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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Reinaldo Iturriza: “Las comunas son un nuevo estadio de la democracia bolivariana”


Ministro del Poder Popular para las Comunas y Movimientos Sociales
Ministro del Poder Popular para las Comunas y Movimientos Sociales
El ministro para las Comunas y los Movimientos Sociales, Reinaldo Iturriza, aseguró en una entrevista realizada la mañana de este miércoles en Venevisión, que las comunas representan “un nuevo estadio en el proceso del fortalecimiento de la democracia bolivariana”. Esto en referencia a la relación entre las alcaldías y el poder popular.
Iturriza aclaró a la población venezolana que la confusión sobre la posibilidad de que las autoridades municipales sean desplazadas por el poder popular es porque “esa es una opinión que parte fundamentalmente de las fuerzas políticas y económicas que están en contra del proceso de transferencia de competencias al poder popular”.
“Desde la creación de los consejos comunales, en el país se ha construido -por parte de los medios privados- una leyenda negra”. Según esta –señaló el ministro- en estos espacios “no se propiciaba la participación, sino todo lo contrario: el chavismo secuestraba la participación. Eso ha demostrado ser totalmente falso, porque los consejos comunales son espacios vitales para el fortalecimiento de la democracia y clave para la resolución de problemas de la población”.
Iturriza define las comunas como “una tentativa de organización que implica la agregación de consejos comunales, quienes tienen que tener una proximidad geográfica y vienen siendo un proceso autónomo que obedecen a la voluntad del pueblo”.
Para la conformación de una comuna, los consejos comunales deben realizar una comisión promotora. Esta redacta una carta fundacional, que se discute primero en asamblea de ciudadanos y ciudadanas. Luego, para su aprobación y posterior registro, se realiza un referendo en el cual debe participar mínimo el 15% de la población electoral de esa localidad.
En el documento se plasman los problemas y potencialidades de ese territorio, así como también las organizaciones sociales existen. Este proceso ha sido cumplido por las 473 comunas registradas que existen en el país. Esto responde, en palabras de Iturriza, a que “el pueblo venezolano ha manifestado su voluntad popular de constituirse en comunas, eso les da su legitimidad de origen“.
Durante la gestión del Gobierno de Calle y el lanzamiento de la Misión Barrio Nuevo Barrio Tricolor, relató Iturriza, “se pudo demostrar que existe una tendencia: los alcaldes trabajan conjuntamente con las comunas. Eso demuestra que no hay comunas chavistas ni opositoras, lo que hay es la voluntad política de un sujeto de impulsar esa forma de organización”.
El 80% de las comunas existentes en el país están en municipios donde el oficialismo ganó las pasadas elecciones municipales, eso se traduce en 386 comunas de 473 que existen hasta la fecha. Con respecto a las restantes 87 comunas “no hay ningún impedimento para que estas organizaciones se conformaran en comunas”.
El 24 de noviembre en la Jornada Nacional de Registro de Comunas, “se pudo contemplar que en el municipio Sucre, donde acaba de ganar la oposición, se vio a pueblo antichavista votando a favor de la carta fundacional, porque reconocen la figura de la comuna como apoyo a la resolución de problemas concretos de las población”.
El titular de Comunas exhortó a las fuerzas políticas de la oposición “a dejar de estigmatizar toda forma de organización popular”, ya que “el problema de fondo es la participación y los modelos que se tienen de democracia”. Refirió que el proyecto bolivariano “propende a profundizar los espacios de participación popular y eso se expresa en la transferencia de competencias para que en la sociedad prive la justicia e igualdad”.
De igual modo hizo un llamado a los alcaldes opositores a establecer y propiciar espacios de intercambio con los consejos comunales y las comunas. “Eso fortalecería la democracia venezolana. El alcalde tiene la obligación de reconocer -como lo dicta el Plan de la Patria, como ley de la república- la necesidad de impulsar lo que son las comunas y toda participación popular”.
Un ejemplo real de la transferencia y autogestión al poder popular es en la Gran Misión Vivienda Venezuela, pues “las viviendas de esta misión no las construyen grandes empresas o el capital privado. Las construyen fundamentalmente el pueblo organizado”.
Texto:  José Alejandro Santana – Prensa MinComunas.

sábado, 12 de octubre de 2013

Contra la lealtad resignada


Chávez, firmes hasta siempre
Chávez, firmes hasta siempre
En esta nueva etapa de la revolución bolivariana, difícilmente haya una actitud más peligrosa que la lealtad resignada.
La lealtad resignada es lo propio de estos personajes que no pierden oportunidad para jurar que lucharán hasta un final que es inminente. No importan todos los elementos de análisis que apuntan a que esta historia, lejos de terminar, apenas comienza. La resignación es un estado de ánimo, y está más acá de cualquier análisis de la situación.
Resignados pero leales, porque, como suelen repetir de memoria, no serían capaces de traicionar el legado del comandante Chávez, van por la vida ostentando su impostura casi con orgullo, disfrazando de heroicidad lo que es realmente derrotismo. Todos tienen algo negativo que señalar. Son tantos los errores, según nos dicen, que seguir apoyando esta revolución es casi un sacrificio, un acto de desprendimiento. Un favor que nos estarían haciendo.
Si revisáramos las manifestaciones más extremas de este fenómeno, concluiríamos que el chavismo también tiene sus profetas del desastre, sus apologetas de Termidor, y no es casual que proliferen en los momentos más difíciles. Es normal: el miedo es libre. En cambio, para afrontar las dificultades hay que tener carácter, buen humor, audacia, inteligencia. Qué rápido se les olvida a algunos la manera como el comandante Chávez afrontaba las circunstancias más adversas.
Allá están, esos son, con su copioso inventario de defectos debajo del brazo, listo para esgrimirse en el momento inevitable de la caída. ¿Inevitable? ¿O es que algunos ya cayeron víctimas de la resignación y no son capaces más que de mirarlo todo desde el suelo? A ellos les decimos con José Martí: “Necesitamos levantar, no poetizar las caídas”.
El correlato político de la resignación es el pragmatismo. Nadie discute el hecho de que, con frecuencia, una dosis de pragmatismo no sólo es necesaria, sino deseable. El problema es cuando el pragmatismo se instala como el signo de la política. El problema es cuando comienza a concebirse como condición para permanecer, lo que significa renunciar a la posibilidad de avanzar.
Por cierto, esta actitud no es la que prevalece en el chavismo. No es esto lo que vemos en la calle, y sobre todo no es lo que percibimos en las bases. Para el pragmático se trata de aferrarse a lo existente. Su propósito en la vida deja de ser modificar el estado de cosas y actúa para preservarlo. El pragmatismo es en esencia conservador. El pueblo chavista, al contrario, siente una profunda inconformidad con el estado de cosas y lucha para cambiarlo. Lo sigue animando un espíritu fundamentalmente revolucionario: desea cambiar todo lo que tiene que ser cambiado.
Si antes el pragmático, obligado por un entorno opresivo, nos hablaba de socialismo, y si de esa forma lograba pasar desapercibido, por estos días se siente a sus anchas, liberado, y se da el lujo de poner en entredicho la viabilidad del horizonte socialista de esta revolución. Negado el horizonte, se produce automáticamente la clausura estratégica. La política queda reducida a la táctica permanente para superar, a duras penas, coyuntura tras coyuntura.
Al pragmático nunca le faltan argumentos, todos los cuales son variaciones del argumento primario: el pueblo venezolano no está preparado para el socialismo, por lo que corresponde renunciar al intento de construirlo. Se entenderá que más que un argumento, se trata de un prejuicio de vieja data, fundante de la política de elites, y del que no estamos exentos.
No está de más repetirlo: no dudemos ni un segundo de la capacidad del pueblo para enfrentar las adversidades presentes y futuras.
Minoritario como sigue siendo, al pragmatismo es preciso mantenerlo a raya. No vaya a ser que llegue el tiempo en que, frente a nuevos problemas, los pragmáticos nos exijan más pragmatismo para solucionarlos. Entonces, y de manera progresiva, los problemas dejarán de ser aquellos que se plantean los pueblos cuando hacen una revolución.
Contra la lealtad resignada, hay que afirmar que el momento es ahora. No es el “ya fue” de los nostálgicos ni es el “en algún momento será” de los conformistas. El momento es ahora. Y la sentencia pesa como en su momento pesó el “por ahora” del comandante Chávez, que nos prometía un futuro de lucha, y el hombre nos cumplió. Y porque nos cumplió y porque cumplimos el futuro es ahora.
Llegó el momento de demostrar en qué pueblo nos hemos convertido después de todos estos años en revolución.
Reinaldo Iturriza