La Irenología es la ciencia que estudia la paz. Simón Bolívar (1783-1830) e Inmanuel Kant (1724-1804) fueron irenólogos. El libro Sobre la paz perpetua (1795) es un tratado en el que el filósofo prusiano analiza algunos puntos clave que deben darse para poder hablar de paz perpetua. El libro se inicia con la frase: “No debe considerarse válido ningún tratado de paz que se haya celebrado con la reserva secreta sobre alguna causa de guerra en el futuro”. La propuesta de Kant para lograr la paz se basa en la creación de una federación de Estados independientes donde cada uno de ellos ofrezca las garantías de un Estado de Derecho y se sustente en una constitución republicana. El libro de Kant puede resumirse con la idea siguiente: “La paz no es el estado natural del hombre y, en consecuencia, debe ser instaurada”.
¿Cómo puede hablar de paz un hombre racista? Para Kant: “Los americanos son una subraza no bien formada todavía. Su fuerza vital se encuentra casi extinguida. El pueblo de los americanos no es susceptible de forma alguna de civilización. No tiene ningún estímulo, pues, carece de afecto y de pasiones. Los americanos no sienten amor, y por eso no son fecundos. Casi no hablan, no se hacen caricias, no se preocupan de nada y son perezosos. Las razas americanas representan el escalón más bajo de la humanidad”.
La respuesta bolivariana a esta visión racista la escribe Bolívar al traidor Santander el 30 de octubre de 1823: “La ofensa hecha al justo es un golpe contra mi corazón”. Kant, uno de los teóricos más estudiados en las universidades del mundo, analiza la realidad con doble rasero. La acción de Bolívar es cónsona con su pensamiento. Sabe que mientras exista el capitalismo no puede haber paz: “¡He proclamado la libertad absoluta de los esclavos!” Por ello, exclama: “Amo la libertad de la América más que mi gloria propia, y para conseguirla no he ahorrado sacrificios”. El 23 de julio de 1820 le escribió a Santander: “La paz será mi puerto, mi gloria, mi recompensa, mi esperanza, mi dicha y cuanto es precioso en el mundo”.
¡Bolívar vive!
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