domingo, 27 de septiembre de 2015

Conoce a Sebastián, el uruguayo que recorre Suramérica “pidiendo cola”


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Conoce a Sebastián, el uruguayo que recorre Suramérica “pidiendo cola”
Foto: Rafael Gómez Torres
Presentamos el testimonio de Sebastián Mauricio Ortiz Fleitas, de 31 años, quien partió desde su natal Uruguay para emprender una travesía que lo ha llevado a conocer seis países: Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela. PANORAMA lo alcanzó en su paso por la carretera Lara-Zulia, en Santa Rita, Costa Oriental del Lago.
Rafael Gómez Torres
“Este es un viaje que inicié para conocer Suramérica, pero en el camino me han deportado, robado y hasta casi muero sepultado por la nieve. Solo cargo mi mochila y unas pocas herramientas para hacer artesanía y ganar algo de dinero. Soy de Montevideo, la ciudad desde la que salí y a la que espero volver para completar mi trayecto.
Hago mi viaje como dicen por acá pidiendo cola, en Uruguay le decimos echar dedo, aunque me ha tocado pagar barco, tren o bus para seguir mi camino. Mi aventura arrancó a principios del año pasado cuando decidí partir desde la capital hasta Colonia de Sacramento, fueron los primeros 180 kilómetros de viaje.
Me encontré frente a frente con el río de la Plata, del otro lado estaba Argentina. Crucé y llegué a Buenos Aires. Estuve dos meses viviendo allí haciendo artesanía hasta que decidí tomar un tren que duró 30 horas hasta la provincia de Tucumán. Fue la primera escala del viaje que me llevó luego a las provincias de Salta y Jujuy.
Le pegué a la frontera con Bolivia en el poblado de Aguas Blancas. También visité Tarija y Sucre, pero fue aquí donde me deportaron. Un compañero de viaje se había llevado una computadora de migración. Me quitaron el pasaporte y me enviaron de nuevo a Argentina, no a Uruguay.
Decidí que un trámite burocrático no me iba a quitar el sueño de viajar. Volví a Bolivia por el pueblo argentino de La Quiaca. La frontera entre Argentina y Boliviatiene gente que va y viene todo el tiempo. Muchos van, buscan mercadería y vuelven a venderla en Argentina.
Estuve poco tiempo en el altiplano por temor a que me agarraran de nuevo y me encarcelaran por reincidente, pero estuve dos semanas y llegué hasta La Paz. Me di cuenta que había algo de xenofobia en este país. Ya tenía cuatro meses viajando y ahora sin pasaporte, era un ilegal.
En Suramérica hay muchos mochileros viajando, de todas partes del mundo. En ocasiones conformamos grupos, algunos se van quedando o regresaban a sus casas. Hay de todo, hay quienes hacemos artesanía con metal, madera, cuero o hilo. También hay estatuas vivientes y malabaristas.
El próximo reto era Perú. Entré por el sur y me lo recorrí hasta el norte, estuve en Iquitos capital amazónica. La comida y la selva son maravillosas. La conocí luego de agarrar un barco en el que viajé ocho días por los ríos Nanay, Amazonas y Napo.
La naturaleza puede ser hermosa aunque también te puede quitar la vida. En Puna, Perú, luego de caminar horas y horas con otros dos compañeros, no encontraba donde quedarme. Era la montaña, la carretera y el precipicio, no teníamos donde dormir. Una gente nos dijo ‘tranquilos ahí no más adelante hay un puesto de control’, pero ese ‘ahí no más’ vaya a saber donde sería. Te dicen eso y puede ser en la luna.
Suerte que tuvimos al encontrar un lugar a la intemperie para no dormir al borde del precipicio. Tratamos de juntarnos los tres porque estaba nevando y seguía nevando. No paraba. Fumamos y nos tomamos un trago. Entonces dije que tal vez me estaba despidiendo de este mundo. Amaneció y estaba cubierto de nieve, era una manta blanca. Fue una bendición ver salir el sol.
La mochila que llevo ya no quería saber nada con la vida, estaba muy dañada, pero seguí con ella. Muchas personas me preguntan cómo hago para comer. Cuando voy caminando y veo una casita, me presento, pido agua y voy viendo la situación. Pregunto si tienen algo para comer, por lo general la gente no niega la comida, están acostumbrados a ver mochileros.
Otra situación que viví en Perú fue el intento que hice para visitar Machu Picchu. La entrada es muy cara, tampoco es para que entre cualquiera. Un grupo de mochileros decidimos tomar un sendero e intentar llegar, pero nos pescaron. Éramos como 15 personas de Francia, Australia, Argentina y Colombia y nos echaron para atrás.
El barco que tomé en la zona selvática peruana me dejó a una hora y media de la frontera con Ecuador. En dos meses visité Guayaquil, Quito y un balneario muy conocido por la diversión que se llama Montañita. Algo que me hizo pensar mucho fue cuando me paré en la línea que marca la mitad del mundo. Fue algo muy bueno, hay mucha energía en ese lugar.  
Hasta aquí tenía todo anotado en mis cuadernos, rutas marcadas y pueblos visitados. Decidí entrar a Colombia por la ciudad de Pasto. Al tercer día nos robaron. Nos descuidamos y se llevaron una maleta en la que tenía muchas cosas anotadas, había herramientas, artesanía, materiales, cosas del trabajo y hasta mi cédula, el único documento que tenía luego de la deportación. 
A pesar de eso estuve en un montón de lugares: Cali, Bogotá, Medellín, Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. Mientras estuve en la capital intenté resolver el problema de mi pasaporte en la embajada, pero cobraban 200 dólares, era mucha plata.  
De ahí bueno, decidí venir a Venezuela. Pasé la frontera por Maicao un sábado, el lunes ya estaba cerrada. Ahora aquí quiero conocer lo más que pueda.  
Estuve en Maracaibo dos semanas, visité el centro de la ciudad y me gustó mucho laCalle Carabobo, esas casitas de colores; el Monumento a la Virgen. Un chico de Maracaibo me hacia caminar mucho para vender la artesanía, estuvimos en todos lados.
El último lugar en el que estuve fue en Indio Mara donde también contaba mi historia.
Pasé el puente hacia la Costa Oriental y lo primero me comí fue una ‘cocadita’ muy rica. La verdad es que me han tratado muy bien. En el camino siempre hay gente buena, pero también mala. Yo he tenido buena suerte con eso y que tampoco me he enfermado.  
Aún no sé cual ruta tomar para ir a Caracas, me han dicho que Barquisimeto y Falcón son muy bonitos. Seguiré el rumbo que decidan las personas que quieran llevarme. Quiero llegar a Caracas, a la embajada de Uruguay, para resolver lo de mi pasaporte. La comida de Venezuela es muy rica, he probado: arepas, sopa de pescado y patacones.
Antes de llegar a este país ya había escuchado sobre el conflicto fronterizo. No puedo opinar porque no estoy informado del todo. Pero puedo decir que ya no más al entrar me han tratado muy bien.
Desde hace tiempo ya no fumo (marihuana), puedo tomar un trago, pero un borracho en carretera no sirve para nada. En el viaje he preferido la naturaleza antes que las ciudades, pero la artesanía se vende es allí.
Hay dos países suramericanos en lo que no estuve en este recorrido, Paraguay y Chile. Ya Paraguay lo conocí hace años, y a Chile pienso ir a visitarlo más adelante.
De aquí de Venezuela voy para Brasil, a pegarle por la costa atlántica al Uruguay, emprender el viaje de vuelta. Voy al norte de Brasil porque el sur ya lo conozco. Estaré en Manaus donde la esposa de un tío ya me está esperando, allá tengo posada y me quedaré unos días.


Ha pasado un año y medio desde que arranque esta aventura. En el futuro quisiera ser enfermero para ofrecerme como voluntario y seguir conociendo países, más personas y sus culturas. Por el momento, si algún conductor ve por la carretera a un flaco, con chiva, cargando una mochila y echando dedo, quisiera agradecerles para que me ayuden con un aventón.

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