Diez migrantes murieron y más de 2 mil 100 fueron rescatados ayer en
operaciones marítimas en el centro del Mediterráneo, informó la Guardia
Costera italiana.
Un portavoz informó a agencias que todas las víctimas mortales fueron
halladas en un bote de goma, aunque no se especificó la localización de
este.
En total, hubo 16 operaciones de rescate en las que participaron la
Guardia Costera italiana y la Marina, un barco de la Marina española que
forma parte de la misión europea Frontex, varios barcos de ONG y
embarcaciones privadas, añadió el funcionario de la Guardia Costera
italiana.
Este año ha sido el más mortífero en cuanto a tragedias con migrantes en el Mediterráneo.
Desde enero, unas 4 mil 220 personas murieron o desaparecieron cuando cruzaban el norte de África y Cercano Oriente a
Europa, de acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
En lo que va de año, 327 mil 800 personas han llegado a Europa a
través del mar, y 3 mil 740 han perdido la vida en la travesía, según
los datos de la Acnur.
“Las pasadas semanas han sido terribles para nuestros equipos y para
las otras naves de búsqueda y de socorro, constantemente ocupadas en
operaciones de salvamento en las que demasiados hombres, mujeres y niños
han perdido la vida”, dijo Stefano Argenziano, responsable para las
operaciones migratorias de Médicos Sin Fronteras (MSF.
A pesar de estas cifras alarmantes, la Unión Europea (UE) no ha
aplicado medidas que permitan a los desplazados el derecho al asilo y
salvaguardarlos, al contrario, el bloque se ha concentrado en crear
mecanismos que, lejos de ayudarlos, solo busca criminalizarlos
forzándolos a tomar estas peligrosas rutas para evitar los estrictos
controles de seguridad de las fronteras. CIUDAD CCS
FOTO AFP
Un referendo es un referendo, no importa el sitio donde se realice. Gracias a un referendo el Brexit ha ganado en Reino Unido. Pero las fuerzas políticas que motorizan esa iniciativa en Venezuela hacen caso omiso a los resultados de la misma modalidad electoral aplicada este jueves en las islas británicas.
La sublectura al silencio de la derecha venezolana estriba en una aritmética terrible, mientras se debiliten –o se reacomodan– las formas hegemónicas y partidistas convencionales en Europa y EEUU, sobre las cuales ellas apalancan su campaña de presión internacional sobre Nicolás Maduro, el tiempo para estos actores se comienza a agotar. Este no es con exactitud un análisis geopolítico sobre Europa, es un texto bastante largo que sirve como excusa para pensar globalmente el inmediato escenario venezolano.
Europa, un escenario quebradizo
Será Europa el terreno donde se definirá el nuevo mapa de poder en el planeta para lo que resta del siglo XXI. Al igual que el siglo pasado, y con una atronadora coincidencia numérica en las fechas, las intenciones hegemónicas eligen al viejo continente como el campo para dirimir sus ambiciones. Ya en este caso no será una confrontación bélica –o al menos no lo parece– sino un choque de tensiones, pulsos y movimientos velados dentro –y desde– distintos bloques políticos, de opinión pública, y sobre todo financieros. Las potencias planetarias abandonan el caótico Medio Oriente, le bajan fuegos a una América Latina empobrecida, y piensan en Europa sin Reino Unido pero con (o sin) Rusia; y en el dominio del Pacífico pesquero, biodiverso, superpoblado, barato, manufacturero, y comercialmente clave para el desempeño de la Costa Oeste de los Estados Unidos.
Este peligroso juego de damas chinas –la homonimia no es coincidencia– tendrá como escenario un continente lleno de instituciones contagiadas de una galopante fragilidad política. Ésta, en muchos casos, devenida de un modelo de representación desgastado, excluyente y corrupto, pero al mismo tiempo por una masa crítica de opinión sesgada al racismo, el anti-islamismo ramplón, la inmediatez rentista, el miedo, y básicamente anestesiada por la desinformación en torno al verdadero problema de fondo: el sistema económico basado en la especulación financiera se hace insostenible y, al mismo tiempo, es incompatible con la promesa de bienestar y determinismo progresista de la fundación europea.
Esta escenografía tenía que abrir su acto con una representación (trágica, of course) al mejor estilo shakesperiano, cuando hace pocas horas el Reino Unido de la Gran Bretaña decidió en referendo consultivo abandonar la Unión Europea.
Pero esta salida, aunque teatral y circense, no es más que un síntoma de un mal endémico y muy peligroso de las democracias occidentales. No es extraño que los votos decisivos a favor de la retirada del conglomerado de naciones provengan de distritos obreros, históricamente ligados a las izquierdas, pero vapuleados por la globalización y sus humillantes condiciones laborales, financieras, y sobre todo de violencia simbólica en contra del muy obstinado ejercicio de ciudadanía y autodeterminación que fueron bandera británica a la hora de luchar contra Hitler, por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial. En un caso de ironía dialéctica, los discursos de bloques históricos vinculados a la izquierda anti-Thatcher se encuentran con el derechismo retrógrado y supremacista de Jean Marie Le Pen.
Las aspiraciones restauradoras de la oposición venezolana serán periódico de ayer
Sin duda no hay que engañarse, este resultado permitirá, también, al Reino Unido redefinir los términos de residencia (en tiempos, impuestos y condiciones laborales) a inmigrantes, residentes, ciudadanos, y sobre todo a los capitales allá invertidos. Pero con sus propias y renovadas condiciones. Ya no desde las tesis del vetusto Estado de Bienestar, sino desde la ferocidad de la soberanía recuperada. Y aun así la crisis sistémica no se detendrá.
En esa misma dirección la España de los pactos hace aguas. Al no poder armar gobierno desde hace seis meses, y a punto de acometer un segundo proceso electoral, los datos en el terreno indican que aunque con gobierno conformado, cualquiera de las fórmulas políticas se encontrarán con un panorama de poca gobernabilidad, bajísimo apoyo popular, y –para más colmo– una Europa sin los británicos. No olvidar que aun Ucrania está en guerra, no perder de vista que las pateras repletas de refugiados siguen su marcha mediterránea al caos, y que los indicadores financieros no pintan nada bien. No es Reino Unido el que se sale de Europa. Es el viejo continente que se sale de sí mismo.
El silencio de los corderos
Esta relojería desquiciante altera aun más el cuadro de pánico que los actores opositores –internos y externos– ejercen sobre el gobierno venezolano. Si bien ya una posible España sin la diplomacia del PP resulta funesta para sus aliados venezolanos en la MUD, una Europa ensimismada en sus propios problemas es el escenario menos propicio para la puesta en escena del Estado fallido bananero que pobló los noticieros europeos hasta que la fuerza de la realidad los obligara a mirarse a ellos mismos. De allí el silencio derechista ante los resultados –nada alentadores a largo plazo– del Brexit.
A este cuadro tan complejo se le unen los tiempos políticos y las características propias de las venideras elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América. Se acostumbra que las intervenciones militares, e incluso la diplomacia de las amenazas, modera su tono en tiempo electoral en el país del norte. Y más aun cuando cualquier descalabro –por su nombre, una intervención militar internacional– abriría las puertas al triunfo en la contienda al inefable Donald Trump. Dentro de esa sumatoria de factores la diplomacia de Washington no ha actuado –hasta ahora– con el énfasis de gendarme con el que suele dirigirse en estos casos. Y esa decisión la resienten sus aliados en Caracas, que desde el edificio de la Asamblea Nacional esperan por la US Army para liberarse del gobierno de Nicolás Maduro.
Fue el mismo canciller español García-Margallo, guiado tal vez por el inconsciente colectivo, quien confesó que un referendo revocatorio era inútil si se llevaba a cabo en 2017. Y ese mismo año, en una especie de relato de anticipación, nos habla como un pájaro desde el futuro con una pertinencia aterradora. El próximo año Europa será un hervidero de intereses globales y reacomodos, posiblemente en Washington gobierne una estrella de reality shows o una presidenta demócrata sin base social y legislativa para proceder con amplitud, por tanto y cuanto las aspiraciones restauradoras de la oposición venezolana serán periódico de ayer. Esto no quiere decir que sea el final de la historia para los cruzados de la OEA, CNN y la MUD, sino que avecina un recrudecimiento de las formas de la política que tiene la derecha venezolana cuando se siente entre la espada de la historia y la pared de sus propias ambiciones.
De las Américas a India, pasando por Europa y África, miles de curiosos se deleitaron la madrugada de este lunes con el espectáculo de la "superluna de sangre", fruto de un eclipse total que tiñó de rojo al satélite.
Durante algo más de una hora, a partir de las 02H11 GMT, disfrutaron del espectáculo excepcional de una luna especialmente voluminosa y brillante, teñida de rojo sangre. El espectáculo fue visible desde las Américas, Europa, África, Asia occidental y el Pacífico oriental.
La Luna en Maracaibo durante el Eclipse Total captada con el telescopio Celestron C11 por Henry Mendt.
Eclipse Total de Luna del 27/09/2015 desde Maracaibo, Venezuela. Hubo cielos totalmente despejados. El equipo utilizado fue un Celestron C11 SCT con reductor focal f/6.3, montura Orion ATLAS GEM, cámara DSLR Sony A290. Fotos: Henry Mendt
Eclipse Total de Luna del 27/09/2015 desde Maracaibo, Venezuela. Hubo cielos totalmente despejados. El equipo utilizado fue un Celestron C11 SCT con reductor focal f/6.3, montura Orion ATLAS GEM, cámara DSLR Sony A290. Fotos: Henry Mendt
La "superluna de sangre" fue fruto de la conjunción inusual de dos fenómenos astronómicos, que no se repetirá hasta 2033.
En las primeras horas del lunes, la luna se encontró en su perigeo, el punto más cercano a la Tierra. Su luminosidad era por ello un 30% mayor, y se veía un 14% más grande. Además, la Tierra quedó perfectamente alineada con la luna y el sol, lo que privó al satélite de la luz que recibe del astro rey y que le da su habitual color blanco.
Sin embargo, algunos rayos, desviados por la atmósfera de la Tierra, siguieron iluminando la luna, produciendo sobre ella una curiosa luz roja.
La superluna vista desde Caracas, capital de Venezuela.
En imágenes tomadas desde Colombia, Argentina, Francia y Estados Unidos, puede verse la progresión del eclipse lunar, que terminó tiñendo el satélite de rojo sangre. En Brooklyn, Nueva York, una muchedumbre se concentró en plazas y aceras con los ojos al cielo, para tratar de captar el espectáculo con sus smartphones.
Los neoyorquinos disfrutaron de un cielo claro, pero en otras ciudades de Estados Unidos, como Washington, las nubes estropearon el espectáculo.
El fenómeno no fue visible en ninguna de las grandes ciudades de India, aunque en el noreste del país, los amantes de la astronomía, equipados de telescopios, pudieron disfrutar del espectáculo.
El rojo sangre del astro lunar hizo incluso temer la llegada del Apocalipsis a algunos adeptos de la Iglesia mormona, lo que obligó a ésta a publicar un comunicado para tranquilizar a sus fieles.
Para las personas de menos de 33 años fue la primera ocasión de ver una "superluna de sangre".
La última combinación de un eclipse lunar y de una super luna se remonta a 1982, según la NASA, y la próxima no se producirá hasta el año 2033. El acontecimiento tiene también su interés científico.
En tiempo normal, en un ciclo de 24 días, la temperatura de la luna oscila entre +121 grados celsius y -115 grados celsius, dependiendo de su exposición al sol.
Esas variaciones permiten a los investigadores estudiar la composición de la corteza lunar, ya que las rocas se calientan y se enfrían más lentamente que las zonas cubiertas de polvo.
Sin embargo, la madrugada del lunes la temperatura de la luna evolucionó mucho más rápido, lo que ha permitido a los científicos hacer observaciones más detalladas de la superficie lunar.
Visto desde Bruselas, la capital de Bélgica, Europa.