domingo, 11 de noviembre de 2018

La canción es el mejor prólogo para un libro

PESCAO NO LE GANA A COCHINO NI NADANDO


Nunca tuvo el libro mayor impacto que el disco desde que la canción y sus intérpretes en vivo fueron suplantados por el radio y el fonógrafo.
Las historietas con imágenes tuvieron gran preferencia en una época más que el libro a pura letra. Incluso la novela de radio tuvo mayor impacto que la escrita. Al final, unidos imagen y sonido, dieron lugar a la fuerza descomunal del cine y la televisión.
Sin embargo, la canción, aun cuando actualmente, mediante el video, también se exprese junto a la imagen, mantiene su independencia, por la simple razón de que usted puede escuchar y ver al mismo tiempo, pero también por separado. Además, escuchar y ver simultáneamente requiere mayor esfuerzo que escuchar únicamente. De allí que por eso la canción hoy posea esas dos posibilidades.
Este sencillo y conocido asunto es vital explicarlo o recordarlo porque pareciese que lo olvidamos. Junto a otros instrumentos de comunicación, la canción tiene un gran poder mediático, por lo cual, la misma en esencia es política. En primer lugar porque es necesaria, no tanto en los términos que la calificó Alí Primera, sino porque nadie vive sin música. Todos los pueblos desde los tiempos más remotos cantan y bailan. Todo el mundo consume música. Quiera o no quiera la consume, por la sencilla razón de que los oídos nunca se cierran.
Por lo tanto, la canción es más poderosa que el libro.
Un aprendizaje a través de la lectura implica que se debe aprender una técnica (leer y escribir) y para convertirte en un lector debes convencerte para que te guste y así adquirir el hábito. Para escuchar no hace falta eso. El aprendizaje a través de los sentidos entra consciente o no. Es uno de los principios básicos del conductismo que los poderosos del planeta conocen y utilizan muy bien y que a nosotros parece que se nos olvida. Sin denigrar de la importancia de los medios escritos, debemos tomar en cuentas estos aspectos.
Imagínate, maravilloso, lo ideal, un pueblo lector. La gente leyendo y haciendo círculos de estudio para discutir las lecturas. Pero eso ni es fácil ni es verdad. Que en la actualidad se lea más que ayer, es posible, pero lo masivo de la música, sea cual fuere, nadie lo puede negar.
Que se hagan ferias del libro, buenísimo, pero absurdo que no se considere algo tan obvio que incluso pudiese incentivar la propia lectura: la canción. Es más sencillo masificar la canción que masificar la lectura. En este instante, a cada rato, la canción influye en las emociones, pero nosotros no le paramos a eso y no generamos una política comunicativa al respecto. Eso se lo hemos dejado irresponsablemente al capitalismo.
Ellos que inventaron la gran industria cultural y en esta la musical, lo entienden perfectamente. Nosotros no y cuando lo intentamos lo hacemos con los moldes capitalistas. No es fácil hacerlo de otro modo porque somos capitalistas, pero no investigamos, no nos preocupamos por conformar un gusto, unas sensaciones más acordes con nuestra concepción revolucionaria. Buscamos lo que ya está hecho. Buscamos por ejemplo el cantante de moda aunque éste después salga hablando pestes de ti, pero no nos preocupamos por poner de moda los cantores y las canciones nuestras.
Es demasiado evidente, el libro no basta, no es sólo leyendo, es también escuchando y como dijimos es más fácil escuchar que leer. Es más, estoy seguro que algunos no terminaran de leer este texto porque ya va muy largo, por eso soy reiterativo.
Lo he dicho mil veces, preocupa que el cultivo de la estética, el sentimiento, el gusto, la sensibilidad…la dejemos en manos del capitalismo o de expresiones momificadas del repertorio artístico de la humanidad. En el mayor de los casos por ignorancia o por facilismo, en este último caso, asumiéndonos exclusivamente como militantes de una forma de hacer política meramente electoral donde vas en busca de la participación recurriendo a los gustos masivos sin preocuparte por eso que llamamos conciencia. Esto es válido en una guerra donde hay casos donde debes recurrir a las armas del enemigo para combatir, pero en una revolución, si a la par no vas generando una sensibilidad acorde con las transformaciones que pretendes, eso a mediano y largo plazo, se te revierte.
No basta participar, la calidad participativa es muy importante en una revolución. No entiendo por qué no se asume como Política de Estado la sensibilidad, es decir la conciencia, la íntima relación entre los argumentos del pensamiento con los del corazón. Incomprensible que la canción se deje como pluma en el aire y no usemos con efectividad esta poderosa herramienta. La canción ha influido determinantemente en nosotros. Usted veía a un Chávez cantando canciones de su generación y de dominio masivo: baladas, rancheras, boleros, etc, pero ahí estaba la canción de la patria, la que le daba sustento a la idea revolucionaria, la de Eneas Perdomo, la de Alí Primera. Esto demuestra en principio el conocimiento, instintivo o no, que tuvo en torno a la gran importancia de la canción.
Vengo diciendo desde hace tiempo que contando con los recursos para ello, no hemos sido capaces de imponer una pauta musical en este país que recoja la fibra ancestral y actual de lo que somos en lo más íntimo como pueblo libertario. No se trata de tomar un género musical y tomar este como símbolo de la nacionalidad sin importar los vicios mercantilistas que el mismo arrastre. En todos los géneros musicales hay basura. Canciones buenas y canciones malas. Pero no difundas sólo la basura, dale chance a las buenas. Investiga para eso. No puede ser posible que nadie esté pendiente en este país, a excepción de la gran industria del espectáculo, de cuál música se escucha. Busquemos el método. Tenemos televisoras, radios en todo el país, una casa del disco, un departamento para eso en el Ministerio de Cultura, pero no existe una política concreta para eso entre el Ministerio de Cultura con el de comunicaciones y Conatel para implementar un política coherente y efectiva al respecto.
A mí se me ocurre, y lo he dicho muchas veces, un portal (Alba Ciudad es quien de manera casi clandestina se ha ocupado de eso) en internet donde se recoja toda la música ancestral y contemporánea del país, la música latinoamericana y mundial. Una poderosa rocola, pero que por nuestros medios se le haga propaganda permanente y se llame a la gente a descargar música gratis allí. Es una propuesta entre las tantas que tendrán otros camaradas para asumir acertadamente la promoción y difusión de nuestra música.     

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