuda a su madre en la textilera, en lo que haga falta. La comuna también está en los hoyitos de la sonrisa de Jesús, de cada niño y niña que está aprendiendo en conjunto.
Mucho más abajo, en espacios ya de la urbanización Palo Verde, la comuna “Rogelio Castillo Gamarra” también integra a los vecinos de esta zona. Allí está el Núcleo de Desarrollo Endógeno “Antonio José de Sucre”, donde hay cancha de futbolito y basket, una peluquería, sala de baile, radio y tv comunitaria. Detrás de una doble puerta, hay una pequeña sala con paredes cubiertas para aislar el ruido. Al entrar se ve una cámara. A un lado, cuatro chamos están frente a una computadora, mezclando una canción de uno de ellos. En este estudio de grabación cualquiera puede llegar para dejar registro de la música que hace desde y para la comunidad.
Uno de los chamos es Guillermo Paiva, de 14 años, que ha realizado talleres de producción musical en el Núcleo y trabaja en el estudio de grabación. Aunque dice no tener un concepto fijo de lo que significa una comuna, tiene claro que se trata de trabajar por la comunidad: “Servir a la gente, que es lo que quiero. Esa es la idea, que la gente pueda venir aquí a grabar sus discos, que los que no han tenido el chance también lo tengan ahora”.
Habla de la comuna como un futuro que está hecho en presente, como algo que dejar para l@s que vienen. “Porque nosotros ayudamos al comandante a construirlo, pero se lo vamos a dejar a nuestros hijos, a nuestros nietos. Que ellos sigan ese legado y que defiendan el socialismo, que defiendan la comuna”.
Al otro lado del salón está Marbella Navarro, para quien un día de trabajo en la comuna es de “alegría y aprendizaje constante”. Especialmente porque lo que ahora está en proceso en su comunidad será lo que le quede a sus cinco hijos para el futuro. Para ellos trabaja y ellos lo saben apreciar.
Cuenta que Jesús, el menor y único varón, tiene diez años pero a pesar de su corta edad siempre valora el trabajo que se está llevando a cabo en su zona. El niño agrega que ayuda a su madre en la textilera, en lo que haga falta. La comuna también está en los hoyitos de la sonrisa de Jesús, de cada niño y niña que está aprendiendo en conjunto.
Mucho más abajo, en espacios ya de la urbanización Palo Verde, la comuna “Rogelio Castillo Gamarra” también integra a los vecinos de esta zona. Allí está el Núcleo de Desarrollo Endógeno “Antonio José de Sucre”, donde hay cancha de futbolito y basket, una peluquería, sala de baile, radio y tv comunitaria. Detrás de una doble puerta, hay una pequeña sala con paredes cubiertas para aislar el ruido. Al entrar se ve una cámara. A un lado, cuatro chamos están frente a una computadora, mezclando una canción de uno de ellos. En este estudio de grabación cualquiera puede llegar para dejar registro de la música que hace desde y para la comunidad.
Uno de los chamos es Guillermo Paiva, de 14 años, que ha realizado talleres de producción musical en el Núcleo y trabaja en el estudio de grabación. Aunque dice no tener un concepto fijo de lo que significa una comuna, tiene claro que se trata de trabajar por la comunidad: “Servir a la gente, que es lo que quiero. Esa es la idea, que la gente pueda venir aquí a grabar sus discos, que los que no han tenido el chance también lo tengan ahora”.
La misma premisa de juntarse, aprender y mejorar recorre los espacios del núcleo, donde incluso desde antes de ser comuna han emprendido otra tarea vital para los barrios del país: “Tenemos más de 100 jóvenes que han soltado las armas y tenemos otros 250 chamos que anteriormente estaban en ocio y que ahora, hoy en día, vienen aquí a grabar en su estudio de grabación, a los salones de baile, a las canchas deportivas”. Así lo relata Keila de la Rosa, que además de sus labores en la comuna, forma parte de la Comisión Presidencial del Movimiento por la Vida y por la Paz, con la cual ha sido posible la integración de estos jóvenes.
Explica también que esto no es nuevo. “Cada uno de los directores del núcleo son luchadores sociales desde que empezó la revolución y antes de ella también”. Desde esos tiempos de Rogelio, de Mamá Morela, ya esta gente trabajaba por su comunidad. Menos recursos, pero mismas ganas.
También en Palo Verde, la comuna tiene ahora una sede propia donde hacer las reuniones. Antes su “oficina” era un camión, a través de cuyos vidrios se pueden ver aún los archivos con la información de la organización.
Allí volvemos a Nairubi, cuya voz se hace más un eco, un vestigio de algo poderoso entre el cercano ruido de los carros, motos y vendedores de la zona. Nos cuenta que dos años atrás, antes de involucrarse en la comuna, estaba en casa, con su chamo.
A través de su voz hablan ahora los Rogelio, las Mamá Morela, los y las luchadoras de cada barrio venezolano que fueron silenciados tanto tiempo. Ahora están en la ruta comunal, en las textileras, en los cultivos. Pero también están en la voz de Gustavo, de Marbella, de Sandra. Están en las voces de los niños que cada vez están más familiarizados con esa juntura bonita. Como el pequeño de Nairubi, la de la voz pausada que es la voz de tod@s.
Explica también que esto no es nuevo. “Cada uno de los directores del núcleo son luchadores sociales desde que empezó la revolución y antes de ella también”. Desde esos tiempos de Rogelio, de Mamá Morela, ya esta gente trabajaba por su comunidad. Menos recursos, pero mismas ganas.
También en Palo Verde, la comuna tiene ahora una sede propia donde hacer las reuniones. Antes su “oficina” era un camión, a través de cuyos vidrios se pueden ver aún los archivos con la información de la organización.
Allí volvemos a Nairubi, cuya voz se hace más un eco, un vestigio de algo poderoso entre el cercano ruido de los carros, motos y vendedores de la zona. Nos cuenta que dos años atrás, antes de involucrarse en la comuna, estaba en casa, con su chamo.
A través de su voz hablan ahora los Rogelio, las Mamá Morela, los y las luchadoras de cada barrio venezolano que fueron silenciados tanto tiempo. Ahora están en la ruta comunal, en las textileras, en los cultivos. Pero también están en la voz de Gustavo, de Marbella, de Sandra. Están en las voces de los niños que cada vez están más familiarizados con esa juntura bonita. Como el pequeño de Nairubi, la de la voz pausada que es la voz de tod@s.
Texto: Juan Sebastián Ibarra
Fotos: Oscar Arria




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