Dicen que es el barrio más densamente poblado de Latinoamérica. Sus cerros están completamente ocupados por casas ensimismadas, que llegan a trepar tres o cuatro pisos. Las calles se dibujan en forma de serpientes que hacen fácil perderse si uno no vive allí. Petare, Caracas, se conoce también como “cuna de malandros”. Pero pocos cuentan las experiencias que impulsan sus propios habitantes para intentar cambiar esa realidad.
Frente al barrio José Félix Ribas, el de mayor población, se encuentra el 5 de Julio. Allí, en el sector conocido como La Y, un grupo de vecinos y organizaciones sociales desarrollan el proyecto Espacio de Vida “Núcleo cultural y deportivo Alí Primera”.
Esta idea es llevada a la práctica por el Movimiento por la Paz y la Vida, una iniciativa del Estado junto al poder popular, que se desarrolla en cinco puntos críticos de Venezuela: Mérida, Valencia, Maracaibo, Pinto Salinas y Petare (estos dos últimos, de Caracas). Cuentan también con el apoyo de la Misión Saber y Trabajo, los ministerios de Juventud y Deportes, el Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (Inces), y otras instituciones.
“Todo este proyecto se inició el año pasado cuando nosotros estuvimos en una actividad con el presidente Nicolás Maduro y él asumió unos compromisos con los jóvenes de las comunidades adyacentes, que era la construcción de unas canchas de paz y vida”, cuenta Yazmín Jiménez, vecina y vocera del Movimiento Otro Beta.
La modalidad de trabajo se llama workshops (talleres). En ellos, un conjunto de arquitectos (nacionales e internacionales) se vinculan a la comunidad para saber cuáles son sus necesidades y construir un espacio común definido por ellos mismos.
“El objetivo es involucrar a la comunidad y que el sentido de pertenencia sea mayor. Que los mismos chamos que nos ayudan a pintar se queden en el barrio haciendo vida y llenando las paredes de color”, dice Luis José Ordaz, de Comando Creativo. A ellos les “tocó dirigir la gráfica de todo el proyecto, el afiche, la señalética, los esténcil, el diseño para las franelas. También estamos abocados a realizar los murales”, comenta.
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Una de las propuestas fue hacer una cancha de básquet, ya que los jóvenes jugaban en la calle y eso generaba conflicto con quienes pasaban por el sitio. Se construyó en el sector más alto de la edificación. Allí, en pocos metros, se desarrolló media cancha con un aro.
“En esta comunidad no tenemos espacio para la cultura, la recreación y los deportes. Por eso planteamos comprar una vivienda que estaba en un espacio adecuado”, explica Yazmín. Se refiere a una casa que se encontraba justo en la esquina.
Esta experiencia, según José Dionise, vecino del barrio, “saca a muchos muchachos del ocio. Nos han ayudado muchos compañeros que están en el vicio malo y hemos hablado con ellos sobre lo que estamos haciendo y han bajado bastante. Es como construir un poco la paz”.
En la parte inferior del recinto se está realizando un estudio de grabación; es que el hip hop y el rap son otras de las pasiones que reúnen más seguidores. También habrá un infocentro y un espacio para dar talleres de formación.
“Epa chamo, es contigo, que vives achantado/ sentado en esa esquina, sin mirar para los lados/ viviendo en una nota, todo el tiempo arrebatado/ no critico tu vicio, mas bien tu actitud/ quisiera que pensaras dónde quieres llegar tú”, dice la letra de un rap cantado de imprevisto por Luis Jiménez, y sigue: “Para estar en la vía hay que estar pendiente/ recuerda que aquí en el barrio siempre cobra el inocente/ yo quiero que ese mensaje siempre lo lleves presente”.
Luis tiene 31 años. Piel morena, contextura maciza, lleva puesta una gorra de lado, lentes de sol y una cadena plateada. Nació en el barrio. Sus letras cuentan “vivencias, experiencias del barrio, una que otra más futurista, fantasiosa”. También está interesado en conocer el funcionamiento de los “aparatos” de grabación. “Yo creo que más que todo, esto es para las generaciones futuras, para que los niños ya no crezcan con violencia, que se interesen en la música, en el deporte, en lo que les guste”, dice.
Por el lugar, aún sin inaugurar, se ven decenas de personas que llegan con cornetas, cámaras, escaleras, latas de pintura; algunas barren las calles, otras envían información por internet, más allá se mezclan obreros con arquitectos y vecinos. “Los mismos fundadores de la comunidad, los que echaron las primeras escaleras, nos dicen que nunca se había visto un proyecto como éste, que se está ejecutando por un movimiento social”, relata Yazmín Jiménez.
Diego Peris vino desde Madrid hasta Petare invitado por Pico Estudio, que es el encargado de organizar los workshops. Es arquitecto y participa del colectivo Todo por la Praxis, de España (www.todoporlapraxis.es). Dice que siempre ha desarrollado procesos participativos, donde la colectividad demanda una serie de necesidades y se piensa en un diseño de manera conjunta. Luego, se trabaja mediante la autoconstrucción.
“Ahí surge la apropiación y el empoderamiento desde la base. Realmente la comunidad, el ciudadano, desde un principio empieza a coger el espacio, a ser protagonista, sintiéndolo como propio. A la vez, se generan entornos de aprendizajes colectivos, donde todos nos vamos enseñando y vamos aprendiendo experiencias, conocimientos”, cuenta Diego.
Los formatos utilizados son como prototipos, para que puedan ser reproducidos por otros colectivos, otros sitios, otras poblaciones. Sin embargo, en cada oportunidad existen particularidades. “En este caso, la propia peculiaridad de la morfología del barrio, la propia organización, la logística, todo eso hace que las cosas funcionen de una determinada manera y sea muy diferente a otros contextos donde hemos trabajado”, señala Peris.
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En la fachada de la construcción se proyecta hacer un mural que está en manos del Comando Creativo. La idea es mostrar el proceso de creación del proyecto. “Nosotros queremos reflejar en las paredes, obreros construyendo, un soldador que esté soldando y que las chispas sean de colores y se rieguen por toda la vaina”, cuenta Luis José, uno de los muralistas.
Pero, como todavía no han finalizado la construcción del espacio, y sigue habiendo andamios y bolsas de cemento, decidieron empezar con otra pared, que se encuentra alejada tres o cuatro viviendas más allá. Ahí, la cara de Chávez parece indagar a cada transeúnte.
“Hicimos una plantilla primero con cosas básicas de Chávez: una rayita donde está la nariz, una donde están los ojos, otra donde va la boca, en un cartón. Lo cortamos, lo proyectamos, luego pegamos el cartón en la pared y se empieza ya a pintar dentro de ella”, relata Luis José.
La expresividad de los ojos del comandante es lo que más resalta en el mural. Se observa, a simple vista, los trazos de los pinceles y escobillas, como queriendo demostrar que allí hubo muchas manos trabajando. Es una paleta de distintos tonos de amarillos, marrones, rojos y azules, que aparecen impregnados con diferentes materiales: pintura de caucho, spray y acrílico.
Primero, hubo un proceso de formación, para ver, por ejemplo, cómo se hacen los colores de la piel. “Un color de piel no es uno sólo, son miles de colores que son el resultado de una luz y una sombra”, cuenta Luis José, y agrega: “Nosotros estamos haciendo esto con los chamos de la comunidad, ellos están construyendo y debatiendo los colores que van a poner, aprendiendo a hacer líneas, empezando a tener contacto con la pintura”.
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Los callejones y escaleras permanecen repletos de gente que va y viene. El que se queda en su casa espía por la ventana. Los extraños sacan fotos o filman. Los motorizados circulan con precaución. Nadie permanece indiferente en este sector del barrio 5 de Julio de Petare.
Como dice Yazmín Jiménez: “Es en el deporte, en la formación real, donde nosotros vamos a promover que haya un nuevo liderazgo, que hayan nuevos jóvenes capacitados y que sean vanguardia de este proceso revolucionario”.
Texto: Laura Farina.
Fotos: Óscar Arria.







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