Todo esto conforma el concepto de comunicación. Es a través de la comunicación, del intercambio de expresiones, que Chávez logró aglutinar la potencia política, los deseos esparcidos del pueblo en una sola y firme voluntad de poder. Y es a través de la comunicación como la contrarrevolución trata, insiste y logra hacer mella en la base de apoyo de la Revolución, en el seno del pueblo. Lo hace por todos los medios posibles, apropiándose de la expresión dolorosa de un pueblo que está pasando por dificultades producto del ataque sistemático y sostenido a su condición más básica de vida, la alimentación y la salud.
Chávez fue la expresión de los problemas, de las quejas, del rechazo de la gente hacia un sistema que la empujaba a la miseria. Su ejercicio político fue efectivo porque literalmente se montó sobre los problemas de la gente, sobre sus carencias y sus padecimientos. Y fue así que estableció una relación de identidad, el pueblo se reconoció en Chávez y Chávez fue entonces el pueblo. Esta forma, esta operación que muchos llaman con intención despectiva "populismo" es, como dijo Ernesto Laclau, la forma misma de la política. Solo así se logra acumular voluntades y construir una identidad popular.
De esta misma manera, la contrarrevolución ha logrado ganar un valioso terreno al montarse sobre el descontento popular que produce la escasez y la dificultad para conseguir alimentos y medicinas. Y el punto clave de su eficacia no está en lo genuino de su intención ni de sus argumentos, sino en la constancia y en la insistencia de sus operaciones de comunicación. La derecha no persigue la construcción de un pueblo para edificar una estructura de soberanía popular, persigue la construcción de un espejo de identidad negativa respecto a la Revolución, basándose en todos los descontentos, en los dolores, en las rabias, en las impotencias. La diferencia de este populismo hipócrita respecto al populismo liberador está en sus razones y en sus intenciones, Chávez pretendía liberar la fuerza popular, la contrarrevolución pretende volver a oprimir mediante la manipulación. Pero el método es claro y se monta de manera constante e insistente sobre la expresión y comunicación de los problemas.
Comunicar los problemas, decir las dificultades, expresarlas, compartirlas, domesticarlas, es la forma de apropiarse del discurso, de relacionarse con la gente para construir, y reconstruir, la identidad política. Como en el psicoanálisis, no es posible tomar control de lo que se padece sino hasta que esto se exterioriza mediante la expresión. Así que salgamos a apropiarnos de nuestros problemas en un accionar común del pueblo y su Gobierno.
Publicado en Ciudad CCS el 23/11/2016.

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