lunes, 15 de enero de 2018

RESUMEN DE OPINIÓN – 15.01.2018



Fuente: A.E.

  
TEMAS ABORDADOS

TEMA: Escenario pre-electoral
MATRICES: Inminente cambio de gobierno / Hambre / Crisis humanitaria / Gobierno controla el CNE / Oposición debilitada  sin líderes ni propuestas / Promoción de la  candidatura de Lorenzo Mendoza.

BALANCE GENERAL

Editorial (El Nacional): “…En Venezuela no gobiernan ni la izquierda, ni una ideología, ni una coalición de revolucionarios: gobiernan facciones de delincuentes (…) sobre el sistema electoral venezolano pesa una acusación cuyo efecto todavía no ha sido procesado (…) hay personas y grupos que abandonan o son expulsados. Pasan a engrosar la lista de los perseguidos. (…) El cambio está en curso (…) me parece inminente es el cambio político producto de la exacerbación y la acumulación todavía mayor de problemas: protestas –como ya está ocurriendo…”

Carlos Raúl Hernández: “…no se siente una estrategia, ni clara ni oscura, ni el ruido de tractores para reconstruir la acción (…) quienes lo promueven a Lorenzo Mendoza dan argumentos, como que “los políticos fracasaron, mientras él es un triunfador” (…) Corren también ideas un poco extravagantes como proponer alguno de los inhabilitados, con una razón más o menos así como que “no están inhabilitados para el pueblo” y “no hay que reconocer tal condición” (…) Las hambrunas del siglo XX fueron todas en regímenes revolucionarios. Ya se sabe perfectamente por experiencia propia, gracias a Pudreval y ahora a los CLAPs, qué pasa cuando los socialistas se ocupan de alimentar a la ciudadanía…”

ARTÍCULOS DE OPINIÓN
Editorial “Hipótesis sobre cómo se producirá el cambio de régimen” (El Nacional)
Es probable que nadie, ni siquiera aquellos que trabajan con diversas herramientas de análisis, haya previsto un estado de cosas como el que se está viviendo en Venezuela. Nuestra realidad ha mostrado una capacidad de burlar de tal forma los análisis y a los analistas que desconcierta. Los hechos van a una velocidad y responden a unas lógicas que, a menudo, sobrepasan las herramientas de quienes la estudian.
Todo lo anterior tiene una explicación que, dentro y fuera de Venezuela, hemos tardado en entender y asumir: que los instrumentos de análisis no están hechos para medir o prever el mal, el ejercicio abierto y creciente del mal político, que es el signo primordial del poder en Venezuela. En Venezuela no gobiernan ni la izquierda, ni una ideología, ni una coalición de revolucionarios: gobiernan facciones de delincuentes. De familias que han salido del umbral de la legalidad. De grupos que aterrorizan a sus propios seguidores. Mafias de odio ilimitado.
Ni los peores pronósticos alcanzaron a vislumbrar que la enfermedad del poder llegaría al extremo de matar de hambre, matar de escasez, matar de inflación, torturar, activar la delincuencia, destruir la producción, llevar la corrupción a niveles impensables, hacerse parte del narcotráfico, destruir las instituciones, erosionar las fuerzas armadas, crear grupos paramilitares, mentir, mentir una y otra vez, mentir hasta tal punto que ha causado un enloquecimiento generalizado: hay que haber perdido todo vínculo con la realidad para ser capaz, en el período de mayores sufrimientos que haya conocido Venezuela desde la Guerra Federal, el más doloroso y humillante de los últimos 150 años, para escribir tuits, como hacen algunos poderosos, uniformados y no uniformados, hablando de la felicidad del pueblo venezolano.
La lucha contra el mal político no es una lucha como otras. En eso se equivocan los que piensan que la acción concentrada en lo electoral es suficiente. Se equivocan, especialmente, cuando sobre el sistema electoral venezolano pesa una acusación cuyo efecto todavía no ha sido procesado: un fraude que se proponía legitimar lo que no podrá ser legitimado jamás: la asamblea nacional constituyente, en sí misma, materialización del mal político, del mal que consiste en esto: disposición a matar para mantenerse en el poder.
Como ocurre en todas las revoluciones: el poder se ha ido estrechando y concentrando. A medida que pierde escrúpulos, que violenta las barreras de la legalidad, que actúa con creciente descaro, en esa medida hay personas y grupos que abandonan o son expulsados. Pasan a engrosar la lista de los perseguidos. El que hasta ayer era un aliado, hoy adquiere el carácter de un enemigo, como el resto de la sociedad. Porque de eso trata el mal político: convierte al conjunto de los venezolanos en enemigos de la oligarquía que tiene el control del poder.
Venezuela está devastada. Es un territorio arrasado por la pobreza y la enfermedad, cuyo deterioro avanza a diario. Cada día el país se emparenta más con la pobreza estructural de la Cuba castrista. Ante el inenarrable cuadro de hiperinflación, hambre, enfermedad, escasez y delincuencia que crece a diario, la desesperanza cunde. Y surge, como pregunta inevitable y única, la del hasta cuándo: hasta cuándo se mantendrá este régimen en el poder. Cuánto más pueden prolongarse los sufrimientos de los venezolanos. Cuántos más tienen que morir para que las cosas cambien.
Estoy entre los que piensan que el régimen no es sostenible. Su inviabilidad es visible en cada esquina de Venezuela. Por ello estoy persuadido de que el cambio está en curso. No por vía del diálogo y el supuesto acuerdo electoral que saldría del mismo (insisto: no es aceptable que el derecho de votar tenga que rogarse en una mesa de negociación). Tampoco como consecuencia de un golpe de Estado. Ni mucho menos porque fuerzas militares extranjeras pudieran ingresar al territorio nacional a cambiar el gobierno. Ni como producto de una inmensa movilización del pueblo que obligue al gobierno a dimitir.
La idea que tengo es que no se producirá un gran acontecimiento que cambie el estado de cosas, de un momento para otro. No veo posible ninguna solución instantánea. Lo que sí me parece inminente es el cambio político producto de la exacerbación y la acumulación todavía mayor de problemas: protestas –como ya está ocurriendo– en todo el país; dificultades dentro de la FANB para mantener el orden y las operaciones; luchas cada día más abiertas entre los distintos reductos del oficialismo; profundización del cerco financiero internacional; dependencia creciente de las remesas y la ayuda internacional; aceleración de la paralización de la producción, el transporte público, los servicios y más.
Este escenario, de creciente empeoramiento de todos los problemas, es inevitable. El hundimiento continuará, salvo que se produzca un radical cambio de rumbo. Lo que es importante entender es que el cambio de rumbo no es una aspiración política de la oposición o de los demócratas: es una urgencia venezolana, unánime, donde confluyen los deseos tanto del reducto chavista como de la inmensa mayoría que se opone al gobierno. La presión de los partidos políticos de la oposición es solo una fuerza en el panorama. No la más decisiva. La más determinante está en la sociedad, en los sindicatos, en los cuarteles, en las iglesias, en las calles. Son esos los factores los que, de tanto sufrimiento y malestar, en cualquier momento, creo que muy próximo, impondrán el final del régimen y el paso a un nuevo gobierno, gobierno que será, se quiera o no, un gobierno de transición.

Carlos Raúl Hernández “Sangre en el hemiciclo” (El Universal)
La decisión de respetar el acuerdo para elegir al presidente de la A.N., amainó preocupaciones. Se pensó que se dividirían en una crisis que por fortuna no fue. Los devoradores de serpientes querían que se rompiera el pacto y corriera la sangre traidora. Por eso es tarea definir si sobrevive algo que merezca el nombre de Unidad, o es un título hueco, irreal. Entre 2006 y 2015 se desplegó una estrategia democrática, pero durante 2016 y 2017 un demonio con forma de jumento patafísico se posesiona de ese cuerpo, que se lanza al barranco y lo atropella el desvencijado camión de perniles podridos de la revolución. Unos se pusieron duros y otros también, con ventaja para el poder coactivo del Estado, como dice el librito a propósito de cualquier régimen autoritario. Es lo que ha ocurrido en estos 19 años: el gobierno utiliza las embestidas del atacante para destruirlo.
Con sus errores, los partidos pudieron crear algo, -aunque hoy esté en ascuas-, mientras el mal de rabia no logró nada salvo tortas, balbuceos y destrucción. La revolución se entronizó y se estabilizó gracias a ellos. Y no habrá futuro si no se logra neutralizar brigadas tan fundamentalistas como el gobierno, pero carentes de la más elemental habilidad política. Los graves problemas están ahí: ¿habrá unidad y un candidato unitario, o proliferarán los candidatos? Tres partidos (AD, PJ y VP) decidieron ir a primarias, pero son ilegales así como la MUD, y no podrán lanzar a nadie (mutatis mutandis) con sus siglas sino con alguna de las tarjetas existentes, las de UNT, MAS, Copei y AP, lo que daría nuevo relieve a esos partidos. Hay resentimiento porque se sabe quiénes articularon la estrategia de descrédito contra UNT, AP y otros, y ahora necesitarán sus tarjetas. 
El perro bailarín
El jumento patafísico gritó Maduro vete ya, 350, 16-J, trancón, hora cero, y demás ridiculeces. A cambio hoy tenemos la constituyente cubana, y el gobierno controla gobernaciones y alcaldías. Perseguidos siempre por la peor opción, no participamos en las municipales para “evitar la derrota” y complacer al populacho, y vino la ilegalización. El tema número uno de la política es siempre prepararse para el contragolpe. Ayer gracias al paro petrolero “limpiaron” Pdvsa, y vino el control de cambios; a la comedia de Plaza Altamira y el 12 de abril respondieron lo mismo con la FF.AA. Y aquél deplorable retiro de la AN le otorgó unanimidad al gobierno para nombrar el CNE y el TSJ que les viniera en gana. La parte trágica de la tragicomedia, son las quejas de las almas en pena que lloran sus desventuras, y se lamentan porque el gobierno es “maluco”. Y el gobierno da gracias al mal de rabia.
Pero aparte de las quejas del espectro que llora su drama, no se siente una estrategia, ni clara ni oscura, ni el ruido de tractores para reconstruir la acción. Los grupos fúricos -aliados esenciales del gobierno- se dedican a echar espuma por la boca, pura espuma: hacer oposición a la AN y tramolear a la espera de un eventual fracaso en Santo Domingo para machacar a los partidos. Su previsión de torditos no los deja ver que si muere el diálogo, vendrá una ofensiva brutal de la revolución (presidenciales para marzo con este CNE), ilegalizar definitivamente los partidos, profundizar el abstencionismo, el descrédito en el campo democrático. Hay perros que bailan, caballos que caminan como misses, delfines que juegan con una pelota, pero nunca verá un burro en el circo porque no aprenden nada, aunque le den un título y lo vistan de toga y birrete. La rabia no deja espacio para la libido, la política ni el pensamiento.
El exorcismo
Tal vez la Unidad podría exorcizar al abstencionismo opositor, el arma esencial del gobierno que explica sus triunfos en un país abrumadoramente resentido y encrespado. ¿Habrá uno o más candidatos presidenciales del campo democrático en 2018? ¿Convocarán primarias u otro método para escogerlo? ¿Lograrán reconvertir en mayoría política la mayoría social contra el gobierno? Se habla de un posible outsider, Lorenzo Mendoza, y quienes lo promueven dan argumentos que resuenan, como que “los políticos fracasaron, mientras Mendoza es un triunfador”. Eso podría ser así exactamente hasta el momento de lanzarse, porque es previsible que el gobierno lo ataque a fondo y a sus empresas. Corren también ideas un poco extravagantes como proponer alguno de los inhabilitados, con una razón más o menos así como que “no están inhabilitados para el pueblo” y “no hay que reconocer tal condición”.
Todo suena confuso y enredado pero precisamente la política es el arte de resolver embrollos. El gobierno está dispuesto a acabar con las redes privadas de distribución de alimentos en dos o tres meses, con las ventas forzadas por debajo de los costos. Arrecia la aplicación del plan Serrano para acabar con los abastos y supermercados e inducir una crisis bancaria. En la cabeza paleolítica de su ductor, se trata de eso: llevar al país al trueque. Quieren que solo podamos comer a través de los CLAPs, lo que hace el boceto de zonas de estarvación a muy corto plazo. Las hambrunas del siglo XX fueron todas en regímenes revolucionarios. Ya se sabe perfectamente por experiencia propia, gracias a Pudreval y ahora a los CLAPs, qué pasa cuando los socialistas se ocupan de alimentar a la ciudadanía.
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