
La eslovaca Edita Kmetova, de unos 50 años de edad, se embarcó el pasado 21 de octubre en el vuelo de Air Berlin que cubría la ruta Viena-Abu Dhabi convencida de que sería un vuelo más. Nada más lejos de la realidad.
Cuando la aeronave sobrevolaba Turquía, Kmetova comenzó a sufrir repentinamente náuseas. Fue tan repentino que la pasajera eslovaca pensó que no le daría tiempo a llegar a los baños ubicados en la parte trasera del avión (los de la clase turista) por lo que optó por dirigirse a los baños que tenía más cercanos, los de la clase business.
Los pasajeros austriacos de clase business, muy amables y comprensivos ellos, se mostraron indignados ante el personal de la aerolínea por la irrupción en su “universo” de la doliente mujer. Tras las airadas quejas de los pasajeros, los empleados intentaron sacar del baño a Kmetova, que entre náuseas, mareos y gritos, acabó siendo esposada por el personal.
Ante esta serie de acontecimientos, el piloto se puso en contacto con el centro de control del tráfico aéreo de Ankara para pedir permiso para aterrizar en el aeródromo más cercano alegando tener “un pasajero problemático”. Ankara autorizó la petición y el avión aterrizó en el aeropuerto de Erzurum. Funcionarios de la terminal sacaron a la mujer eslovaca del aparato y los pasajeros, tanto los de la clase business como los de la clase turista, pudieron reanudar su marcha hacia Abu Dhabi.
Kmetova explicó que se dirigía a Abu Dhabi para visitar a su hija e indicó: “De repente me dieron náuseas durante el vuelo y corrí hacia los lavabos. Primero fueron los propios pasajeros los que trataron de impedírmelo, luego fue el personal de vuelo. Discutieron conmigo y finalmente me esposaron. A continuación, me abandonaron en Erzurum, un lugar que no sé ni poner en el mapa. Me quedé sola. En ese momento rompí a llorar”
“En ese momento, el administrador del Aeropuerto de Erzurum, Abubekir Özcan, me tranquilizó y me ofreció té. Gestionó mis billetes y organizó una estancia en un hotel de Palandöken. Nunca olvidaré este acto de bondad” añadió.
Özcan recordó la escena: “Yo entré al avión y la vi llorando. Había sido esposada. Todos los pasajeros del vuelo eran austriacos excepto ella, que era de Eslovaquia. Le quité las esposas y la saqué del avión. A continuación fue entregada a la policía”.
Özcan explicó que tanto él como el resto de autoridades se dieron cuenta inmediatamente de que la mujer no había hecho nada malo: “Luego preguntamos al piloto si podía dejar subir a la mujer de nuevo, pero no pudimos convencerler. La pobre señora sólo había estado una vez en Turquía, de vacaciones en Antalya. No tenía ni idea de donde estaba Erzurum. Todo el personal del aeropuerto hizo lo posible para animarla. Se convirtió en nuestra invitada”
“A la mañana siguiente, la compramos un billete para el aeropuerto de Sabiha Gokcen de Estambul. Cogí para ella una habitación de hotel en Palandöken y la traje hasta la puerta. Ella va a volar desde Estambul a Abu Dhabi” añadió Özcan.
El gerente del Hotel Smay de Palandöken, Ömer Akça, dijo que tras las explicaciones de Özcan sobre la situación de la pasajera, decidió no cobrar la estancia.
Tras estos acontecimientos, el cónsul honorario de Eslovaquia en Mersi, Emir Bozkaya, envió una carta de agradecimiento a la Autoridad de la Dirección General de Aeropuertos del Estado (DHMI) y al propio Abubekir Özcan por la ayuda que prestaron a Edita Kmetova.
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